El cielo de piedra

Essun ha abierto el portal de los obeliscos. Con gran precio a pagar: Alabastro y, sobre todo, Castrima. Eso sí, ahora podrá centrarse en buscar a Nassun. O no, porque Nassun también ha estado tomando sus decisiones.

Esta vez, más que nunca, debo señalar que una reseña no deja de ser una opinión subjetiva sobre una obra concreta. Digo esto porque, aunque no se puede negar la espectacular construcción de la trama y el mundo de La Quietud, no he terminado de entrar nunca en la saga. 

Me da un poco de pena, porque el mundo lo merece, la trama lo merece y, con total seguridad, los personajes (y el mensaje sólido que envían) lo merecen.

Hace unas semanas hablaba con unos compañeros sobre el “paladar” que uno hace cuando se especializa mucho en un hobby. Tengo muy claro el tipo de películas, videojuegos y series que me gustan (y suelo fallar muy poco en las elecciones). Con los libros siempre me he tenido como una especie de primera espada de la ciencia ficción, pero con cierto tipo de aperturismo a otro tipo de obras. Y con el tiempo, me doy cuenta que mi paladar literario está mucho más hecho de lo que creo.

Disfruto con las historias basadas en personajes, no tanto grandes tramas. Disfruto con historias de superación (lo del hopepunk me va como anillo al dedo). Y sufro bastante con novelas muy crudas o que tienen como pilar el daño o la faceta más vil del ser humano. Al margen de temas personales, es como siento que encajo en la literatura.

La trilogía de La tierra fragmentada es una historia de personajes, de superación y, aunque es cruda y siempre tiene presente la característica dañina del ser humano, no es específicamente explícita. ¿Cuál ha sido el problema, entonces?

La construcción de La Quietud es espectacular. Un mundo devastado, que a cada libro de la trilogía muestra más de ese origen catastrófico. Que página a página introduce una historia cada vez más oscura y más lógica a su vez. Que desvela sus secretos a la misma velocidad que sus protagonistas descubren los suyos. Y que, en último término, revela la realidad en un cambio medido y muy trabajado.

Lo mismo ocurre con los personajes. Una envidiable mezcla de personajes en diferentes fases de superación, destrucción, catarsis u ocaso. Todo con un sentido claro y medido al milímetro. Protagonistas que no son las mismas que empezaron y actores secundarios que cambian de cara para mostrar la verdadera al final. Un clinic sobre cómo deben ser los personajes tridimensionales.

Y una historia ambiciosa. Una forma arriesgada de contar el ciclo de un mundo literario. Un tratado de historia diferente, que te lleva de la mano de unos actores principales no demasiado habituales.

La Tierra Fragmentada empieza como fantasía, para terminar siendo un híbrido con muchos más sensores y ciencia que magia incomprensible. Otro de esos ejemplos, premiados, de que la ciencia ficción y la fantasía pueden ser buenas amigas.

Y, sin embargo, y como ya he dicho al principio, no he conseguido entrar en la saga (sobre todo desde la segunda entrega).

Creo que una de las cosas que me está revelando mi “paladar” es que el estilo de una novela, la forma en que los hechos llegan a mi cerebro, importa. No de la manera que le importa a un núcleo bastante grande de lectores y que les aleja, con cierta lógica, de obras poco conocidas o autopublicadas. No me importa si la obra no está especialmente bien escrita (no es el caso, ni de lejos, de N.K. Jemisin). No me importa si la forma de contarlo me llega.

Me suelen gustar los narradores más clásicos: el omnisciente en tercera persona. Puedo disfrutar con un narrador en primera persona. Pero no he sabido sacarle el jugo al narrador en segunda persona de Jemisin. Me ha costado empatizar y sentir como propio los sentimientos y vivencias de las gentes de La Quietud. Y quizá era una jugada premeditada. Una forma arriesgada de evitarte tomar partido en un sentido u otro. Porque el narrador es, premeditadamente, neutro (aunque luego no sea así).

Mi paladar necesita sentirse parte de la historia.

Y también me ha costado la mezcla entre historia grandilocuente y las pequeñas cosas de la vida. La forma en que Jemisin quiere que conozcas a Nassun y Essun parte de la importancia de su presencia para el poso de la trama, pero desde la decadencia de su propio mundo y su ineficacia como seres individuales.

Se me ha hecho un poco arduo conocer cada detalle de la supervivencia, cada pequeño matiz de la personalidad de las protagonistas, para terminar en un órdago en el que ambas tienen que omitir todos esos detalles en favor de una sola solución épica.

Es posible que todas esas decisiones de N.K. Jemisin, todo ese riesgo, le hayan servido para ganarse los premios. Pero, si me preguntan a mí, es una buena trilogía en concepción, desarrollo y trama, que se me ha hecho extremadamente dura de leer.

“真知的蓝天总被迷雾所笼罩,只那一瞥” by POPOEVER is licensed under CC BY-NC-ND 2.0

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