El fin del imperio

Nadie entiende el Flujo. Cardenia se va a convertir en la próxima emperox y no entraba (ni de lejos) en sus planes. A Kiva Lagos le dan malas noticias cuando mejor lo estaba pasando. Y Marce Claremont sabe cosas que van a hacer que el imperio se vaya a la mierda, pero tiene una guerra civil a las puertas de su casa.

Scalzi en estado puro.

El autor tiene ese toque propio que hace ganadora a la novela desde el primer párrafo. No es solo el lenguaje barriobajero, las descripciones absurdas o los constantes guiños humorísticos en los pasajes “serios”. Hay más.

Scalzi maneja el tempo de la novela a su antojo. Sabe mover los hilos políticos como nadie y, además, tiene una habilidad especial para hacer que quieras a tipas y tipos de los que no serías amigo en la vida.

Scalzi sabe encontrar la tecla de la diversión.

Ahora viene la parte en la que leo más reseñas y las críticas, y respondo a la pregunta del millón:

¿Es merecedora esta novela, y no otras, de recibir premios? 

Nota: Quizá debería leer Redshirts (que creo que ha suscitado más polémica que esta) antes de poner sobre el papel mis opiniones, pero así es la vida.

Veamos.

La historia es simplona, más vista que los capítulos de Los Simpsons y, en realidad, no tiene demasiada ciencia detrás.

Un imperio que se desmorona y en el que los que manejan el cotarro (corporaciones en forma de familias influyentes. Nada nuevo en el horizonte) tratan de repartirse el pastel que queda y prepararse para lo que tenga que venir. 

Un sistema de transporte (el Flujo) que nadie entiende pero que sirve a la perfección para el propósito de conectar los diferentes nidos de víboras (tampoco nada especialmente novedoso).

Y un politiqueo constante que se divide entre pelotas, ególatras y un numero bastante considerable de gente sin escrúpulos.

Nada que no hayamos leído antes. Incluso peligrosamente cerca de convertirse en un cliché con patas. Y aún así, creo que es significativo, tirando de analogía facilona, que la academia haya premiado una peli de los Vengadores (pasará, y si no al tiempo).

Cada vez soy más ferviente defensor del entretenimiento como base de una novela. Para muchos de los profesionales del sector parece que esto es una blasfemia. ¿Cómo puede ser que un tipo que se carga todos los “ hábitos del buen escritor” se alce con galardones que merecen personas que “se toman el trabajo en serio”?

Pues creo que por eso mismo. Porque Scalzi se ríe en tu cara. Sí, en esa cara de “con lo que me he currado el worldbuilding y los personajes. Llega este tío, llena su novela de tacos, sexo, ni una pizca de ciencia ficción creativa y una historia sin enjundia, y se lleva los honores”. Pues sí. (Y seguro que conoce a personas, que conocen a personas, que conocen a otras personas que dan premios.)

Scalzi ha logrado coger todas las reglas de las Space Operas y darles la vuelta. Ha reunido a un grupo nutrido de cabronas y cabrones, los ha metido en una telenovela postsiesta, y el resultado consiste en que no puedes hacer más que pasar páginas y partirte de risa con cada diálogo y cada situación mortalmente seria, en la que te caes y te manchas los pantalones blancos del uniforme de verdín (o que se resuelve con un paseo por las artes sexuales).

Y me parece genial. Scalzi me hace reír, y aunque sea a mi costa, abogo más por este tipo de libros que por obras maravillosamente escritas, originales a más no poder, en las que no consigo conectar con la historia ni los personajes.

Por eso esto es una reseña y no una crítica formal.

PD: No le daría nunca un premio a una novela que forma parte de una trilogía o saga (pero por esa regla de tres no habría nunca premiados, creo).

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