Ciencia ficción especulativa: la sociedad del futuro

La semana pasada le dábamos una vuelta a algunos de los pasos que ha dado nuestra especie hasta llegar a nuestros días, para poder especular con qué pasará mañana. Una pequeña mirada de puertas hacia dentro, pero también hay que salir de casa y ver qué nos espera fuera.

¡Hostia! Qué de gente ¿no?

Yo, la primera vez que fui al DCode Festival.

Una de las eternas diatribas a las que el ser humano lleva enfrentándose desde que se percató de que, solo, valía para más bien poco:

Somos seres individuales con la necesidad de vivir en sociedad.

Incluso al oficio de la escritura, ermitaño en concepción, le ha llegado el turno de abrirse a las masas, aunque sea de forma virtual. Con sus pros y sus contras.

Pero vayamos al meollo de la cuestión.

¿Cómo hemos pasado de recoger manzanas a preguntarnos cuál es la mejor forma de decorar una casa?

¿Qué pasará con nuestra sociedad cuando nos encontremos con la posibilidad de salir de la Tierra? (Si no nos la cargamos antes).

Una breve historia de salseo.

Hay dos formas de tener una conversación:

  • Con uno mismo (lo que a efectos es un monólogo y está al límite de la definición).
  • Con otros seres (en general, aunque no te entiendan o respondan, véase tarántulas, erizos de mar, políticos, etc.)

En ambos casos (añadamos a seres, humanos) hay un emisor y un receptor y, la mayoría de veces, lo que uno dice y lo que otro escucha no tienen nada que ver con lo que ambos piensan. Esto, a grosso modo, dio lugar a las sociedades y, como no, a la prensa rosa (termino acuñado mucho más tarde).

Cuando el ser humano ya tuvo la opción de decirle al de enfrente que bonitos tenía los ojos (mientras pensaba “¡qué uñas!”), se empezó a gestar una especie de pensamiento colectivo que se podía resumir en: cuatro ojos ven mejor que dos.

Así empezó el periplo del ser humano como animal que se agrupa por diversos motivos.

Al principio todo era sencillo:

Tú vas a por las bayas silvestres y yo, que soy más ágil, voy a ver si me encargo de esa tortuga con cara de mala leche y así tenemos una cena equilibrada. 

Pero pronto las sociedades de cazadores-recolectores se quedaron cortas como estructura organizativa, por temas simples….

…alguien enterró las pipas de las bayas y resulta que de ahí surgió un arbusto (luego le llamaron agricultura, por demostrar que eran tipos inteligentes)…

…y entonces la sencillez se fue a la mierda.

Porque el arbusto había pasado a ser propiedad de alguien, que resulta que no fue el que lo plantó sino el que estaba allí durmiendo. Y, éste, como tenía el sustento apañado y, sin saberlo, la clave para tenerlo para los restos, se vino arriba. El lío surgió cuando el que se había ido a cazar tortugas prehistóricas se plantó, con su jeta morena, y planteó eso de “y si no voy yo ¿quién va a ir, eh?”. Como sabéis, se llegó a las manos.

Unos a Boston y otros a California, creando las tribus y empezando, muy rollo vintage, el tema de los influencers.

Pero, las sociedades tribales pronto dieron paso a algo que empezó de forma inocente y que luego se reafirmó más tarde como una de las lacras que nos acompañan a nuestros días.

Todos los hombre son iguales ante la ley.

La Revolución francesa, gran hito histórico y mejor persona.

Las tribus se diferenciaban por sus individuos, por sus recursos, por su ubicación y por otro montón de factores que permitían a unos vivir mejor que otros. Y unos pocos, muy cucos ellos, vieron la opción de sacarle tajada al asunto. 

Porque si tengo cal (que es la buena) y me la quieren cambiar por arena (que es la mala), salgo ganando y entonces me deben favores, porque soy buen tipo y le doy una de cal por una de arena, sabiendo que luego me llega el jamón Navidul a casa.

Así, más o menos, surgieron las sociedades estratificadas o cacicazgos. Donde uno se comía el pastel y el resto, sobre todo los que le hacían la pelota, se llevaban las migajas.

[Aquí iba una foto con doble sentido, pero no sé si estoy preparado para los trolls]

Y entonces todo el potencial humano de virtudes se desplegó sin parangón.

No os preocupéis que ese sistema pronto quedó obsoleto (más o menos hasta el siglo XXI, tirando para el XXII) y fue sustituido por la madre de todas las organizaciones sociales: las civilizaciones.

Porque una vez que conseguimos tener sustento garantizado, estar en la cúspide alimenticia sin lugar a dudas y tener un parapeto de los buenos para soportar el viento y la lluvia, empezamos a tener tiempo libre.

A pensar en cosas como la gastronomía, el arte, los deportes y la madre del cordero, porque éramos los putos amos: lo que dio lugar a las leyes, las costumbres, la política y la filosofía (para compensar la subida de ego).

¡Ah, y la ciencia!, pero con cuidado, que te pasaban por la piedra si le llevabas la contraria a quien no debías.

Hubo gente como los egipcios, los griegos o los romanos que montaron tinglados que más tarde se convirtieron en fascículos que Salvat te vende, a módicos precios, en septiembre bajo el sobrenombre de “Grandes civilizaciones”.

Todo esto, que parece un bonito paseo por el campo, duró un ratito, un par de millones de años. Y llega hasta nuestros días, donde aún residen bonitos ejemplos de convivencia pacífica.

¿Y todo esto en un artículo etiquetado como CiFi?

Hay que saber de dónde venimos para saber a dónde vamos, ¿no?

Si estás pensando en plantear una sociedad humana integaláctica, no te vendría mal saber que aún existen casos aislados de sociedades de cazadores-recolectores, algunos más de sociedades tribales, bastantes más de cacicazgos y aún tratamos de entender de qué va eso de la civilización.

Pensad en cómo le explicas a alguien del futuro que estos son los líderes de nuestra civilización.

Quizá no te das cuenta, pero en tu día a día, la religión, la economía, la política, el arte, las costumbres, la cultura o la ciencia tienen influencia directa en tus acciones.

¿Por qué no van a tener esa influencia en tus personajes del siglo XXIV?

Un escritor debe plantearse el lienzo sobre el que va a trabajar antes de plasmar su historia, a eso le llaman planificación y, como ya sabemos, en géneros como la fantasía o la ciencia ficción ese lienzo cobra importancia porque no existe previamente.

No es necesario que desarrolles varias enciclopedias temáticas sobre la nueva sociedad, pero sí deberías tener en cuenta ciertos aspectos que van a allanarte el camino.

¿Dónde estamos y cómo hemos llegado hasta ahí?

Puede parecer una pregunta obvia, pero estoy seguro de que puedes recordar algún pasaje de un libro que te sonase a “¿y esto de dónde ha salido?”.

Dentro de diez, cien o mil, años nuestra sociedad será algo diferente a lo que es ahora, pero habrá ido cambiando en base a sucesos o acontecimientos concretos.

Una cronología de hitos, que partan del momento actual (o uno alternativo si te place), hasta el escenario de tu novela, no solo te ayudará a darte más pistas sobre los recursos a tu disposición, sino que hará que tus personajes caminen sobre un mundo más sólido.

Plantearse las preguntas, no significa plasmar todas.

Me explico.

Si la premisa parte de nuestra realidad actual, está claro que la ciencia, la tecnología y la política van a ser los motores del cambio, tu cronología debería incidir en esos términos con mayor asiduidad (política incluye guerra, si te lo preguntas).

Construye una linea temporal y marca las hechos específicos que han llevado a la sociedad de tu novela a ser lo qué es.

¿Cómo es la estructura de la sociedad?

Una vez tengas plasmada la historia que ha llegado hasta el universo de tu novela, deberías parte a pensar en cómo esos hechos han construido la estructura de la sociedad.

  • ¿Todos los seres humanos son iguales?
  • ¿Hay líderes?
  • ¿Los líderes son majos, o son del tipo 1984?
  • ¿Los recursos son ilimitados?
  • ¿Le llegan a todos por igual?

De nuevo las preguntas y las respuestas van a definir cómo se estructura tu sociedad. Pero aquí hay una clave que va a ayudarte a dirigir el tiro: los recursos.

Necesitamos acceder a ciertos recursos para poder sobrevivir. Están los básicos (como el agua, el aire o la comida), pero todos sabemos que hay algunos que pueden ser imprescindibles para una sociedad (¿hablamos del dinero, o el WiFi?). E, incluso, algunos recursos innecesarios pero que pueden marcar diferencias (¿acceso a metales preciosos, moda, tecnología?).

La presencia de recursos, su obtención y control dirigen la estratificación de muchas sociedades.

Que se lo digan a este señor.

Grandes sagas de la historia han basado su premisa en algo tan sencillo como eso (por ejemplo, Dune) y han creado una gran historia alrededor, construyendo una sociedad ajustada a la presencia de los recursos, su acceso y su repartición.

Necesitas conocer las necesidades de tu sociedad para poder entender cómo se estructura y a partir de ahí empezar a dibujar los matices que rellenan los huecos.

Utilicemos a las matrioskas.

La matrioska nodriza es tu cronología, que alberga dentro de ella a las demás. Ya hemos descubierto que después viene la que nos explica cómo esta organizada nuestra sociedad, en base a qué recursos y cómo eso ordena a los seres humanos, pero a partir de aquí, las siguientes matrioskas dependen de tu objetivo y lo que estés dispuesto a contar.

Utilizar un sistema jerarquizado tiene una gran ventaja y es que te indica si estás utilizando bien tus recursos o te estás perdiendo en el worldbuilding.

Y además un objeto decorativo atemporal, ;)

Un ejemplo:

Supongamos que estás construyendo una sociedad cyberpunk. Tienes la cronología de los hechos y los recursos que estratifican a tus humanos. Parecería claro que la siguiente matrioska a descubrir debería ser la tecnológica, ¿pero cuál será tu siguiente muñeca rusa? Puede ser una dedicada a la IA si te lanzas por algo tipo Matrix, o puede ser más orientada al mundo hacker o la tecnología militar. Puedes decantarte, incluso, por desarrollar la religión como segunda opción.

Jerarquizar las lineas maestras durante la construcción de sociedad te ayudará a ver que has utilizado diez paginas para describir el arte y tan solo cinco para describir la tecnología militar, en una novela de ciencia ficción bélica.

En su momento hablamos de los subgéneros de la ciencia ficción, sus diferencias y sus factores claves.

A la hora de construir una sociedad el subgénero puede ser de gran ayuda para seleccionar los temas más importantes a diseccionar.

  • ¿Ópera espacial? Tecnología, ciencia, política.
  • ¿Steampunk u otros punk? Ciencia, arte, costumbres, cultura.
  • ¿Ciencia ficción especulativa? Política, ética, religión.
  • ¿Ciencia ficción militar? Política, tecnología, ciencia militar.

Evidentemente, esto no pretende ser una guía de cómo describir una sociedad, pero sí pretende ser un pequeño aviso para que evites encontrare con un mundo plano (cómo me pasó a mí).

¡Ojo! Que hay gente que cree que esto es posible y encima tiene viruta.

Uno de los principales consejos que se da a los escritores noveles es que la información que se da al lector debe ser la suficiente para mantenerle enganchado. Y una de las cosas que se aprende de la gente que lleva mucho tiempo en esto (y puede contarlo) es que para lograr enganchar al lector, el escritor debe conocer a fondo su trabajo.

Y para eso hay que planificar, estructurar, organizar y, por supuesto, echar horas delante de un teclado y delante de libros y/o Kindle.

Leer, permanecer atento a lo que nos rodea y mirar atrás de vez en cuando (por aquello de no cometer los mismos errores) nunca está de más.

Y sin olvidarnos de lo que nos hace ser escritores…

¡Nunca dejéis de escribir!

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