5 problemas del escritor novel y cómo NO enfrentarte a ellos

Ahora que se acerca el segundo aniversario como proyecto de escritor a full time, creo que tengo material suficiente cómo para hacer una recopilación de algunos de los escollos que me he ido encontrando y que parecen ser al común de los mortales que buscan su hueco en el mar de las letras (toma refinamiento).

Peeeeeero, no tengo la experiencia, el caché, ni la jeta morena suficiente, como para hacer una de esas listas en las que te cuentan cómo, cuándo y qué debes escribir, porque para eso hay que pasar muchas etapas antes (entre ellas tener publicado algo) y para casi todas aún queda un largo camino.

Así que lo que os vengo a contar hoy tiene mucho que ver con esa faceta de escritor 2.0. Esa parte que nuestro lado introspectivo y huraño detesta con todas sus ganas y que, sin embargo, es necesaria si se quiere vivir (aunque sea precariamente) de escribir.

El relacional es la base de todo.

Mitxelko, mi primer jefe. (Sí ese es su nombre)

  • Vivimos en un mundo global. ¡Qué sorpresa!
  • Donde casi cualquiera puede hacer casi cualquier cosa. ¡Oh, guau! ¡Qué gran descubrimiento!
  • En el que las redes sociales forman la base de muchos oficios. ¡Cuéntanos algo que no sepamos!

¿Y si te digo que para vivir en este mundo deberías ser mejor persona de lo que te crees que eres?

¡Joer, cómo te pasas!

Porque aceptémoslo, hoy en día no está de moda ser modesto. Ni siquiera ser ecuánime. Ahora hay que tomar partido y apuntarte a las trincheras, si no eres un tibio, un flojo o un sinsangre (como Kvothe. ¡Ains! como te echo de menos, rey).

Y además hay un montón de corrientes que, con toda la buena intención del mundo (y con la esperanza de algunos dólares), te venden frases del estilo “porque tú lo vales” “si quieres puedes” y “el algodón no engaña”.

Pero tú sabes, en tu interior, con esa vocecilla que toca las narices, que sí, vales, pero igual que otros muchísimos y muchísimas (incluso menos que la gran mayoría de ellos); que claro que si quieres puedes, pero después de dejarte el sudor y las lágrimas por el camino (salvo que tengas una cuenta corriente en Switzerland); y por supuesto que el algodón engaña (díselo a mis jerseys de invierno, que se han empeñado en encoger, nada que ver con mi figura más lustrosa).

Y está muy bien que pienses que serás la próxima J.K. Rowling (o N.K. Jemisin para los menos mainstream) o el nuevo Stephen King ( o, ¿Ken Liu? ¿O me he pasado de anti mainstream?), pero la probabilidad dice que hay bastantes ceros detrás de la coma.

¿Significa eso que tienes que tirar la toalla?

¡No! Pero no está mal que alguien te advierta que tú, y tu increíble talento para la escritura, no estáis solos, que al resto también le gusta alardear de su creatividad y, da la casualidad, que cuando alguien vende más que tú, tiene un poco (una mijilla) más de autoridad para hablar de ciertos temas.

En este mundillo hay peces increíblemente gordos, pero también hay muchos de tamaño medio que tienen mucho que decir, por eso, consejo number one

1. Ojo a quién le pides ayuda y CÓMO

Podía hacer un post de salseo tipo “las cinco cagadas históricas de las futuras promesas de la novela”, pero no hay que ir tan lejos para empezar a patinar en suelo peligroso.

Sí ya has paseado por el terreno de las RRSS habrás comprobado que hay tres tipos de perfil: dioses (M o k seguidores, siguiendo a 500), super héroes (5-10k seguidores, siguiendo a 500) y la plebe (el resto).

Es bastante probable que si has seguido algunos pasos, no te has venido arriba y has sido educado y amable, hayas tenido la oportunidad de hablar con algún superhéroe, incluso de manera habitual.

Y hay una línea muy muy estrecha, entre la cordialidad y echarle un poquito de rostro. 

Porque deberías pensar que esos superhéroes, fueron plebe como tú, y les costó lo suyo llegar hasta dónde están. Y muchos de ellos son agradables, simpáticos y buena gente, pero también son profesionales y tienen que comer. Eso no significa que no te puedan ayudar o que no quieran.

Significa que tiene que valer la pena gastar su tiempo en ti o tú trabajo.

Ya sabéis, real life.

Sí queréis ejemplos, muy gráficos, de cómo NO pedir ayuda, por ejemplo, mediante o un mail o pidiendo una reseña, pasad y leed.

Pero hay formas mucho más sencillas de molestar al personal (aunque no sea tu intención), como por ejemplo etiquetar a gente en tus publicaciones de Facebook o Twitter, si no has hecho algo tan sencillo como avisarles.

A casi cualquier autor le gusta que se comparta su contenido, pero también le gusta saber que ha sido compartido, porque si no el asunto se acerca demasiado a “voy a aprovecharme del tirón”.

Motivo por el cuál he dejado de etiquetar a otros autores en mis post (incluso aunque alguno de esos superhéroes me han invitado a no hacerlo), salvo algunas reseñas en las que pido permiso.

2. Las RRSS no son: tú casa, tus normas

Esa frase solo es válida cuando el contenido de tus RRSS: tus tuits, entradas o fotos, solo te atañen a ti. Al 100%.

