El Cosmos Largo

Joshua ha entrado en la tercera edad. Mal asunto para un tipo que gusta de largarse a dar paseos por mundos donde cualquier cosa te mata. Pero la naturaleza personal es muy difícil de dominar. Al fin y al cabo la experiencia es un grado, dicen. Mientras tanto la Tierra Larga recibe un mensaje, de esos que no abres si te llegan al mail: ¡UNÍOS A NOSOTROS!

Cuando cierras el libro de la última entrega de una saga los sentimientos afloran. Lo habitual es que lo hagan en dos sentidos contrapuestos: alivio o pena. Pena porque es de lo mejor que has leído (y lamentas que termine y que la autora o autor no haya pensado en ti, desalmados) o alivio porque se te estaba haciendo bola (pero hay que terminar lo que uno empieza). Con La Tierra Larga siento un poco de ambos. Y eso hay que analizarlo.

Casi todas las sagas son irregulares. Lo suelen ser, casi siempre, por los personajes. En una historia en la que intervienen muchos protagonistas es fácil tener favoritos y cuando la historia no va de ellos, la ilusión se va por el desagüe. Pero también puede pasar con las múltiples tramas. La Tierra Larga está llena de tramas. Algunas son muy interesantes y otras no tanto; y esto cambia de un lector a otro.

En este caso, me da cierta pena porque creo que esta saga es un acercamiento bastante friendly a la ciencia ficción. Tiene las dosis de ciencia suficiente para ser interesante pero en ningún momento se hace pesada. El problema radica en que algunas tramas científicas rozan, quizá demasiado, la serie B. Las expectativas, en este sentido, no ayudan. Cualquier lector asiduo a Pratchett o incluso a Baxter (un tipo al que se le ha llegado a comparar con Arthur C. Clarke), va a esperar grandes cosas. No medias tintas. Y en La Tierra Larga hay muchas medias tintas y demasiados saltos en el tiempo que no facilitan el tránsito entre medianías. 

Lo que podía haber sido una de esas sagas fáciles de leer, se convierte en un especie de elige tu propia aventura sin pretenderlo.

Por otro lado pienso que es una saga que puede enseñar muchas cosas, sobre todo a aquellos que se dediquen a escribir ciencia ficción (como trato de hacerlo yo). Hay desarrollos brillantes, pero también hay un compendio de motivos por los que una editora o editor van a pasar de largo de tu manuscrito.

Esta última entrega, El Cosmos Largo, es un buen ejemplo de esta argumentación. Por ejemplo, el cierre del bucle de la ciencia detrás de La Tierra Larga y su origen, es elegante. Quizá no demasiado brillante, ni especialmente redondo, pero elegante por lo menos. Cierra uno de los interrogantes principales de la saga y lo hace de una forma lógica y digna. Sin embargo, no ocurre así con los personajes (uno de los fuertes de Pratchett); en casi todos los casos tienen un final bastante pobre o no acorde con el perfil que se ha dibujado de ellos a lo largo de la saga. El papel de Joshua, Lobsang o Sally Linsay en esta última entrega es poco más que penoso. Un sabor agridulce (más agrio que dulce) para unos protagonistas que bien merecían un epitafio en condiciones.

Quizá el problema más imperioso de la saga es que deja demasiadas brechas abiertas (nunca mejor dicho). Una miríada de incógnitas que no se van a resolver (y mientras lees te das cuenta) y que te van a dejar con la miel en los labios. No es algo raro de ver en sagas (a ver cómo solucionan Rothfuss o Martin los líos en los que se han metido, por ejemplo). Pero es cierto que es mejor dejarlo claro que jugar al gato y al ratón con el lector. Baxter y Pratchett pensaron que varios guiños y cameos a las vacas sagradas del género servirían para paliar ese vacío. Pero creo que ha sido una apuesta demasiado arriesgada.

Después de todas estas quejas (subjetivas y solamente sostenidas por mi criterio) debo decir que sí hay una cosa que la saga hace bien: entretener.

¡No perdamos de vista que ese es el objetivo principal de cualquier novela!

El objetivo no es ser científicamente riguroso, ni ser un adalid del estilo, ni siquiera tener una saga equilibrada a cada momento. Si hubiese tenido todo eso, La Tierra Larga habría sido, sin duda, una de esas sagas para la historia.

Pero solo entretiene. Y eso ya es bastante bueno.

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