Colocar el primer ladrillo de una novela

Tercera entrega de la reconstrucción de una novela por fascículos.

Por fin ha llegado el momento álgido de la construcción. Ese al que se convoca a los alcaldes, autoridades locales y famosos de relumbrón. Una parafernalia preparada para que el constructor —que se va a manchar las manos solo ese día— coloque el primer ladrillo y todo el mundo aplauda como si el trabajo ya estuviese terminado.

En un rincón, apartado del resto, el arquitecto niega con la cabeza, sabedor del trabajo que ha costado poner ese primer ladrillo. Más apartados aún —o incluso en sus casas viendo Divinity Houses— los albañiles, encofradores, electricistas, fontaneros y carpinteros, viven ajenos a ese momento tan inútil, a la espera de terminar lo que su amado constructor ha comenzado.

Construir una novela tiene ciertas similitudes con fabricar una casa, pero tiene una diferencia bastante notable: tú eres el constructor, el arquitecto, el fontanero y el electricista.

Sin embargo, hay un hecho común en ambas construcciones: una vez puestos los cimientos, es necesario empezar por un primer ladrillo.

Prólogos, inicios descriptivos y otras manías

Es probable que el primer capítulo sea el que más veces he reescrito y que más problemas me ha acarreado desde que empecé Proyecto Aesteria.

Yon Salgado, en el blog de Yon Salgado

Si eres de los que se mueve por la blogosfera, sabrás que las primeras páginas de tu escrito (junto con la portada y la sinopsis) son las que van a decidir la adquisición de tu novela por terceros. Eso significa que hay que cumplir dos condiciones que parecen contrapuestas:

Debes darle ganas al lector para seguir adelante.

Debes explicarle al lector de qué va tu historia.

Solo tengo cinco páginas para explicar qué hay de interesante en mesarme la inexistente barba

Es evidente que yo no puedo darte una contestación basada en mi experiencia propia, pero si puedo poneros algunos ejemplos de inicios, y su nivel de riesgo (del 1 al 10):

Nota: está clasificación está basada en mi propio criterio —y teniendo en cuenta algunas tendencias actuales—, no debe ser tomada como una clasificación marcial.

Capítulo 1: Corto y al mentón. (Nivel de riesgo 1)

Sin ambages, sin medias tintas y sin tiempo para reaccionar. Si consigues que tus primeras páginas vuelvan loco al lector, estarás en una buena posición de partida.

Construir un capítulo de estas características no es demasiado complicado si tienes unos cimientos sólidos (en cuanto a estructura y técnica), pero es un arma muy peligrosa porque te cargas desde el principio todas las teorías que hablan de los picos de atención y los valles. Vas a jugar a poner alerta al lector desde el segundo uno y si no eres capaz de reproducir y mantener esa tensión de manera periódica, lo vas a pasar mal.

Aunque parezca mentira, el lector necesita momentos en los que sosegarse y darle una vuelta a todo lo que acaba de leer. Así que empezar fuerte es una declaración de intenciones que puede convertirse en un gran carta de presentación y un curriculum regulero.

El auge del formato corto y la falta de tiempo generalizada para la lectura, hace que un inicio de estás características produzca sensaciones positivas a la gran mayoría de lectores.

En el punto de mira es un gran ejemplo (aunque con no tanta prensa como debería). Apenas cinco páginas que te ponen los pelos de punta. Un gran inicio, que es secundado a la maravilla con un argumento de película de acción trepidante.

Prólogo destrozón + Capítulo 1: WTF? (Nivel de riesgo 3)

Este inicio se da cuando el prólogo y el primer capítulo no siguen la misma línea temporal (aunque estén ambientados en el mismo mundo). El efecto producido con el prólogo es el mismo que en el primer ejemplo, y es seguido por un primer capítulo que orienta la acción desde otro punto de vista, Y es más brutal que el prólogo.

¿No es este sistema mejor que el primero?

A primera vista puede parecerlo, pero hay que tener en cuenta que pocos lectores pasarán del prólogo —antes de comprar— y si lo que encuentran después no está relacionado con él, deben saborear algo que siga mereciendo mucho la pena (recordad lo de los valles y picos).

¿Pero no estábamos hablando de poner caras chungas porque sí?

Además, este sistema tiene un condicionante severo: es necesaria una gran técnica narrativa. Generar un capítulo potente es factible, generar una continuación que reviente la mente del lector está al alcance de muy pocos. Crear cliffhangers y mantener la atención del lector es algo muy difícil de hacer.

Tendréis que leer las primeras páginas de El cielo roto para saber de lo que os hablo. Maestros de la prosa.