Pero no es de eso lo que van las redes sociales ¿no?

Tus normas empiezan a perder fuelle cuando incluyes a terceros en la operación y metera otras personas es mucho más fácil de lo que piensas; una frase, una imagen o un retuit pueden ser motivos más que suficientes para que eso de “hago lo que me parece bien”, pierda consistencia.

No sé si compartir páginas de descarga de libros gratuitos (en las que no todos ellos están autorizados por sus autores), en pos de tu crecimiento social es lícito, pero sí me parece de tener una jeta de proporciones épicas.

Pero vamos a ser menos drásticos. Si tienes una cuenta como autor (o futuro autor) tu contenido es lo que va a definir tu personalidad y, en definitiva, tu obra.

Alguien que se apropia de contenidos ajenos y no da el suficiente crédito o, peor, no muestra ningún escrúpulo, no es alguien al que leerías, ¿o sí? (Que ejemplos hay para parar un tren).

Recuerda que una cosa es que te digan que en las RRSS debe reinar la libertad de expresión, pero que adueñarse del trabajo de otros y hacerlo tuyo no tiene nada que ver con la libertad.

3. Comparte contenido interesante, pero LÉELO (por Dios)

Una de las normas más conocidas para la buena gestión de tus redes, es aquella que habla del porcentaje de contenido propio (significa que has creado tú. No, copiarlo de una página de internet no cuenta) y contenido que compartes.

No voy a entrar en cómo tiene que ser este contenido porque hay voces infinitamente más autorizadas que yo. Pero sí voy a matizar un detalle:

Si vas a compartir algo, léelo por lo menos.

El autor no suele pasar de un me gusta, un retuit o un pequeño mensaje de agradecimiento, pero, a veces, le interesa saber por qué te ha gustado su artículo, hasta el punto de quererlo compartir.

Y mola conseguir retuits porque has compartido el contenido de uno de esos superhéroes a los que amas, pero gusta mucho más cuando hay alguna referencia al contenido que indique que te lo has leído.

Volvemos a fijarnos en la delgada línea entre ser educado y aprovecharse del caché de otros. Lo que me lleva al siguiente punto.

4. No te metas en conversaciones en las que no tienes nada que aportar

Pensemos en un lugar de encuentro multitudinario. La plaza de Callao en Madrid, por poner un ejemplo que me queda cerca (vale cualquier plaza, la verdad). A cualquier hora va a haber grupitos de gente, de mayor o menor tamaño.

¿Que te parecería meterte en uno de esos grupos y opinar sobre lo que están hablando?

Pues un hilo en Twitter es lo mismo.

Por muy red social y pública que sea, un hilo es una conversación entre personas (no perfiles, Personas, con p mayúscula) y tienes que tener un buen motivo para inmiscuirte en ese diálogo si no has sido invitado.

Interactuar en las redes sociales es obligatorio si quieres hacer crecer tu perfil de autor, pero volvemos a caminar por las estrecha pasarela de lo correcto y lo que roza el jetismo extremo.

Si piensas que un retuit justifica cualquier medio, piensa la próxima vez, que ese tío que ha opinado sobre la película que vas a ver con tus amigos, y al que no conoces de nada, no te debería caer mal por definición ¿no?

Pero como siempre os dejo con voces autorizadas al respecto.

5. No conviertas tu perfil en un mercadillo ambulante

¿Cuál es el objetivo que persigues en redes sociales?

Darte a conocer, crear una comunidad y, en definitiva, vender.

Puede ser que tengas un blog por amor al arte, o tu perfil de redes sociales tenga fines lúdicos o personales, pero si no es el caso, persigues vender algo: tu novela, tu antología de relatos, unos cursos que estás preparando o una charla para darte a conocer (y vender tu novela, tus relatos, tus cursos o tus camisetas de merchandising).

El caso es que el marketing es importante, pero no todo vale y, desde luego, no todo es efectivo.

Por mucho que metas un tuit cada media hora de lo buena que es tu novela, las estrellas que tiene en Amazon y lo bien que te ponen X cuentas (a las que sabemos que alguna has pagado) no voy a comprar nada. ¡Porque soy escritor y no nado en la abundancia!

¡Y porque eres un pesado/a!

Piensa en esas tiendas de artesanía, no las de la primera linea de playa, las buenas, las que están en medio del pueblo, en las que la paisana o el paisano están a sus cosas mientras te paseas por esa tienda que huele a cerámica o cuero y que tiene un gusto exquisito.

Porque lo que importa es el contenido.

Está claro que hay que publicitarse para destacar en un océano tan grande, pero no hacen falta neones y frases en mayúsculas.

Te dije que lo del condensador de fluzo no era buena idea

El marketing es una herramienta que deberías manejar a las mil maravillas, pero hazlo con cabeza y aprende de gente con garantías.

Si vas a empezar, estás empezando o llevas un tiempo escribiendo con idea de convertirlo en tu modo de vida, cree en ti y cree en lo que haces, pero no te olvides que a tu alrededor hay otras muchas personas con tus mismas ambiciones y no es necesario pisar a nadie, ni apropiarse del trabajo de otros para ganarse la vida (aunque las noticias digan lo contrario).

Así que dedicad un tiempo a pensar cómo queréis hablar al mundo y cómo queréis que os conozcan y, mientras tanto…

¡No dejéis de escribir!

¡Qué estamos en pleno NaNoWriMo!

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