Construyendo el guión de una novela

El mes pasado os conté como había reiniciado el proyecto con el que inicié mi periplo: la escritura de mi primera novela.

Os hablé del método del copo de nieve, que aparece en el primer libro de la serie Cómo crear una novela de Jean Larser, y que se basa en partir de una premisa sencilla e ir extendiéndola hasta construir una novela completa.

Os conté en qué consistía el método y hasta dónde había llegado. Así que la siguiente pregunta es bastante evidente:

¿Qué he hecho durante este mes?

No he escrito ni una sola palabra de la novela.

Antes de que salten las alarmas (y después del clickbait de manual), no haber empezado a escribir la novela como tal, no significa que haya estado dormido en los laureles.

Gran frase que me define como un viejoven por derecho propio

Es cierto que no le he dedicado a Aesteria todo el cariño que necesitaba. La excusa rápida, y cogida con pinzas, es que el trabajo me ha quitado mucho tiempo. Pero la realidad es que la planificación de la novela me está llevando más tiempo del que pensaba.

Es importante mantener un equilibrio entre planificar y crear, lo dice gente que sabe algo de esto, y creo que lo he logrado, gracias a que mi trabajo consiste, básicamente, en escribir. No he trabajado nada sobre la historia de Aesteria, pero me he hinchado a escribir sobre otros mundos y, sobre todo, me he dedicado a descubrir qué quería contar con mi primera novela.

Para el que siga el blog desde su primera etapa, puede que le sorprenda una afirmación de ese tipo:

¿Es posible con un autor no conozca su propia historia? Es muy posible.

En el capitulo del mes pasado os conté que me había quedado en la parte del copo de nieve que se encarga de expandir un resumen de la novela y convertirlo en un bosquejo con las tramas y subtramas —el punto número seis del método—. Ese proceso me ha llevado casi un mes entero.

He leído y reescrito el resumen expandido de la novela más de veinte veces.

Quizás penséis que es una barbaridad, pero el método del copo de nieve está pensado para que pase precisamente eso. Cada vez que expandes una de las ramas, tu cabeza te lleva de manera inevitable a las partes anteriores que has escrito.

El proceso no ha sido rápido, pero me ha permitido conocer y conectar con la novela mucho más que en los dos años anteriores.

En paralelo, también he ido terminando la tarea número siete: completar los personajes.

Uno de los problemas más graves que tenía, era saber que mis personajes eran más planos que un A4. Haber trabajado en ellos con un método más exhaustivo, no solo me ha permitido conocer aspectos que no se me habían pasado por la cabeza, sino que me he divertido muchísimo.

Para aquellos de vosotros que queráis probar, contar un resumen de la historia desde el punto de vista de cada personaje es útil y muy, muy divertido —es como meterse en la piel de otra persona—.

He utilizado varios artículos que construyen personajes a partir de preguntas, pero no es el único método.

A todo el mundo le gusta el “salseo”, y tus personajes no son una excepción

En resumen, me he tirado un mes para no haber escrito ni una sola palabra de la novela y, encima, aún no he terminado con la planificación.

Queda, antes de lanzarse a la vorágine de escritura, un último paso:

Diseñar las escenas

Supongo que sois gente inquieta y que habéis subido a la ola de las series (igual sois Homo netflixiensis, que esta empezando reducir el hábitat del Homo cuñadensis) y, aunque pueda parecer baladí, todo eso que aparece en suculentos formatos de media hora, tiene un curro detrás tremendo.

Uno de los ejes de las series son los guiones: llenos de escenas, diálogos y frases que indican qué pasa, dónde lo hace y cuándo. ¿Os suena?

Diseñar escenas consiste en hacer un esquema de qué, cuándo y cómo van a pasar las cosas en tu libro, y añadirle quiénes van a estar implicados y cómo lo vas a contar.

Parece muy sencillo y, como casi cualquier cosa al escribir, es jodidamente complicado.

De primeras, tienes que pasar de un resumen extendido (en mi caso unas quince páginas) a un esquema COMPLETO de qué es lo que va a pasar.

Segundo; debes pensar en qué orden lo cuentas y, además, revisar que lo haces de una manera coherente.

Y, tercero, debes empezar a ubicar esos fragmentos clave: diálogos, pistas importantes, giros inesperados.

¿Mucho para un paso previo a ponerse a escribir?

He ahí una de las claves de la planificación: evitar depender demasiado de ese golpe de magia creativa llamado inspiración.

Sí, es un proceso arduo. Os aseguro que volveréis muchas veces sobre vuestros pasos, cambiaréis párrafos enteros (párrafos de los gordos) y maldeciréis al método de la puñetera nieve y a cualquiera que ose decir que la planificación es la piedra roseta del escritor.

