Binti

Binti ha decidido hacer oídos sordos a la tradición y probar a seguir un instinto poco habitual. Los himba nunca se alejan de la tierra, pero el sueño de una galaxia llena de sorpresas, secretos y misterios por descubrir es muy suculento.

El espacio es un lugar cruel e inhóspito. Quizá Binti lo sabía, pero nadie espera que así de primeras…

Se puede decir que hay factores que nunca defraudan. Una historia puede ser lineal, con personajes blanditos y una trama sin sobresaltos, pero si es original tiene uno boleto ganador. Y Binti es original. 

Pero no se queda ahí. La profundidad que desprenden las apenas 100 páginas de la novela deslumbra cuando debe hacerlo. Binti, la protagonista, es uno de esos personajes shonen que son mucho más de lo que parecen. Y lo bueno es que no necesita correr (no necesita demostrar que es Goku a las primeras de cambio), aún sabiendo que la novela es muy corta, se toma su tiempo en parecer una extraña en ese nuevo mundo y adaptarse lo al ritmo que puede.

Y hay mucho más. El mundo que Nnedi Okorafor perfila en su novela es magnífico. O por lo menos lo aparenta (cien páginas no dan para mucho alarde). Una galaxia llena de vida en la que los humanos son solo una página más. Un universo complejo, en el que el conflicto no se reduce a un simple problema bélico. Un mensaje sutil orientado a la diversidad (y la diferencia) como motor del cambio y como iniciador (lamentablemente) de la mayoría de las discusiones (algo que parece que las autoras y autores de ciencia ficción tienen claro, y los políticos no demasiado).

Quizá el mensaje, sin ser nada demasiado novedoso, fluye amparado por un estilo directo y bastante pulido. Una historia en la que pasan muchas cosas en muy poco tiempo y, sobre todo, por la sensación de descubrir la galaxia desde los ojos de la propia Binti.

La fuerza de Nnedi Okorafor reside en presentar una historia habitual (es un viaje del héroe casi de manual) en un teatro en el que cada escena es original, diferente y lógica. Y este último punto merece una pequeña reflexión. 

Es fácil caer en la exageración cuando se presenta una galaxia alejada del antropocentrismo. Es fácil hundirse en un worldbuilding espeso y que no aporta más que información poco relevante. Y es fácil que el lector no se crea la representación. Pero Okorafor ha sido muy hábil guiándonos desde la inexperiencia de Binti. Ha logrado que nos creamos la realidad porque es la realidad que percibe la protagonista. Y, de nuevo, no ha querido correr. Le ha dado a cada fase el tiempo que merece.

Siempre digo que contar una historia es complejo. Lo es mucho más hacerlo y lograr que el lector se quede hasta el final. Y lo es más, aún, hacerlo en pocas páginas y dejar ese poso agridulce de querer más, pero haber quedado satisfecho.

También siempre digo que me parece arriesgado premiar primeras partes de sagas o trilogías (todavía trato de entender por qué Jemisin decidió hacer una trilogía o por qué Liu Cixin se guardó la mega traca para el último libro). No solo porque el nivel de expectativa explota, si no porque hace que sea más difícil dedicarse solo a leer. Un premio es ese tipo de arma de doble filo que nunca quieres llevar en tu cinturón. Pero supongo que Nnedi Okorafor lo recibiría de buen gusto (y creo que Binti lo merece). 

Otra saga más a sumar a mi, ya de por sí lastrada, pila de lecturas atrasadas. 

Sarna con gusto, no pica.

Ilustración de portada de Jennifer Mathis

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