El ego de la narrativa

Evaluar el trabajo de uno mismo es un ejercicio que se debería hacer a menudo. Lo intento hacer cada tres meses y, como norma no escrita, cada vez que termino de escribir algo (algo incluye una cantidad increíble de mierda).

Veamos.

  • Me dedico a escribir. Bien, eso me define como escritor (aunque estoy seguro que para muchos no tengo los galones suficientes).
  • Llevo dos años tratando de sacar mi primera novela (que ya ha empezado dos veces y ha cambiado otras dos de formato).
  • En ese tiempo he escrito una cantidad bastante considerable de palabras (la potencia sin control…)
  • De esas muchas palabras han salido cuatro historias completas (dos de ellas superan las 150 páginas; y otra digamos que es de largo recorrido…) para proyectos gamificados (que para los escritores de raza no cuentan porque no sale mi foto en la contraportada).
  • No cuenta, pero lo digo para que costé en acta. He participado en los dos últimos NaNoWriMo con relativo éxito (dos novelas cortas que creo que nunca saldrán de Scrivener).
  • Aparte he escrito bastantes post (no solo para mi blog), he reescrito algunas páginas web, he redactado artículos y he realizado unos cuantos guiones (para asuntos en los que un guión no es lo habitual).
  • También he dado formaciones. Sobre la vida, en su mayor parte, pero también sobre temas menos místicos.
  • Nada de lo que he hecho se aproxima a la definición de original.
  • ¡Ah! No tengo talento.

Puede que necesites escribir, incluso que quieras. Para sentirte bien, porque tengas que hacer un trabajo, porque sea tu profesión o porque necesites la escritura como parte de algo más grande. Sea cual sea tu situación, las reglas son las mismas y los factores que aplican también. Por eso déjame compartir algunas de mis revelaciones.

Si escribes, eres escritor/a

Antes de que fardes delante de todos tus conocidos (decir que eres escritor mola. Hasta que te llega la cuota de autónomos), te advierto que todo oficio tiene sus derechos y obligaciones. Te resumo las más importantes.

  • Derecho: todo escritor es libre de crear lo que le venga en gana.
  • Obligaciones: todo escritor deberá cumplir las normas mínimas de decoro y respeto.

Da igual que tengas que redactar el proyecto de fin de carrera (sobre copépodos de litoral, por ejemplo), que estés implicado en la creación de la nueva actualización del BOE o que estés terminando la última novela de tu heptalogía de troles del tesoro. Las normas son las mismas para todos y la caverna de autores con galones te observa (sí, a ti también Belén Esteban).

Disfruta de tu estatus de creador de contenido (de cara a la galería eres un bohemio), pero te aviso: no hay palabras erróneas sino mal utilizadas.

Receta para una escritura básica de mínima calidad:

  • Masa de ortografía (Sí, my friend, eres escritor y has de escribir en condiciones. Aunque seas de esos que opinan que deberían eliminar la b).
  • 1 vaso grande de sinónimos.
  • 1 cucharadita de normas de puntuación (Conocí hace un tiempo a punto y coma y dos puntos, y son unos tipos fantásticos).
  • 200 gramos de pequeñas y sencillas normas de estilo. (Estas son las que más útiles me han resultado).
  • 1 pizca de sentido común (no es fácil conseguirlo, pero le da un toque a la receta).

¡Ah! Que se me olvida. El mimo y el cariño funcionan muy bien con la escritura, pero la perseverancia y la resistencia a la frustración son más necesarias aún.

Y por último, te recuerdo que a nadie le sale bien una receta a la primera. A nadie. Estoy seguro de que dirás que te ha salido muy bien, que tienes un talento natural para la cocina lingüística. Hazte un favor y dale a probar tu plato a otro (preferiblemente un desconocido). Luego no digas que no te lo advertí.

No eres original. No tienes un talento especial. 

Es mejor que empieces por aquí. Eso te ahorrará un montón de quebraderos de cabeza más adelante.

El primer borrador de mi novela (sí, esa que lleva dos años pululando. Más de siete en cocinas, ¡eh!) estaba tan llena de clichés, errores de novato y de baja calidad estilística, que cuando me paro en él aún me sonrojo. Lo más gracioso es que me pasará esto mismo dentro de unos años cuando lea este mismo artículo. Estoy seguro.

Si hablamos de ego, lo primero que debes aceptar es que cualquier cosa que se te pase por la cabeza, ya se le ha ocurrido antes a alguien.Te lo juro.

