Fundación y Tierra

Gaia es la respuesta. Golan lo cree, pero no lo sabe con certeza. Para alguien acostumbrado a hacer lo que le sale del higo y salirse con la suya, va a ser muy duro tener que formar parte de un todo. Demasiadas pegas y muy pocos alicientes. ¿Por qué entonces? Quizá la legendaria Tierra pueda decir algo al respecto.

La industria cinematográfica ha puesto su ojo en el fenómeno crossover. Juntar en un mismo producto elementos provenientes del mismo universo, pero de diferente factura, tiene un efecto embriagador en la audiencia. Es una pena que Fundación y Tierra no se publicase en 2018, porque hubiese sido el libro más laureado de la saga, por lo menos por los fans.

Toda la serie de la Fundación (15 libros, aunque algunos están cogidos con pinzas) es un monumento gigantesco y maravilloso de Isaac Asimov. Un retablo de proporciones absurdas en las que el escritor y científico americano gastó muchas neuronas y recibió, a cambio, reconocimiento (creo que merecido) y buenos dineros. Pero no es perfecto. Nada lo es.

Ya hemos hablado que hubo, y la sigue habiendo, una corriente crítica con el estilo de Asimov. Sobre todo hay una fijación con los temas que trata el autor y con los que deja en el tintero.

“En su obra no hay extraterrestres, señor Asimov.”

“¿Qué opina del fenómeno del multiverso, señor Asimov?”

“¿Por qué todos sus planetas son tan humanos, señor Asimov?”

Es la realidad. La mayor, y más increíble, obra de uno de los mejores escritores de ciencia ficción de la historia, deja fuera del terreno de juego temas que ahora consideramos óbice en cualquier obra de ciencia ficción. ¿Una demostración de ego desmedido o una jugada maestra?

Quizá eso pensó el bueno de Isaac allá por 1982, cuando apareció Los límites de la Fundación. Pensó que quizá había sido demasiado egocéntrico. Que si tantas voces pedían algo diferente, por algo sería. Yo creo que Asimov lo tenía meditado desde el principio y solo espero hasta que las aguas le fuesen favorables (si hubiese podido esperar seguro que el siglo XXI le hubiese encantado).

Fundación y Tierra está demasiado bien estructurado para haber sido una respuesta a una masa de la crítica que pedía algo más. Los hilos que aparecen, se entretejen y se resuelven durante esta última novela tienen demasiado sentido, y encajan demasiado bien, para ser una casualidad. Además, el final de este libro esconde ese sentido de la maravilla que cualquiera busca en un libro de ciencia ficción. La sensación de que todo encaja donde debe. La resolución perfecta para tu cerebro. La teoría del todo.

Y Asimov lo sabía todo el tiempo. Pero lo quería contar a su ritmo.

Quizá pensar que Asimov dejó pasar treinta años, allanando el espacio para que la ciencia ficción dejase de ser el hogar de las teorías peregrinas y pasase a ser un brazo imaginativo de la ciencia, es demasiado. Pero nadie es un genio, sin serlo (o sin parecerlo). Y es probable que todo estuviese medido y controlado de antemano.

La teoría de la expansión espacial tiene demasiado sentido, está tan bien documentada como para tener sus libros de la saga (y otros sueltos) específicos. La forma en la que la humanidad evoluciona en los espaciales está meditada y argumentada. La manera en la que encajan los conceptos de mito, leyenda e historia concuerda tan bien con nuestra percepción humana que no pueden ser cosa del azar. Y el toque final es, simplemente, sorprendente, lógico y tremendamente calculado.

He leído esta novela tres veces y las tres veces he alucinado. No solo con cómo todo tiene un sentido, si no (y esto ha sido sobre todo las dos últimas veces), con la capacidad de Asimov de decirle a la gente “¿os pensabais que soy de esos científicos cegados por sus propias teorías?”. Porque en las últimas treinta páginas del ciclo titánico se pone de manifiesto la elegancia y la sencillez con la que un genio puede decirte: “Claro que tenía presentes los diferentes galaxias, universos y razas posibles. ¿Pero, qué sentido tenía eso en esta historia?”. Logíco, frío y maravilloso.

Cierto que no puedes quitarte de la cabeza que quizá la herramienta por la que se llega al resultado no es del todo satisfactoria. Qué importa eso cuando te lo has pasado tan bien. Cuando lo has disfrutado a cada página. Cuando has terminado de leer de la mejor manera posible: con una sonrisa, una palmada amistosa a tu cerebro y un montón de páginas en la recámara para poder decir al mundo: “Yo leí la saga de la Fundación al completo”.

Toda genialidad parte de defectos y problemas, y surge por encima de todo eso para elevarse en una forma inesperada, maravillosa y elegante. No siempre con luces, las sombras también son necesarias. Y creo que Asimov entendía muy bien que para brillar hay veces que hay que estar en la sombra.

Creo que, por todo esto, Fundación y Tierra es mi libro favorito de todos los tiempos. No digo el mejor, el que más me ha gustado, ni el que debería leer cada persona de este mundo y aledaños.

Digo que es el que mejor ha sabido sacar mi sentido de la maravilla.

Y de eso va leer.

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