El nuevo contexto y el futuro cercano

Dos años no son suficientes. No para hacerse una verdadera composición de lugar de cómo son las cosas, aunque es posible entrever algunas.

No soy muy partidario de las revelaciones, aunque soy de los que piensa que cuando se tiene un flahazo ya había algo que rondaba los canales sinápticos y que solo necesitaba un último estímulo para que la idea saliese a flote.

Desde que empecé el blog he tratado de tener una visión amplia, hasta donde me permitiese mi limitada experiencia y mi inclusión en un nuevo contexto del que conocía muy poco o nada.

Quizá el estímulo que ha originado la cascada de acontecimientos ha sido el viaje a Canadá, porque viajar te enriquece, dicen. A mi me ha servido, por lo menos, para aclarar un par de cositas.

El nuevo contexto

Hablemos del antes de, del mío.

Siempre me he considerado un lector más o menos solvente, de los que leen entre veinte y treinta libros todos los años y que no solo lo hacen en verano. Pero no soy escritor, no aún, aunque esté intentando hacer algo con eso en estos momentos.

Antes de meterme a ese berenjenal, un escritor era un señor o una señora que llevaba toda su vida dedicándose a escribir y que, de algún modo, había saltado a la palestra y ahora vendía libros y escribía en periódicos y en el País Semanal (si era nacional). Imaginaba que esa gente no salía de la nada y que en algún momento fueron nadie, pero por algún motivo obviaba la evidente presencia de gente, muchísima, que no conseguía llegar hasta el último peldaño, en diversos grados.

Ahora sé que hay muchos niveles de autores, no solo noveles y veteranos. Y que casi todos son desconocidos.

Es decir, cuando decidí cambiar de oficio lo hice a uno en el que el modelo del Iceberg se queda pequeño.

IcebergAhora tengo un poco de información para explicar y reflexionar al respecto de ese pedazo de hielo.

¿Qué tenemos sobre la mesa en nuestro país?

Talento en cantidades ingentes. Eso es innegable.

Lo pude vivir en el Festival Fantástico de Fuenlabrada y lo he podido intuir (porque no he podido estar) en el Celsius (con figuras estelares como Leckie o Abercrombie, entre otros).

Lo he podido probar en los quince libros (hasta el momento) que he leído este año de autores nacionales (ninguno escribe en el País Semanal).

Lo he podido tocar con las manos con el primer número de la Revista Windumanoth (con la que estoy deseando empezar a colaborar)…

…y lo vivo cada día, cada vez que entró a leer un post de cualquiera de los bloggers que sigo, admiro y que, por desgracia, tienen que hacer malabarismos para mantenerse ahí (en casi todos los casos).

Estas son algunas de las cosas que se pueden observar cuando uno mete la cabeza en las gélidas aguas y mira a ver que hay por debajo del nivel del mar.

¿Pero es bueno o malo?

Como siempre digo, depende del prisma con el que lo miremos.

La pradera literaria española está llena de brotes verdes, eso es un hecho. 

Casos como el de Windumanoth solo pueden ser el producto de gente con muy buenas ideas, mejores dedos y una cantidad insuperable de energía y buena voluntad.

Al igual que pasa con el Celsius, abarrotado de nuevas plumas y algunas veteranas que tienen a bien compartir sus experiencias y decir eso de “si quieres (y te dejas la vida), puedes”.

¿Y qué puede decirnos todo esto sobre lo que nos espera más adelante?

Que tenemos que cambiar.

El Celsius en un superfestival, una referencia, pero los cabezas de cartel tienen apellidos que jamás pronunciaremos bien con nuestro inglés patrio.

Debajo de las superstar del firmamento hay magníficos teloneros, personas que se están dejando la vida (y seguro que gran parte de sus recursos) en hacerse un hueco en el panorama y sabedores (a buen seguro) que con una pequeña porción del pastel nacional (en manos de absurdamente pocos), les basta. 

Si queréis nombres solo hace falta que repaséis el programa (los que no estuvisteis) y ver el número de autores y editoriales que trataban de asomar la cabeza.

REPITO: todo esto para hacerse con una pequeña porción de espacio (nada de Stephen King, J.K.Rowling o Pérez Reverte, por poner un ejemplo de aquí).

¿Y quién tiene la culpa de todo esto?

Podría seguir a partir de aquí con un post ventajista (de los que tienen cientos de Likes y RTs). De esos que del incomprensible sistema impositivo a los autónomos, de por qué el top 20 de cualquier librería no tiene menos de cinco libros publicados por gente que ha pasado por el Sálvame Deluxe o cómo es posible que en nuestro país todo el mundo sea un entendido del tema cuando el 40% de los españoles no lee un solo libro al año.

giphy-62Podría, pero me conformo con este párrafo

Prefiero romper uno de los mantras que cualquier editor, asesor de autores o coach de nuevo cuño, recita con pasión (y con mucha razón): no sermonees a tus lectores

Deberíamos empezar a mirarnos más el ombligo y menos la mierda del vecino

Empecemos por mí: why not?

