Ciencia ficción especulativa: la evolución del ser humano

Un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la humanidad.

Neil Armstrong, dándose un paseito en 1969.

Si tuviésemos la capacidad de coger el tiempo y hacer una pelotilla con él, podríamos hacer que el punto en el que la humanidad pisó la Luna y en el que empezó a ser algo más que un mono (porque sí, creo en la teoría Darwiniana) se tocasen como si fuesen contemporáneos.

Nada más lejos de la realidad, hablamos de años, de millones. Desde que empezamos a mirar por encima de los matojos, hasta estar mirando a otras estrellas con anhelo (y a punto de destruirnos a cada segundo, también).

Una de las misiones de un escritor de ciencia ficción es prever ese futuro, y para ello es esencial pensar en cómo seremos dentro de un par de siglos o en un milenio.

Porque la evidencia dice que la evolución sigue su curso, aunque no hay pocas voces que auguran que lo que Darwin puso sobre la mesa ya no sirve para nosotros.

¿Una pequeña lección de antropología?

Tenemos cierta obsesión por saber quién fue nuestra tataratatara, ad nauseum, abuela. La primera primate que dijo “echemos un vistazo por encima de esos arbustos, que parece que se viene una gorda encima”.

Como siempre que se intenta datar algo que pasó en épocas prehistóricas, no hay demasiada precisión; números gordos, del tipo 6 o 7 millones.

Cual Amancio Ortega apostando por el contenido de su cartera. 

Bueno, la cosa es que más o menos por esa época, dejó de llover por dónde andaban nuestros vecinos los primates y hubo que empezar a darse unos buenos paseos para encontrar la cena.

Y la evolución, que es sabia que te cagas, pensó que mejor a dos pies.

¡Joder, pero es más lento!

Ya, pero ves más lejos, no te da el sol en todo el lomo, la brisilla te cunde más y, sobre todo, energéticamente eres más eficiente (porque también se les fue cayendo el pelo por el camino, por aquello de que ya no hacía tanto frío y se transpira mejor sin pelaso).

Y las caminatas para buscar las bayas silvestres tuvieron muchas más consecuencias de las que esos jóvenes primates de dos patas se podían imaginar.

Porque ir con tracción de dos ruedas dejó las extremidades superiores libres, y como había que caminar mucho y tampoco había anda más que hacer que sacarse mocos y mirar en lontananza (por si los jaguares), pues uno mataba el tiempo como podía.

Como cuando en la universidad te dedicabas a darle vueltas al boli alrededor del pulgar. 

Y eso llevó a que empezáramos a hacer herramientas (ojo que ya los antepasados de estos usaban cositas para procurarse el sustento. Todo muy minimalista, claro).

Supongo que fue la época en la que se empezó a usar el término pasatiempo (y bricolaje), pero aún no teníamos lenguaje sin vocales como ahora.

Eso hizo que la evolución, que es muy cuca, le echase imaginación para que cada vez hiciésemos mejor los pasatiempos, y nos hizo manos ágiles, con dedos finos y se le ocurrió dotar a la muñeca y el brazo de unos movimientos la mar de chulos.

Finalmente, y como la naturaleza lo tiene todo atado, el andar buscando estrategias para matar el aburrimiento hizo que aquellos primeros homínidos empezaran a pensar más de la media, lo que se tradujo en un incremento cerebral o cerebración (que suena fatal). Todo para ponernos en la cúspide de la cadena alimenticia, sin ser los más fuertes, los más rápidos ni los mejor adaptados.

Pues todo este tinglado no pasó en un par de tardes, fue algo más de cocinado lento, del tipo cinco millones de años para llegar a los primeros Homos, y un poquito más (un milloncejo de na), para que apareciesen nuestros abuelos con taparrabos y mala leche: el Homo sapiens (como hace 200000 años), que inventó el lenguaje y entonces empezó la fiesta de verdad.

¿Y hasta nuestros días?

Pues más o menos, teniendo en cuenta que nos llevó seis millones de años empezar a decirnos las cosas a la cara y mirarnos con ojos tiernos, y que de 200000 años para aquí nos planteamos irnos al planeta de al lado (a hacer un Reality, que tampoco somos tan listos), pues da la sensación de que hemos cogido un atajo.

