El Marte largo

Joshua, Sally y Lobsang están ocupados. Por lo de Yellowstone, sí, pero la singularidad de la Tierra larga no iba a tardar en dar resultados extraordinarios. Más de los que nadie esperaba…

Quien mucho abarca, poco aprieta. Este refrán, sacado del saber popular español, es una buena definición de lo que rodea a esta saga. La refrescante y brillante promesa que ofrecía La Tierra larga, se quedó en un globo desinflado en La guerra larga. Se podría discutir si era necesario dejar de lado la especulación y posibilidades infinitas, para hablar de política. Yo creo que sí, pero sin dejar de lado la búsqueda de incógnitas que tan bien le hizo a la primera entrega.

Parece que El Marte largo recupera la fuerza de la maravilla de los mundos infinitos. Se retoman las teorías inverosímiles y el encuentro de más, y se intuyen mejores, enigmas que resolver por los carismáticos personajes y el extraño Lobsang (el personaje mas mundodisquero).

Precisamente, una de las fuerzas de esta saga es mantener a los personajes. Y quizá es una de sus limitaciones más poderosas, también. Los saltos temporales, cuando la premisa de una saga es ver qué ocurre en el largo plazo, pueden ser un impulso importante para la trama. Saltar doscientos años en la premisa de la Tierra larga haría volar las posibilidades a cotas insospechadas (algo así como lo que propone Liu Cixin en su trilogía). Pero ese no es el estilo de Pratchett (ni, supongo, el de Baxter). Todo lo que sucede en la Tierra larga está unido, irremisiblemente, a Joshua, Sally y Lobsang, principalmente. La pregunta es si el carisma de estos protagonistas puede soportar el peso de la promesa de la ciencia ficción.

Creo que en La guerra larga fueron muy superados por una política en la que poco tenían que decir. Los personajes de Black y el presidente no tienen el calado de los villanos excéntricos y buenos, a su modo, que son característicos de la firma del escritor inglés. Lo que hizo que la descarga de especulación quedase demasiado al descubierto. En El Marte largo se vuelve a la velocidad de crucero de los descubrimientos de la mano de la brecha. Ese gran agujero de la continuidad de las multi Tierras, que permite empezar a pensar en los viajes espaciales como nunca antes. La simple presencia del desarrollo de esa subtrama ya merece la pena. No llega tan lejos como uno espera, pero es suficiente para esperar a los siguientes libros.

Sin embargo, no es la trama principal. De nuevo, la humanidad de Pratchett inclina la balanza. La aparición de una nueva raza de super humanos tiene sentido, quizá la teoría de los cruzadores naturales sea muy precaria, pero es suficiente para plantear un nuevo escenario. La resolución, sin embargo, me parece insatisfactoria. Cabe esperar que en próximos títulos de la saga volvamos a ver a estos super humanos,  pero es un warning a tener en cuenta.

Más allá de las dos tramas principales, la novela se centra en ahondar en las posibilidades que sigue ofreciendo la Tierra infinita y, ahora, el propio Marte. Si has llegado hasta esta tercera entrega no vas a sorprenderte demasiado, hay un par de teorías interesantes, pero no alcanzan la brillantez de la primera entrega. Lo que realmente le da fuerza a esta tercera novela es la promesa de lo que está por venir. Más que una promesa es una declaración de intenciones. Ya que sí en la segunda entrega todo eran promesas incumplidas, en esta tercera se empieza a ver que hay algo entre bambalinas. Muchas lecturas de segundo plano, típicas de las novelas de mundodisco.

Si con La guerra larga me quedé con un poso amargo, El marte largo me impulsa a querer seguir con la saga. Tengo miedo, porque La utopía larga suena a una nueva entrega más política y menos científica, pero no vendamos la piel del oso antes de cazarlo.

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