Cine, literatura y un poco de ciencia ficción

¿Qué es la ciencia ficción?

Muchos han intentado buscar una definición, tantos como han fracasado. Quizá porque las fronteras entre lo que es cifi —para abreviar— y lo que no, nunca están demasiado claras.

Además, como parte del mundo en el que vivimos, la ciencia ficción ha ido cambiando, modificándose y adaptándose a los nuevos tiempos. Y lo curioso es que parece que no vamos a estar más cerca de definir por completo la cifi, porque según pasa el tiempo las fronteras de la imaginación se van haciendo más amplias y difusas. ¡Y menos mal!

Leía ayer el prólogo de Proyecto Marte en el que Pau Varela dice que la ciencia ficción es una especie de diálogo entre las expectativas del lector/espectador y la realidad que se presenta ante él. Y estoy bastante de acuerdo, como lo estoy con la idea de que la cifi siempre ha sido el género de la imaginación, las ideas y el “¿qué pasaría si…?”.

Quizá esa pregunta ha llevado a muchas personas a plantear sus ideas y teorías y plasmarlas sobre el papel. Al principio mirando a las estrellas y preguntándose por ellas, pero más tarde —no mucho más— mirando hacia nuestro interior y preguntándose sobre nuestro futuro. Tan ciencia ficción es una como otra y no pueden ser conceptos más diferentes.

Cuando me planteé esta entrada, rebuscando libros clásicos para la pila de lectura, me paré en un pensamiento no muy original:

El número de fans de la ciencia ficción cada día es más grande.

No es una declaración muy sorprendente, lo sé, pero hay algo que debe esconderse detrás de ella. Y repasando la historia del género, tanto en la literatura como en el cine y la pequeña pantalla, creo que encontré una linea de pensamiento bastante plausible —el magnifico prólogo de Pau Varela me dio la puntilla.

El término ciencia ficción no se acuñó hasta 1926, aunque previamente ya se habían creado obras que podrían ser consideradas cifi. Hay disputa por saber cuál fue la primera obra que podría catalogarse en el género, pero eso es naturaleza humana, nos gusta mucho eso de reclamar autorías, pero a efectos de la información, a finales del siglo XVII ya había algunos que miraban al futuro y a la ciencia como motores de cambio.

Pero no fue hasta la década de los 30 que la ciencia ficción adquirió peso como género literario. Quizá no fue casualidad que en esa época empezasen a sonar nombres como Asimov, Arthur C. Clarke o Robert A. Heinlein. Esa época, que llegó hasta los 50, se considera comúnmente la edad de oro de la cifi, coincidió también con la llegada del sonido al cine y permitió crear un montón de ruido y fuegos artificiales alrededor de un género que hablaba de viajes espaciales, platillos volantes y monstruos de otros mundos.

giphy-21.gif¡Muere, cerebro con patas!

El inicio del cine moderno empezaba a marcar el paso de la cifi en su carrera como género. Y aunque muchos de esos primeros autores, y otros muchos que se sumaron en una segunda etapa a la que se denominó de plata, escribían textos que empezaban a tocar otros temas a parte de la tecnología y los viajes espaciales, no fue hasta casi hasta los 70 cuando la ciencia ficción en el cine empezó a manifestar que podía ser capaz de enfocar en otras direcciones.

2001: Odisea en el espacio (1968) marcó un antes y un después en la relación entre el cine y la literatura. Ya no solo eran OVNIs visitándonos o alienígenas buscando nuestra aniquilación (que también), sino que surgía una corriente para especular sobre nuestro futuro como especie: ¿qué pasaría si…?

Además la película de Kubrick marcó otro hito importante ya que, aunque la película fue construida en base a El centinela un relato del Arthur C. Clarke, el propio Clarke construyó el guión junto al cineasta americano.

giphy-23.gif¿Un escritor y un cineasta juntos, pero qué locura es esta?

A partir de entonces, el cine siempre miró de reojo la estantería donde reposaban todos esos libros con naves y planetas en sus portadas, y el lapso de tiempo entre la literatura y el cine empezó a acortarse.

Cuando la Nueva Ola de la cifi, comandada por nombres como K. Dick, Ursula K. Leguin, Moorcock o Delany, que transcurrió entre 1965 y 1972, fue calificada como una época de experimentación, no pasó mucho tiempo hasta que películas como Encuentros en la tercera fase (1977) plantearan alternativas al futuro.

