10 esenciales para adaptar la narrativa a cualquier ámbito (Parte I)

Narrativa, historia, lore o inmersión necesaria para absorber contenidos ásperos.

Cuando pensamos en narrativa, nuestro cerebro nos lleva directamente a las páginas de una novela, pero no es menos cierto que la letra escrita (que no siempre leída) aparece en otros muchos formatos: series, películas, anuncios, videojuegos, juegos de mesa, canciones, menús del chino…

En todos ellos la narrativa tiene objetivos diferentes, motivos distintos e, incluso, importancia dispar.

Cualquiera diría que la narrativa en un libro es esencial: ¿y en un cómic? ¿O en un libro de texto? (Siempre me ha flipado lo de texto: ¿qué pasa, que los otros libros no son de texto?)

Sin embargo, si hablamos de juegos (analógicos o digitales), ¿cómo de importante es la narrativa? Quizás en Thimbleweed Park es vital y sin embargo en Overwatch no lo es en absoluto. Igual deberíais pasar por Wattpad y ver cuál de los dos juegos tiene una base más potente de fanfics.

Juego a la ventaja numérica también, pero por algún lado hay que empezar a vender humo

Lo que en realidad sucede es que la narrativa impregna casi todos los ámbitos del entretenimiento que os podáis imaginar, y muchos otros lugares más serios (el congreso de los diputados y tal, que es como una telenovela). Pero…

¿Cómo conseguir que la narrativa no sea un elemento más de atrezzo y convertirla en una herramienta útil en cualquier ámbito?

En esta primera entrega veremos los cinco kits de primeros auxilios a tener en cuenta, cuando deseamos implementar, o mejorar, nuestra habilidad narrativa (sea cual sea el terreno de juego).

1. Dale un objetivo

¿Os imagináis a Neo (aka señor Anderson, aka Keanu Reeves) haciendo excells el resto de su vida?

Cuando nos planteamos empezar una novela, relato o poema, es fácil tener en la cabeza un par de objetivos básicos: entretener y, con suerte, llegar al lector (eso tan concreto y fácil de conseguir). Y para ello utilizamos un montón de herramientas que nos dan interminables quebraderos de cabeza (y alguna que otra alegría).

Pero en otros ámbitos, la narrativa tiene que tener también su utilidad marcada. En la música, por ejemplo, no es lo mismo plantear una canción de rap, que el próximo hit del verano. Para la primera buscaremos rimas y un mensaje que llegue al público (social, muy a menudo); para el segundo caso buscaremos una combinación de palabras que suenen bien, sea fácil de recordar  y que encaje con el climax musical (y el perreo).

Cuando hay que construir un guión no podemos limitarnos a extender nuestra prosa sin un fin, hay que adecuarlo a unas imágenes que valen por mil palabras y necesitamos tener un objetivo: ¿hacer llorar? ¿Generar sensación de pánico? ¿O provocar una carcajada en el momento más tenso?

Lo bueno es hacerlo a propósito, no como cuando ves el robot de Interestellar.

Donde hay un objetivo hay esperanza.

2. Elige una temática

Todos recordamos Wild Wild West. Podríamos entablar un arduo debate sobre si es la peor película en las filmografías de Kevin Kline y Will Smith (éste tiene grandes perlas), pero estoy seguro que casi todos coincidiremos en que se mezclaban demasiadas cosas en pantalla: steampunk, western, estilo victoriano traducido al corsé de Salma Hayek (totalmente innecesario), barbas mal recortadas…

La temática no es esencial para construir algo potable, pero sí  lo es para que el consumidor sepa de qué va la vaina.

Y cuando se habla de elegir, nadie dice que deba ser una sola temática, pero debe tener un objeto (igual que la propia narrativa), que nos ayude a construir las bases de nuestro mundo o, por lo menos, que no sea un escollo en nuestra contra.

Pensad en cantantes que se salieron de su temática, para lanzarse a lo que estaba de moda en el momento: a Enrique Iglesias le salió bien la jugada (por mucho que os pese, va a ganar más dinero que todos nosotros juntos), pero quizá Dover se lo debería haber pensado.

Otro ejemplo.

¿Os suena lo de es mejor el libro que la película? Pues algo muy parecido pasa cuando se trata de pasar un libro a un juego de tablero.

Sí, el jamón ibérico mola y el colacao también: ¿por qué no juntarlos? ¿A nadie se lo ocurriría, verdad?¡¿VERDAD?!