Es probable que pueda contar con los dedos de una mano los libros de autores españoles que había leído hasta este año (Reverte incluido). Por algún motivo sentía un rechazo infundado por los autores nacionales y ya no digamos de los que no estaban en el top 20 de las librerías.

Pero es la realidad. Todo lo que suene acabado en García o con terminación -ez suena a rancio, pastoso y viejuno. Y todo lo que tiene muchas k y es difícil de pronunciar suena a ambrosía y manjar de los dioses.

Imaginaos una versión de Too fast, too furious hecha por Almodóvar y os acercaréis al sentimiento del que os hablo.

¿Cuánto de ese sentimiento es culpa de lo que nos venden y cuanto está dentro de nosotros y nuestra escasez de miras?

El viaje a Canadá (del que os hablaba al principio del post como la catarsis que ha dado lugar a este post panfletario) ha sido productivo.

Canadá, o por lo menos Vancouver, es un gran lugar. Te subes al metro y no eres capaz de contar el número de nacionalidades y etnias que hay en un solo vagón. Si tuviésemos la capacidad de leer en el interior de las personas seguro que el número de religiones, opciones políticas o tendencias sexuales eran igual de numerosas y a nadie parece importarle lo más mínimo. Vive y deja vivir en estado puro.

Pero no todo son flores, arcoiris y mariposas (quien se haya paseado por Hastings con Main o haya contemplado una preciosa actuación policial canadiense seguro que sabe de lo que hablo).

Una cosa es lo que se ve y otra lo que hay debajo de la línea de flotación.

En Canadá son especialistas en decirle a todo el mundo que es bienvenido a su precioso y abierto país. Aún cuando solo se ofrecen 1200 visados para residir durante un año y conseguir una VISA permanente es dificilísimo.

En Canadá están abiertos a todas las tendencias e influencias, pero su radio, por ley, debe emitir un 35% de contenidos relacionados con su propio país.

En Canadá toda corriente literaria es bienvenida, aceptada y promocionada en su justa medida. El mismo espacio dedicado a la CiFi o la fantasía que a los cómics, novela romántica, de misterio o histórica. Eso sí, a la entrada todo lo relacionado con lo ideal que es ser canadiense y lo que te pierdes por ser de un país tercermundista (bienvenido, eso sí).

IMG-20170724-WA0008Déjate de un ensayo socio-político-bélico Indo-paquistaní y ven a leer mierda de la buena. Por aquí te explicamos lo que te pierdes por no tener sirope de arce.

¡Hala! ¡Pero qué dices, si todo el mundo dice que Canadá es de los países con mejor calidad de vida!

Cierto. Si queréis os pongo al aparato con un amigo que vive en Hamburgo (su mujer trabaja en Airbus, no se fue con una mano delante y otra detrás) o nos vamos todos a EEUU que está ahí en el top 10.

Ventajismos a parte.

En España somos famosos por nuestra solidaridad. Número uno en donaciones, en protestas sociales y de los pocos países en Europa en los que su parlamento no tiene ni un escaño ocupado por la ultraderecha.

Eso sí, todo lo que nos suene a patrio, también nos suena a casposo, pasado de moda y ¡arriba España!

Que no nos toquen a los palestinos, pero a los catalanes, andaluces, vascos, gallegos y manchegos (y su puñetero humor chanante) que les vayan dando viento fresco…

Aizkolaria_gasteizko_jaietanY esto lo dice un tipo nacido en Donosti, criado en Gasteiz y educado en las excelsas aulas de la UPV de Leioa (el de la foto no soy yo)

Las editoriales no quieren publicar a autores noveles nacionales porque no venden: que hijas de fruta (que me paso de tacos y el SEO se me va a la hez)

¿Cómo te vas a lanzar a autopublicar si nadie te ayuda si no es por un dividendo muy jugoso?

Pero…

¿Cuántos libros de un autor novel nacional has leído en el último año?

¿Cuántos has reseñado?

¿Y en cuántos de los que has reseñado, no has recalcado su falta de calidad por no parecerse a King, Rowling, Tolkien, Pratchett o Asimov?

Los anglosajones lo hacen todo mejor, siempre (ellos lo tienen clarísimo). Para nosotros es al revés, lo nuestro siempre es peor, más vago, más rancio y más cutrón.

Porque claro…

Nadie es profeta en su tierra

Refrán no utilizado, en absoluto, en ningún país de habla inglesa.

Así que quizá, y solo quizá, deberíamos dejar de llorar por las esquinas y empezar a pensar que puedo hacer YO para que lo que se atisba en el horizonte siga teniendo la misma pinta saludable que empieza a vislumbrarse y no convertirse en un eterno debate de qué es lo tolerante y coherente (¡qué hablamos de ficción!).

Mientras tanto….

¡Nunca dejéis de escribir!

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