Fundación e Imperio

Pues pintaba mal, pero Hari Seldon es mucho Hari (pronunciado Jari). Y en esas estamos. La Fundación está a punto de toparse con lo que queda del imperio. Seguro que alguno de sus militares la lía, porque los humanos somos muy de “pá chulo, chulo…”. Nada que la psicohistoria no pueda controlar. Solo que esta segunda entrega tiene dos partes…y la segunda tiene nombre de animal…¿se le fue la cabeza a Asimov?

Lógica. Es fácil decirlo ahora, setenta años después. También es tentador dejarse embaucar por la habilidad de tus procesos mentales. La sencillez con la que llegas a la misma conclusión lógica que el mago Asimov. ¿Y no será que el bueno de Isaac lo ha rodeado todo de fuegos artificiales que parecen hechos por ti?

Cuando leí por primera vez Fundación, no estaba pensando en estos términos. Incluso la segunda vez, bastante más mayorcito, me contenté con la magia de las letras. Pero esta vez he tenido tiempo para pensar y, de nuevo, quitarme el sombrero por la facilidad con la que Asimov te lleva por donde quiere llevarte.

Muchos han declarado que esta segunda entrega es la más floja, la que no cuenta nada especial, la obvia. Y quizá ese es el truco de prestidigitador: utilizar los juegos de manos para desviar tu atención del foco principal. Fundación e Imperio es una novela correcta, si se valora como ítem individual. No tiene la brillantez ni la solera de la primera, ni el cambio de paradigma de la última (adelantándome a mi propia reseña) y, sin embargo, hace el trabajo que tiene que hacer a la perfección.

Bel Riose cumple con su función de militar patriótico de último cuño y El Mulo hace su presentación de la forma que se le espera: gris y sin bombos ni platillos. Toda la narración está acompañada por los mismos elementos: decadencia, complacencia y una seguridad aplastante en algo que todos entendemos como magia y que solo Seldon y Asimov comprenden en su totalidad.

Los argumentos literarios de Asimov no varían demasiado en esta entrega (presumiblemente las escribiría seguidas), aunque sí se nota que trata de cubrir a sus personajes principales con una capa de austeridad, que no logra demasiado. Si bien la decadencia del imperio y la complacencia de los dirigentes de la Fundación esta bien conseguida, hay algunas excepciones a hombres brillantes, como Ebling Mis, que no lo deberían ser tanto. La excusa del Mulo puede resultar un poco pobre, y en una época en la que se busca la floritura con el mayor grado de especulación,  el argumento queda sujeto por una precaria pinza. También es cierto que esta vez aparece una mujer con cierto grado de notoriedad, aunque estoy seguro que no es suficiente para acallar a esas voces que tratan de empañar una obra escrita en una época bastante oscura de nuestra historia (no es una excusa barata). Cierto es que Bayta Darell no aparece como una heroína hábil y resoluta, y que no deja de ser una estereotipo de lo que representaba la mujer en esos tiempos: un ser bondadoso y con tendencia maternalista. Pero ahí está y tiene un papel crucial.

Como ocurre con la primera entrega, el lenguaje de Asimov, aunque algo desusado, es fácil de seguir y te guía por los recovecos de la psicohistoria sin demasiadas dificultades. Sigo sin ver la ciencia hard por ningún lado. Y sigo notando la misma sensación que la primera vez: aventura y entretenimiento en un retablo inigualable (en la época que se escribió).

Pronto veremos que pasa con El Mulo.

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