Cada día estamos sometidos a miles de estímulos diferentes. Modas, clichés y tendencias. Nadie se salva de vivir en el mundo. Y eso afecta a lo que escribes.

Si estas probando con la fantasía oscura habrá algo que recuerde a Juego de tronos. Si estás terminando tu proyecto de fin de carrera no podrás evitar utilizar dobles sentidos, porque eso es lo que mola hoy en día. Y sí estas tuiteando no pararás de pensar que poner detrás de la dichosa #. En la escritura se le da demasiada importancia a la originalidad y ésta no tiene porque venir de la premisa (la idea primigenia), puede provenir de tu estilo, tu habilidad para narrar, contar a describir; o por una extraña sucesión de acontecimientos que le otorgan a la estructura de tu escritura un toque especial. Lo más probable es que nada de esto suceda.

Lo más lógico es que seas uno del montón. Lo más sensato es pensar que siempre hay alguien que lo hace mejor que tú. Lo normal es pensar que un escritor es alguien que escribe (no un mago que crea mundos de fantasía para el resto).

Por eso lo más importante a la hora de escribir es…

Fallar-escribir-volver a fallar

A Rowling (la de Harry Potter) le rechazaron trece editoriales. Daviz Muñoz (el cocinero de cresta que está casado con la Pedroche. ¡Toma salseo!) dormía en la cocina de su primer restaurante. Y todos conocemos la historia de Steve Jobbs.

Soy un firme defensor de la genética. Sé que por mucho que entrene jamás seré como LeBron James, pero eso también debe de saberlo un tío como Facundo Campazzo (mal nombre, mala estatura. Campeón de Europa). Estoy seguro de que Rowling había leído a Tolkien, y que pensaba que jamás estaría a la altura de semejante animal. Y aún así escribió sus libros.

Este es uno de los axiomas que rigen el mundo. Puede que tengas la suerte de ser un one-hit-wonder, pero harías mejor en prepararte para pegarte horas y horas delante de la pantalla, sin que salga nada potable de tus dedos. Es más sensato y, a la larga, mucho mejor.

Eso no quita que…

Hecho es mejor que perfecto

¿Qué es la perfección?

Una mierda inventada para que las empresas puedan despedirte por bajo rendimiento.

Yon Salgado. Un día de furia.

La perfección es un elemento tan subjetivo que se cae por su propio peso. La próxima cena de amigos tratad de poneros de acuerdo en cuál es la mejor película de todos los tiempos. ¡Hala, a la mierda la perfección!

No vas a encontrar el Santo Grial. Entonces deja de buscarlo. Si consigues un par de pistas, pasar un buen rato y contarle una buena historia a tus nietos será más que suficiente.

Este es uno de los argumentos que utilizo en mis formaciones sobre la vida: está en nuestras manos aportar nuestro granito de arena, pero no hacemos nada guardándolo hasta que sea de color rosa (porque el silicio no se transforma en rosa, creo).

Tarde o temprano tendrás que presentar el trabajo de fin de curso. Publicar el nuevo BOE y esperar la crítica de la oposición (que ya sabías que venía con el cargo). Lanzarte al vacío con tu nuevo y polémico post. O…subir ese video en el que argumentas por qué la humanidad debería dejar de existir.

Sabes que a alguien no le va a gustar. Que va a haber críticas. Pero de eso se puede aprender.

Tu ego es capaz de soportarlo y tu habilidad lo agradecerá.

Aunque…

No deberías pensar siempre en lo que dirán los demás

Escribir tiene normas. Es una especie de arte individual en la que nadie puede decirte dónde se esconde la llave del éxito (aunque lo digan). Incluso si das con el Santo Grial siempre habrá alguien a quién no le gustes. Por eso es esencial que dediques una gran parte del tiempo a escribir. No puedes utilizar ese tiempo tan precioso en defender tus ideales en las redes sociales, hacer campañas en favor de tu originalidad o pelearte porque fulanito no entiende qué quieres decir en el quinto párrafo.

¡Ojo! No me malinterpretes. Siempre deberías tener un ojo sobre lo que se mueve en el mundo. Pero no te olvides que al principio me constaste que necesitabas (y querías) escribir. Guárdate un espacio personal y haz eso mismo: escribir.

Estás son mis revelaciones. No las únicas y, desde luego, no las infalibles. Pero creo que cualquiera que entienda estos cinco preceptos, estará en disposición de dedicarse a escribir y poder hacer algo con ello.

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