Lo que en realidad ha pasado es que nos hemos saltado algunas reglas y nos hemos hecho con la mayoría del pastel planetario (sin preguntar al resto).

Seguimos evolucionando, poquito, pero seguimos perdiendo pelo, creciendo en altura, ganando algunos centímetros cúbicos de cerebro y retrasando nuestro desarrollo sexual (esto da para salseo, pero hoy no).

Peeeeeeero nuestra habilidad para crear, inventar y pensar de manera compleja nos ha proporcionado herramientas para saltarnos algunos de los lentos pasos de la evolución.

Para empezar, parece que a las mutaciones (las buenas, las que te hacen tener el cuello más largo para llegar hasta las hojas fresquitas y ricas) les molan los ambientes familiares, donde todo el mundo se conoce y los árboles son siempre los mismos. Pero el Homo sapiens sapiens (dos veces le da empaque) ha salido viajero y está tan diversificado que las mutaciones no saben por dónde empezar (eso deja a Marvel en un lugar regulero, quizás).

Por otro lado resulta que nos hemos especializado en no ser especialistas.

Esto a la evolución le va muy mal, porque es muy de hacerte un morro alargado porque has decidido que como las hormigas no le gustan a nadie, más para ti. 

Y por último nos hemos sacado de la chistera al archienemigo de la evolución: la ciencia y la tecnología.

Y en este punto es donde empieza tu labor como especulador literario. Es dónde debes empezar a pensar lo que nos va a pasar en el cuerpo serrano en un futuro y cómo eso modificara otros ámbitos.

Planteemos los escenarios base.

¿Y si la evolución no ha dicho su última palabra?

De hecho, Darwin descubrió una de las cosas que sobrevivirian a una guerra nuclear (ademas de las cucarachas y ¿Maria Teresa Campos?, ahora que Marujita no está), eso ya te da una pista si planteas un futuro postapocalíptico.

Aviso: la radiación, casi siempre, es bastante chunga. No por ella en sí misma  (que también), es por el diseño de nuestro genoma, que aunque pueda parecer lo contrario, es bastante mierdero y está casi vacío de contenido (en realidad es un poco más complicado que decir vacío, pero ya hemos repasado antropología, genética para otro día) y para que una mutación del tipo Lobezno tenga efecto, deberían darse una serie de carambolas probabilísticas similares a las de que te toque el Euromilllon cien veces seguidas (aprox.)

Así que si antes de dotar de poderes telequinéticos a ciertos seres humanos supervivientes de la catástrofe nuclear, piensa si quieres cambiar de género literario.

La evolución sigue su curso y se adapta a las circunstancias.

Hay estudios que hablan sobre un futuro, no demasiado lejano, en el que tendremos dedos más rápidos y hábiles (no sé por qué la evolución se ha parado en ese aspecto), retrasaremos nuestra maduración sexual (con la consiguiente reducción de atributos y aumento de anuncios de alargamiento, sorry) y que seremos más longevos y más eficientes energéticamente (a lo que ya se han adelantado las industrias alimentarias haciendo todo mini y light).

Aunque, salvo que Trump y Kim Jong Un se pongan en modo Risk, la tecnología y la ciencia nos esperan para ayudarnos con nuestro próximo paso de la evolución.

Juguemos a ser dioses

Tarde o temprano encontraremos la forma de interpretar y modificar nuestro libro de instrucciones: los genes.

Llevamos ya unos años desde que Watson y Crick descubrieron la piedra Rosetta de la genética y ya nos ha dado tiempo a transcribir la primera revisión, y nos hemos puesto a hacer las primeras pruebas, como siempre muy a nuestro estilo del tipo “el fin justifica los medios”.

La longevidad, la resistencia a las enfermedades o nuestras condiciones físicas y mentales residen en esa pequeña hélice de un tamaño microscópico. ¿Qué pasará cuando no tenga secretos?

Mary, han bajado el precio al Overwatch Origins. ¿Pero va con skins o sin ellas, Peter?

Un buen sitio por donde empezar es Gattaca (siento decirte que si quieres dedicarte a la ciencia ficción hay títulos que no te puedes perder, aunque no tengan acción). Además es una buena piedra de toque para especular, pero sin pasarse a la fantasía.