Prólogo legen… dario (Nivel de riesgo 5)

Un clásico de la fantasía épica. Y, como todo recurso explotado hasta la saciedad, debe proponer algo diferente al lector o se corre el riesgo de una expresión indeseable: “esto ya lo he leído antes”.

Plantear una base mitológica o legendaria, que sustente el mundo de una novela, es una gran idea que puede darle buenos mimbres a ese primer capítulo que, por definición, va a ser un valle. Por eso, hoy en día, es imprescindible que ese prólogo épico sea lo suficientemente potente para que el lector no llore cuando llegue al mundo ordinario del capítulo uno.

Y si no estáis convencidos del todo, pensad en cuantos de los lectores de hoy en día, pasarían de unas primeras páginas que empiezan con “Acerca de los Hobbits”. Todos sabemos que El señor de los anillos es uno de los grandes de la historia, pero ¿cuántos tenéis una amigo o amiga que no ha conseguido acabarlo?

¿De verdad que van 50 páginas y solo he leído sobre hierba para fumar en pipa, y señores pequeñitos y tragones?

A efectos técnicos, este tipo de inicios requieren unos cimientos ultra sólidos; no solo tienes que conocer el mundo que has creado y evitar perderte en él, si no que dependerás del prólogo hasta que pongas el punto final (y esa es una responsabilidad que tú mismo te habrás creado).

Si queréis conocer dos ejemplos de autores nacionales que han bordado este tipo de inicio, probad con Neimhaim y con La armadura de la luz.

Prólogo/Capítulo 1: Mindblowing (Nivel de riesgo 7)

Este es el inicio en el que se presenta al lector una situación o concepto muy alejado de lo habitual. Uno puede pensar que con un mercado atestado hasta los topes, este puede ser un buen punto de partida si se tiene una base sólida, pero tiene un riesgo de desconexión muy elevado: si no se es capaz de conectar, aunque sea por los pelos, con el lector.

Es un sistema que se utiliza bastante en ciencia ficción (y todos sabemos que las librerías serias no venden géneros para frikis). Bromas aparte, plantear un concepto complejo o una situación rocambolesca, tiene que tener un asidero al que el lector pueda agarrarse. Un guiño a un lugar común, una concesión a su intelecto (a nadie le gusta que le pasen por la cara que suspendía física en el instituto) o un personaje al que seguir por puro carisma.

No creo que Greg Egan (o cualquier escritor/a de CiFi hard) pase de ser un autor de culto, y no tiene nada que ver con que sus novelas no estén bien escritas, si no porque causan desconexión a aquellos lectores que solo quieren leer por puro pasatiempo (el que quiera probar, que lea el primer relato de Axiomático o las primeras páginas de Ciudad permutación).

Si pretendes llegar al gran público no sería el inicio que yo elegiría o, si lo eliges, prueba primero con el formato corto. Puedes leer Memoria Selectiva si quieres buenos ejemplos en este sentido.

Prólogo/Capitulo 1: presento a mi personaje principal, cuento de qué va ir la movida, pero poco… (Nivel de riesgo 10)

Si estás escribiendo tu primera novela, al 99% has escrito tus primeras páginas de esta manera.

Presentas el mundo ordinario, a tu personaje (ordinario también: aún no es supersaiyan) y un poco de la trama, porque te han dicho que es mejor mostrar, no contar. También te han dicho que necesitas presentar el escenario al lector, que debes hacer de tu personaje principal una referencia. Y te han dicho bien. Pero también te han contado hasta la saciedad que…

…hay otros mil autores que han empezado como tú: ¿por qué te van a elegir a ti?

Porque cuelo un cliffhanger en el último párrafo del prólogo (que no se resuelve hasta el capítulo trece).

Porque nadie ha contado esta historia como la cuento yo (te aseguro que alguien lo ha hecho, y encima MEJOR).

Porque mi personaje es el nuevo Mulder, lo que pasa es que es un incomprendido.

Es probable que el lector aguante hasta el capítulo trece, que crea que tienes un estilo muy fresco y novedoso, y que comprenda a tu Mulder; pero si te has dado cuenta, todas esas decisiones dependen de él. No tienen nada que ver con que le hayas puesto una zanahoria suculenta delante de las narices, tiene que ver con que el lector TE DA una oportunidad.

Y la clave es no depender de oportunidades (en la medida de lo posible), y para eso tienes que empezar tu historia de forma potente, para gritarle al lector lo que está dejando pasar si no adquiere tu obra; y para eso no vale darle cogotazos, hay que SEDUCIR, EMBAUCAR y CONVENCER de que el tiempo que van a gastar con tu novela merece la pena.

Así que no dudéis en reescribir vuestro inicio una y mil veces, porque ahí está una de las claves del éxito…

Y como el hábito no hace al monje…

¡Nunca dejéis de escribir!

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