Pero también os aseguro que al final de ese proceso tendréis tal conocimiento de las entrañas de vuestra novela, que ponerse a escribir va a ser maravilloso.

Todo lo que va usted a leer es pura magia…(no sabía si tchananiaaaaaaaaan, se iba a entender)

Pero aún no hemos llegado ahí —tranquilos que ya lo haremos— y, a la vista de un paso tan importante en la construcción de la novela, me arriesgo a compartir algunos consejos con vosotros

Para mí, lo más sencillo para resumir cada escena ha sido responder a cinco preguntas: qué, cuándo, dónde, cómo (y aquí metemos a los protas) y quién leches lo cuenta.

Qué

Es la pregunta más evidente y la que más problemas os va a acarrear. Tenéis que tener en cuenta que una escena no implica un capítulo. Significa algo que pasa en un lugar acotado, en un momento determinado y con unos personajes concretos (puede ser una conversación que sucede mientras paseamos al perro por la mañana. El diálogo puede ser entre tú y el perro, claro).

Para responder al qué, solo hay que pensar en dos cosas: qué es lo que voy a contar y cómo va a afectar a la trama.

Parece una chorrada, pero si no eres capaz de responder a esas dos incógnitas, NO tienes una escena. Quizá tienes una divagación o una idea (anótala y a otro tema).

Otro truquillo, que a mí me ha funcionado, es intentar ser concreto (resumir la escena en unas veinte palabras). Cuando llegue la hora de reorganizar las escenas agradecerás no tener que leer una página por cada escena.

Cuándo

Otra de esas preguntas que parecen no tener importancia y que te pueden salvar el culo en más de una ocasión.

¿Te has dado cuenta de que el protagonista ha desayunado tres veces en lo que va de día? ¿No te has fijado que el sol sigue en el cielo, cuando hace dos páginas habías contado como oscurecía? ¿Cómo puede ser que ese periódico diga que es 13 de enero, cuando hace dos capítulos ya era 17?

Una pequeña anotación al borde, con este dato tan simple, es un salvoconducto (si tienes Scrivener lo tienes más fácil que nunca).

Dónde

Muy parecido al cuándo, e igual de salvavidas.

¿Estás seguro de que tu secundaria de lujo puede llegar al otro extremo de la ciudad en apenas diez minutos en las masificadas calles londinenses?

Otra simple anotación del tipo “West London” te puede salvar del bochorno de que un beta (o peor, un lector definitivo) te pille en una falta de coherencia.

Cómo

Si el qué te parecía difícil de resumir, espérate a enfrentarte al cómo.

Ya sabes qué quieres que pase, dónde y cuándo, pero ¿cómo lo vas a contar?

¿Un diálogo entre los protas? ¿Una larga descripción infestada de símbolos a lo Neil Gaiman? ¿Un pasaje histórico, a la par que erudito?

De nuevo, pararte un rato a pensar en cómo quieres contar la escena puede salvarte más adelante. Puedes detectar que te has pasado de descriptivo o que utilizas el diálogo como recurso más de lo que deberías o que tu novela carece de un estilo determinado y deberías plantearte algunas modificaciones.

Quién leches lo cuenta

¿Te pensabas que habíamos terminado? ¡Ja!

Seguro que has leído algún artículo sobre la importancia del narrador (y si no, estás tardando).

Secreto tocho: cuando hay muchos artículos sobre algo, es porque es importante.

Otro pequeño apunte sobre el narrador puede ser tu linea de vida ante uno de los problemas más graves que todos cometemos: la concordancia de los tiempos verbales.

Cambiar de narrador o de punto de vista puede darle un aire fresco a tu historia, pero también puede acabar con la paciencia de cualquier lector.

Resumiendo, si has seguido los pasos deberías tener apuntado —en algún lugar muy visible— algo así:

Y así con tantas escenas como requiera tu novela

No creo que sea necesario tener el esquema completo de escenas, ni siquiera creo que debas tener cerradas todas las tramas (a veces la bombilla se ilumina en el momento menos pensado), pero este ejercicio te va a dar el empujón definitivo para estar seguro de que lo que tienes delante es lo que quieres escribir.

Como ya habréis imaginado, la planificación no acaba aquí, aún cuando el siguiente paso es escribir a saco. Habrá que volver, varias veces, a revisar todo el esquema, cambiar cosas, eliminar otras y añadir nuevas. No solo con las tramas, sino con los personajes y el mundo que estés creando. Lo bueno es que ya tendrás unos buenos cimientos para empezar a construir, y siempre es mejor reformar que empezar de cero.

Espero que vuestros proyectos marchen viento en popa y espero que…

¡Nunca dejéis de escribir!

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *