Cómo perderte a la deriva al escribir

El otro día hice mi peor partido de la temporada (juego a baloncesto, en plan amateur). Cuando terminó el encuentro, me quedé un rato sentado en el banquillo (mientras los del siguiente partido pensaban: ¿quién es este señor con canas?), pensando en qué era lo que había pasado, en qué tenía que mejorar para que no volviese a pasar lo mismo.

Me levanté del banquillo, cuando el siguiente partido ya iba por el tercer cuarto, y las conclusiones se basaban en comparaciones y en sugerencias de mejora en cientos de puntos.

¿Y todo esto qué tiene que ver con escribir, amigo?

Pues casi todo (si no eres Stephen King o similares, porque ya estás en la pomada).

Los escritores tendemos a compararnos y, la gran mayoría de veces, vagamos con la vana esperanza de encontrar qué es lo que falla o dónde nos hemos pasado la bifurcación.

Escribir es solo un verbo —uno sobrevalorado de hecho—. También existen respirar, comer o hacer guiños que, además y a diferencia de escribir, tienen un objetivo muy claro: sobrevivir.

Escribir es aporrear teclas o fastidiar a los quiroprácticos con tus extrañas lesiones por tomar notas como un energúmeno. Solo es eso, pero es jodidamente difícil de perfeccionar.

No hay ningún arte mejorable en respirar (salvo que te dediques a la apnea o al yoga), tampoco lo hay en comer (quizá sí en degustar) y, desde luego, hacer un buen guiño tiene su truco, pero incluye otros verbos complementarios (vestir, peinar, echar cremas que te hagan brillar el cutis, cerrar la boca, etc.).

Escribir tiene todos los componentes de problema de física irresoluble.

Hay tantas cosas a tener en cuenta para un verbo de ocho letras, que dan ganas de darse de cabezazos contra la pared. Pero gracias al genio humano, vivimos en la era de internet y toda la información está a nuestra disposición. ¿Que suerte verdad?

¿Os suena?

Hay demasiada información y no toda guarda relación con la calidad. Todos sabemos que en internet hay mucha paja y hay que encontrar las agujas. Pero cuando las encuentras, tienes que tener cuidado, para no pincharte.

Han pasado dos años desde que escribir es mi profesión (el hábito no hace al monje) y tengo la misma sensación del principio: voy a la deriva en un océano demasiado grande.

Me pasa cada vez que repaso uno de los textos que ya he escrito. Siempre descubro que no he tenido algo en cuenta.

Al principio era la ortografía: los signos de puntuación, las reglas para la escritura de novelas (guiones largos, comillas latinas o inglesas, sangría de los párrafos, puntos entre guiones y un larguísimo etcétera) y las malditas tildes de las preguntas indirectas.

Más tarde llegó el estilo: las frases largas, las palabras que dicen más de lo que deben (esos adverbios acabados en -mente), los malditos gerundios, las cacofonías, la escasez verbal, la falta de ritmo, el exceso de ritmo.

Y no quedó ahí, faltaba hablar de personajes, de diálogos, de mostrar y no contar (o de no olvidarse de contar cuando hay que hacerlo), del efecto bruma del lector, de los climax, los desastres y la increíble levedad del ser.

Por cada aspecto de la escritura hay cien artículos que te cuentan cómo tienes que hacerlo, y otros cien que te cuentan cómo cagarla.

Dedicándole un rato a algunos de esos artículos, también se llega a dos conclusiones:

  • Envidia contenida, admiración y auto-compasión, porque son artículos trabajados al detalle y reflejan la cantidad de camino que queda por delante.
  • Un ligero poso de que, ahí detrás, hay algo más que talento y experiencia (seguramente horas y horas de ensayo y error).

Volvamos al partido…

He fallado todo lo fallable, me he ido con cuatro faltas y además nos han metido la paliza del siglo. Es verdad que el equipo contrario era mejor colectivamente, pero estuvimos a punto de ganarles la vuelta anterior. ¿Se conocen mejor? ¿Son más listos? Y entonces (cuando ya me había duchado) me di cuenta: tenían un plan y lo ejecutaron hasta las últimas consecuencias.

Todos los autores de cierto éxito tienen un plan (salvo G.R.R. Martin que es freestyle). A veces más claro y a veces más difuso, pero lo tienen.

