Creatividad vs organización

Iba Gandalf de camino a Mordor y, hete aquí, que en una de las encrucijadas de Moria, él que había hollado la Tierra Media tres mil vidas de hombres, no tiene recuerdos de ese lugar.

Gandalf, amigo, anda que te habría costado llevar una libretilla o algo, ¿no? Igual mejor que decirle al pobre hobbit que se fíe de su olfato (luego lo pillaron al pie de la letra y se coscaron del tabaco confiscado de Saruman, los figuras).

¿Y esta pequeña performance a qué viene? No es más que una simple representación análoga a lo que ocurre en la cabeza de cualquier autor a cada segundo.

¿Debo dejar fluir la creatividad, sin ponerle límites? O ¿debo ser consciente de que necesito un poquitín de organización (por el qué dirán y esas cosas)?

Hablemos del mileniarismo.

Si no tienes un mínimo de organización, no te plantees hacer de la escritura tu oficio.

Vamos a poner un ejemplo (uno que conozco muy bien):

No soy ninguno de los dos, pero me vale como ejemplo de Basque boy

Eres un buen tipo (cis-heterosexual, para que nadie sienta que no se sabe la identidad sexual del personaje). Te gusta viajar, estar con los amigos y el cine (100% mainstream). Te gusta leer, además, y lees bastante (para la media). Además eres de esos a los que no les importa leer romántica, terror o weird y que la gente se aparte de ti en el cercanías (no vaya a ser que lleves una recortada debajo del jersey de punto). Siempre has escrito, por afición; has escrito relatos cortos, has tenido tres o cuatro blogs (de nulo impacto) y siempre te has planteado escribir algo más grande (incluso hay algunos garabatos apuntados por ahí).

STOP

Bien, hasta aquí este puede ser el caso del noventa por ciento de la gente (por si la ironía no se ha pillado, los hobbies y el género son totalmente irrelevantes, o deberían serlo) que, en algún momento, se plantea ponerse a escribir en serio. Vayamos a la segunda parte.

Sabes que tienes un talento limitado, has escrito alguna cosa más seria y no te ha ido demasiado mal. Tu entorno (el eje del mal) alaba tus habilidades (para no dedicarte a ello, claro), y hay algo en tu interior, y en tus ahorros en el banco, que te empuja a probar. ¿Por qué no?

STOP

Hasta aquí, también, más o menos lo estándar. Quizá hay algo que reduce el porcentaje: eso de reconocer que el talento es limitado (y quizá lo de los ahorros). En fin, sigamos.

Pero eres perseverante, sabes que tendrás que aprender mucho, que te tocará levantarte pronto y echar más horas que nunca. Organizarte para hacer tareas a las que nunca te has enfrentado antes, pero crees que tienes la suficiente fuerza de voluntad para suplir la falta de talento (y la entrada de cash flow); con aprendizaje y esfuerzo (como lo has hecho siempre, vamos).

Estaremos de acuerdo que no es la imagen que se hace la gente cuando les dices que eres escritor o escritora. La representación mental se acerca más a alguien espiritual, un poco raro (con bigote y gafas, da igual el género) que siempre ha tenido problemas para relacionarse con otros humanos (no así con gatos).

Clichés aparte, y asumiendo que un talento desmedido, desde luego, es una gran baza, repito:

Si no eres mínimamente organizado, estás en la mierda.

¿Pero por qué tanta vehemencia, Yonsinmiedo?

Pasemos un poco por encima de las cuestiones técnicas. Porque salvo que tengas una filología (y tampoco te exime), vas a tener que aprender, mejorar y pulir tu manejo del lenguaje; y no solo eso, debes adaptarlo al formato novelesco y a las tendencias actuales.

Hete aquí, tu antes molabas

Eso significa que solo en aprender y mejorar, vas a gastar una gran cantidad de tiempo (y otros recursos más tangibles). Estudiar, además, SIEMPRE implica tener un método. Por lo menos algo básico, del tipo ensayo-error, si no no se llama aprender, se llama procrastinar (he dicho).

Metámonos un poco más en harina, según gente que sabe de esto

Se estima que se dedica un 40% a escribir y un 60% a editar.

Ese porcentaje se puede desplazar, dependiendo de algunas variables relacionadas con el talento, la perseverancia y el duende, pero supongamos que 40/60 es el número.

¿Has probado a editar un texto propio?

Si no lo has hecho, coge algo que tengas por ahí, contacta con un corrector amigo (igual no es una figura muy habitual en grupos de amigos) o con algún profe o alguien de letras, ¡por lo menos! Y pregúntale qué tal, pero no si le gusta la historia,  pregúntale si le satisface cómo está escrito. Y, si no le importa, que ponga sus anotaciones en un color ligeramente chillón (rojo sangre o amarillo fosfórito son top 2).

¿Era necesario utilizar la pluma de mil euros para reventar el texto?

Cuando hayas superado el ataque de epilepsia, ya estás en el camino de entender lo que implica corregir un texto. No es solo ortotipografía; es estilo, formatos, hacer fácil la lectura (eso que todo el mundo se empeña en llamar escribir bien y que es imposible).