Pasó algo parecido con el ciberpunk y el postciberpunk, que coparon la década de los 80 y principios de los 90, y el cine tardó poco en hacerse eco con títulos como Blade Runner (1982), Robocop (1987), Terminator (1984), Alien (1979) o, las algo más tardías Desafío Total (1990) o, casi rozando el milenio ,The Mattrix (1999). Las máquinas, la IA y un futuro dominado por la tecnología, irrumpía con fuerza en el cine de la mano de las obras previas de literatura.

Y entonces llegó Internet.

Y la cifi empezó a experimentar en base a otras corrientes que le alimentaban desde lugares diversos. La literatura y cine catastrofistas, que tuvieron su auge coincidiendo con el cambio de milenio, con películas como Armageddon (1998) o Deep Impact (1998). También la cifi más social y crítica que se asomaba a la distopía más clásica y la teñía con nuevas pinceladas. Películas como Gattaca (1997), Hijos de los hombres (2006), District 9 (2009) o Minority Report (2002) reflejaban un futuro poco halagüeño donde las peores expectativas se convierten en realidad.

Llegando a la actualidad empezaron a llegar cintas que buscaban acercar la ciencia ficción a la verosimilitud, películas que reflejasen una realidad más cercana en el tiempo, más reconocible. Gravity (2013) y más tarde Interestellar (2014), dotaban al cine de una nueva idea, mas profunda, más cercana y mucho más plausible. También películas como Marte (2015) —basada en El Marciano de Andy Weir que quitan un poco de hierro al asunto y que son, en mi opinión, un soplo de aire fresco en el panorama distópico.

Faltaba por llegar a la pantalla la cifi más especulativa, y muchas veces la más compleja, y creo que la elección de la Historia de tu vida, de Ted Chiang, fue un acierto llevado a la pantalla en forma de La Llegada (2016). Una cifi mucho más compleja y menos espectacular, que sin embargo dice a las claras que Hollywood siempre está a la caza de formas diferentes de captar al espectador: uno que ahora tiene mucha más información y que, muchas veces es más abierto pero también más crítico.

¿Qué nos depara el futuro?

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Difícil decirlo en una época en la que el cine y las series empiezan a crear ideas propias, quizá el ejemplo más claro que me viene a la cabeza es el de Juego de Tronos —aunque no es cifi—, donde el guión ha superado la linea temporal de la novela —suerte para G.R.R. Martin que va a tener en bandeja los dos últimos libros.

La irrupción de plataformas como Netflix empiezan a incrementar las ramificaciones a otros límites, que quizá no sean fáciles de vislumbrar. Cómo este tipo de plataformas están permitiendo ampliar el registro del universo Marvel o el de DC, o crear series en otros formatos como Stranger Things —o Santa Clarita Diet— que exploran caminos muy poco habituales en la pantalla.

Vienen cintas como Life —que suena a remake de Alien, pero más bonito—, la nueva Dune —que no tiene que hacerlo mucho mejor para superar a la antigua, pero si bastante mejor para acercarse a la obra de Frank Herbert—, Blade Runner 2049 —miedito—. O ya está por aquí Ghost in the shell para traernos el cyberpunk más puntero aprovechando las nuevas tecnologías —y que ha creado cierta controversia, como es natural en nuestra nueva sociedad que todo lo sabe.

Si tengo que pedirle algo al futuro de la cifi en el cine sería que siga bifurcándose, que siga explorando los caminos pocos transitados de la especulación —¿sería una locura que Egan colaborase con algún guión?—, que se rebusque en las cajones olvidados de grandes series o películas que en su día no pudieron llegar a más por falta de medios o tecnología —¿BattleStar Galactica?— y que siga arriesgando con argumentos no especialmente comerciales —una serie sobre Fundación me haría eternamente feliz.

giphy-24.gifEres mi Hari Sheldon, bro.

Al futuro de la cifi literaria no puedo pedirle mucho más de lo que veo ahora en el panorama: diversidad, especulación y ganas de probar nuevas alternativas.

Bueno sí, un poco menos de distopía y algo más de pensamiento que nos haga construir —a la espera de que Insólita nos traiga The long way to small, angry planet.

Mientras tanto disfrutemos de la buena salud de nuestro género y aprovechemos para…

¡No dejar de escribir!

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