Y tú tienes que tener un plan si no quieres perderte en las infinitas corrientes del escritor. Eso es lo único que he aprendido de verdad en estos dos años.

Todos los planes basan su premisa en un objetivo concreto; en una meta definitiva. Eso no significa que no existan planes utópicos: como escribir bien. Pero con eso en la cabeza uno se puede plantear un esquema de cosas que tiene que ir haciendo, antes de alcanzar la ambrosía.

Puedes tener tantos objetivos como quieras, pero tienes que tener un plan para cada uno de ellos.

Los planes no son infalibles y tienen que ir cambiando y adaptándose según las circunstancias, pero tienen la ventaja de que señalan los puntos débiles.

Madagascar siempre me ha resultado demasiado sospechoso.

Y, esta vez sí, internet se puso a nuestra disposición para decirnos que siempre hay OTRO al que le ha pasado lo mismo antes que a ti (lo de yahoo respuestas es para echar un par de tardes). Cuando hay muchos OTROS que han pasado por una situación, hay UN@ que decide tomar cartas en el asunto y crear una herramienta; a veces una guía, a veces un directorio, a veces una aplicación. Y es entonces, cuando puedes coger ese extra de experiencia y adaptarlo a tus necesidades.

Warning: No te quedes con la primera solución de Google. Más arriba no significa mejor (significa mejor marketing SEO).

Hay infinitas herramientas, y la elección es uno de esos temas que te hace derivar, por eso creo que es bueno recurrir de nuevo al plan y echar un vistazo a la lista de debilidades y compararlas con el objetivo.

¿Quieres escribir una novela en menos de un año?

Está claro que vas a necesitar muchas horas, mucha paciencia y una buena botella de lo que sea que te guste, cuando tu ego reciba el puñetazo al darse cuenta de que tu primer borrador (creado en tiempo récord de seis meses) es una mierda grande y maloliente.

Quizá hay que empezar por algo menos ambicioso: ¿cuánto eres capaz de escribir en un día? ¿Cuántas veces eres capaz de escribir “cosas” en una misma página?

Esas lineas de debilidades deberían salir del primer punto de tu plan: ¿Unos ejercicios para escribir más rápido? ¿Un diccionario de sinónimos? ¿Un pequeño curso de técnicas literarias? ¿Un libro de cómo describir emociones?

Tú haces el plan, tú decides. Pero céntrate o la resaca te arrastrará mar adentro. Ten un objetivo definido y pon las piedras para que sea efectivo:

1. Ponlo por escrito. Sí, tienes memoria eidética; nunca olvidas un cumpleaños, un teléfono y pues recitar los veinte primeros decimales de pi. Pero hazlo como medida para inculcarte un hábito saludable de escritor pro.

2. Busca y utiliza varias fuentes. ¿Sabes por qué TripAdvisor es la leche? Porque no se puede engañar a 115 usuarios que dicen que ese restaurante de 50€ el cubierto, tiene un servicio nefasto. No te quedes con la primera info que encuentres y contrasta.

3. Prueba, pregunta y aprende. Hay un tiempo para cada paso, pero la capacidad de aprovecharlo al máximo depende de cada uno. Utilizar cosas como foros, formularios de contacto o la linea directa con los creadores de las herramientas (os sorprendería la de veces que esto es posible), son oportunidades que más tarde son difíciles aprovechar.

4. Ensayo-error. De nada sirve conocer una nueva herramienta o aprender una nueva faceta , si no lo llevas a la práctica. Y ahora es un gran momento para los formatos reducidos.

5. Compara. Sé que Jaume dice que no lo hagamos, pero hazlo, por lo menos con lo anterior que has escrito, para saber si ha merecido la pena (seguro que sí).

6. Vuelve al punto número 1. Siento decirte que esto no acaba nunca.

No se le podía haber ocurrido al Fauno poner un puñetero ascensor, no.

Este sistema no va a evitar que cometas errores. No va a impedir que gastes seis meses en un curso de técnicas narrativas en inglés, para darte cuenta al final que hubiese sido más fácil hacerlo después de aprender el idioma.

Pero lo que seguro que va a hacerte cometer errores es NO tener un plan.

Pensar que escribir depende del talento y la inspiración, es el primer paso para perderte en las corrientes infinitas del océano del autor.

Así que…

¡Nunca dejéis de escribir!

Pero tened un plan preparado…

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