Lo primero que deberías meditar, si tienes pensado meterte en el controvertido mundo de las modificaciones genéticas, es que los genes no pueden hacer cualquier cosa y aunque pudieran (por obra y milagros de lo que sea) su expresión debe contenerse en un cuerpo como el nuestro: frágil y endeble.

Las añadiduras tecnológicas (como hace Scalzi en su saga de La vieja guardia) son una solución muy útil, pero a las que hay que darle algunas vueltas, sobre todo, si vas a meterte en temas mentales y metafísicos.

Como ya te comenté con los aliens, la aplicación de determinada habilidad o rasgo morfológico debe tener su explicación fisiológica asociada.

¿Has modificado genéticamente a tu super humano para desarrollar un sistema muscular por encima de cualquier capacidad humana (al estilo Flash o Quicksilver)? ¿Te has parado a pensar cuanto puede durar un corazón normal en un cuerpo así? ¿Cuánto oxígeno debe consumir? ¿A que velocidad deben transmitirse las hormonas para evitar un colapso nervioso? ¿O que le pasa a la ropa a velocidades supersónicas?

La ciencia ficción es el género que junta los “y si” y los “por qué”, que no se te olvide.

Tiremos de I (inteligencia)

Si solo fuese la naturaleza la encargada de llevarnos por el camino correcto, todo sería más sencillo y, con total seguridad, más aburrido. Pero tuvimos el tino, o la desgracia, de sacarnos de la manga la tecnología y empezar a hacer cosas que nuestro limitado cuerpo y nuestro obtuso cerebro no serían capaces.

¡Te juro que le dije que no corriera!

No hace falta ser demasiado perspicaz para ver que los caracteres físicos han dejado de ser la nota dominante en temas genéticos.

Ahora, más que nunca, la inteligencia o las habilidades sociales tienen mucho que decir en cuanto a la selección de genes futuribles. Ya no buscamos un físico (aunque Telecinco se resista a creerlo), sino alguien con el que congeniar e intentar vadear la cambiante realidad del presente.

Y pongámosle un poco de A (artificial)

No hay pocos estudios y teorías que utilizan la tecnología como la palanca para el siguiente paso de la evolución humana.

Implantes que nos permitirán mejorar nuestras habilidades y tener una vida más sana y longeva. Incluso ya se especula con la posibilidad de algo parecido a los cerebros positrónicos que vaticinaba Asimov o la existencia de sistemas que permitan transferir nuestra memoria y conciencia a dispositivos informáticos (pásate por cualquier lista de clásicos del cyberpunk y compara con algunas cosas que ya están pasando).

Nos adentramos en un mundo lleno de posibilidades. No solo biológicas y fisiológicas, sino aspectos sociales y de percepción de especie. ¿Sería igual de humano alguien con vida eterna que pasase de un ordenador a otro? (Lucy no es un buen ejemplo, bajo mi humilde opinión) ¿Sería humano alguien compuesto en un gran porcentaje de partes cibernéticas? ¿Hasta dónde puede llegar una integración hombre-máquina?

La ciencia y la tecnología serán, a buen seguro, ramas a observar con detenimiento en las próximas décadas.

Y deberían ser, si no lo son ya, una constante fuente de especulación (y quebraderos de cabeza filosóficos) para cualquier escritor de ciencia ficción.

Es probable que en el futuro desarrollemos rotación extra de nuestras falanges dactilares (para esa Ulti-E del League of Legends), que logremos integrar implantes que mejoren nuestra capacidad visual (patrocinados por Samsung, así seguirán sacando teles de 8k, 16k, hasta que lleguemos al infinito) o que nuestras futuras generaciones solo tengan tupés extraños en tonos desde el bruñido a fuego al moreno Just for Men, debido al cruzamiento genético de los líderes.

Sea como sea, recuerda que hay pocas probabilidades de que los nosotros de dentro de mil, quinientos o incluso cien años se parezcan a los nosotros de hoy.

En próximas entregas nos lanzaremos a analizar la evolución de la sociedad y el maravilloso crisol que se puede generar para un futuro posible.

Hasta entonces…

¡No dejéis de escribir! (Que el NaNoWriMo acaba ya)

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