Pues ocurre algo parecido cuando nos olvidamos que la narrativa ocupa un lugar esencial en una novela y no tiene por qué hacerlo en otros ámbitos si no sabemos encajar los objetivos y la temática.

3. El universo (el nuestro) tiene reglas

Y escribir también las tiene

Conocer las normas tiene dos ventajas importantes: te evita marrones, y te enseña cómo y cuándo romper las reglas.

Y tiene un inconveniente muy jodido: siempre hay normas nuevas.

Es evidente que antes de implementar la narrativa, deberías saber para qué y de qué manera (puntos 1 y 2), pero también deberías interesarte por el camino que lleva a esas dos preguntas: porque no siempre es claro y cada ámbito tiene sus propios recodos.

Seguro que no se te escapa que para crear un guión necesitas acordarte de dar indicaciones para las escenas, y no solo crear los diálogos y recrear los escenarios. Lo mismo que es fácil acordarse de que las canciones tienen estribillos. Pero quizá no sea tan evidente que para no cargarse la experiencia en un videojuego, o en un juego de tablero, hay que saber cuándo terminar con ese diálogo tan importante (a la par que excesivamente largo) o ese lore al final de cada instrucción de juego que aporta datos (irrelevantes e innecesarios), que hacen que leer las reglas lleve más tiempo que jugar.

Por eso debes conocer las normas que atañen a la narrativa del ámbito en el que te muevas.

¡Y no solo las pragmáticas!, también las de forma: por profesionalidad, y porque vivimos en el mundo de “lo que bien se ve, bien se vende”.

4. Las reglas deben ser coherentes y tu narrativa también

Aunque no siempre ocurre, ni lo uno ni lo otro.

Todo autor que se precie sabe que es mejor insinuar que contar, pero ¿siempre?

Piensa en jugar a Starcraft, cual pro coreano, sin un pequeño tutorial, et voilá

Es decir, cada paso tiene su lógica y su momento. La narrativa debería ser una de las herramientas que ayuden al consumidor a entender cuáles son los siguientes pasos, y es labor del creador, suavizar o ser más explícito según sean los objetivos. SIEMPRE.

Director de la serie: Oye, esto va muy lento.

Guionista: Ya, pero es que en el libro es así.

D: Pero nos jode el business.

G: ¿Y si hacemos algún time gap?

D: ¿Y si hacemos que los cuervos se teletransporten y, ya de paso, los dragones también?

Desde luego que asuntos tan nimios no van a hacer que Juego de Tronos deje de verse, ¿pero no tenéis la sensación de escuchar a Bob Marley de fondo? Vale, vale. Seguro que cualquiera hubiese matado por ser guionista de una serie como esa, pero recordad que en este blog hablamos con sinceridad y humildad.

Puedes tener una narrativa inmersiva, potente y maravillosa y cargártela con un argumento poco creíble, un deus ex machina o una rima desafortunada: ¿eh, Carlos Baute?

5. No siempre tienes que ser el protagonista

¡Venga! Encuesta, para todos aquellos que hayáis jugado a The last of us, ordenad por importancia los siguientes elementos:

Jugabilidad – ambientación – narrativa – apartado técnico (gráficos, sonido, etc)

Sin hacer spoiler, se ha catalogado el final de este juego como uno de los más conseguidos en la industria del videojuego. Os puedo adelantar que habrá cientos de libros (si no miles) con mejores y más sorprendente finales; entonces, ¿dónde esta el truco?:

En saber cuál es el lugar de cada uno.

Está claro que la narrativa de The last of us es potente, pero lo más importante es que sabe cuándo jugar sus cartas y cuándo dejar al jugador que haga lo suyo. En este caso la narrativa cumple el objetivo con creces: lograr ser un engranaje más de una ambientación magistral, convirtiendo la experiencia en algo memorable.

No he jugado ni un solo minuto, pero sí he visto el gameplay completo. Así soy yo

Uno de los problemas clásicos de los autores, en general, es la incapacidad de serie para encajar las críticas o no ser los líderes indiscutibles de lo que acabamos de crear (faltaría más). En la gran mayoría de ocasiones, saber lidiar con un puesto secundario (o incluso de figurante) es más importante que el propio trabajo de crear.

Saber valorar cada elemento y verlo como herramientas útiles para nuestra narrativa, nos pone sobre la pista de una tasa de éxito mayor (y una repartición de responsabilidades).

Que no siempre es culpa del guionista

La semana que viene os traeré los siguientes cinco ultraelixires en cuanto a narrativa para todos los ámbitos.

Hasta entonces, y como siempre…

¡Nunca dejéis de escribir!

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