Debemos añadir, además, una casi constante (salvo que seas latifundista): vas a elegir la autoedición como primera vía o, en el mejor de los casos, co-edición.

NOTA: No digo que sea imposible tocar a una editorial que sufrague ciertos gastos, pero hay ríos de tinta al respecto. Informaros antes, please.

Y en el asunto que nos concierne, en el del 40/60, esta casi constante, ¿qué implica?

Más aprendizaje, mucho más ensayo-error y una cantidad bastante considerable de destrucción paulatina de ego (si no lo tienes a raya). Por eso debes tener disciplina, organización y un sistema, para cuando la musa, o el muso (Hans Zimmer me ha robado el corazón), no estén para entregarte sus alas.

El mínimo de organización

No. No vale con tirarse una mañana organizando tu Google Calendar (si eres un viejenial, como yo), tirando de excel, de bullet journal (que es muy bonito, más si lo llevas al día) o del sistema de organización que acabes de descargar en la App Store.

No. No basta con tener un contador de palabras.

No. No basta con tener objetivos, micro objetivos, nanoobjetivos y picoobjetivos.

No. No basta con apelar al espíritu de la musa en el último segundo (no es un attachement válido, lo siento).

Tienes que saber qué vas a escribir, qué vas a leer, qué vas a corregir y qué vas a compartir en las RRSS. TODOS LOS DÍAS.

Y si no eres capaz de cumplir ese mínimo. Lo siento, no tienes el nivel de organización suficiente para enfrentarte a la escritura de manera profesional (o para ganarte las habichuelas).

¿Y si siento que escribir es lo mío? ¿Y si sé que es a lo qué me quiero dedicar? ¿Y si estoy convencid@ de que soy el/la mesías que el mundo necesita?

Up to you (que significa nos vemos en el bar de siempre: el de Cheers)

Llegará un día que te levantarás, después de una mala noche, o una buena (pero con malas decisiones puntuales). Y tendrás que cumplir uno de de tus picoobjetivos. Y no lo cumplirás. porque ese día no estás para fiestas. Y tampoco leerás nada, porque te duele la cabeza como si te hubiese pasado un batallón de espartanos con calzoncillos nuevos (y ajustados) por encima. Y tampoco pasarás por las RRSS, porque para lo que hay que ver, mejor me quedo en mi mundo analógico. Y pondrás Netflix. Y, al final del día, te habrás pulido la temporada 3, de veinticuatro capítulos, y tendrás 0 palabras escritas, 0 corregidas y 0 aportación a lo que has decidido que sea el motor de tu vida (sí, el que debe traer billetes verdes al hogar).

Esto pasa, más a menudo de lo que crees.

Tienes organización cuando tienes un objetivo, cuando tienes una agenda, cuando tienes las herramientas adecuadas. Pero…

Eres consciente, cuando has tenido un día como el expuesto y sabes que acabas de restar algunos euros a tu cuenta corriente (la del futuro y la del presente).

Eres responsable, cuando, además, al día siguiente te levantas pronto, hincas los codos, desconectas el wifi y te reprendes por ser débil y despreciable.

Y, eres mínimamente organizado, cuando después de haber tenido un día horrible, pones los medios para que no te vuelva a pasar (o que te pase muy de ciento en viento).

Eso implica:

Conocerse a uno mismo y saber qué necesitas mejorar y qué necesitas reforzar.

Estar preparado para reconocer que hay mucho que aprender y que, en algún momento, habrá acontecimientos que te superen (por mucho).

En mi cabeza pintaba bien

Estar mentalizado de que escribir incluye procesos que no son nada divertidos (no creo que nadie se haya hecho autor por que adore corregir), pero que son tan, o más, esenciales que el propio acto de pulsar teclas como un maníaco.

Ser consciente de que el 99% de los días escribes mierda (y el otro 1% es mierda que descubres años más tarde, cuando has mejorado lo suficiente).

Tener presente que ese 99% de arriba, hay que corregirlo, y, como es basura, te va a llevar más de un 60% de tiempo convertirlo en decente.

Y con todo esto sobre tus hombros, saber que ESE es tu día a día, y que aún así estás preparad@ para afrontarlo.

Eso es ser mínimamente organizado.

Es probable que penséis que exagero, pero ese es el camino que he descubierto para disfrutar realmente de escribir: comprender que el día estándar implica mucha más fuerza de voluntad que talento. Para que cuando llegue el día malo, solo sea un día más, una parte lógica y necesaria de tu nuevo oficio, una nueva oportunidad para mejorar y aprender de tus defectos.

Y si aún no te lo crees. Dime, ¿conoces algún escritor o escritora que vida de escribir y que no se deje la vida en ello? (Conocer significa tomar café con él o ella, no vale seguirle en Twitter). Pues eso.

Escribir es maravilloso, es un gran oficio, pero tiene unas condiciones bastante concretas y una de ellas es que seas capaz de organizarte. 

La otra ya la conocéis de sobra…

¡Nunca dejéis de escribir!

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