El imperio final (Nacidos de la bruma #1)

Kelsier tiene el flow. La magia de ser uno de esos protagonistas que todo el mundo envidia: poderoso, carismático, guapo y un poco chulesco. Y encima como discípula tiene otro de esos personajes que gustan: débil y desamparada (o eso es lo que parece) con un gran poder que nadie sabe de dónde viene. Una premisa clásica para un desarrollo clásico…espera, espera…

Sanderson es un enfermo. Parece. Más de treinta libros publicados. ¡En menos de quince años! Y no son libros cortitos.

Nacidos de la bruma es una de las sagas del mundo personal de Sanderson: Cosmere. Esta primera entrega tiene los alicientes para triunfar: personajes carismáticos, un malo maloso, un mundo extraño y un sistema de magia particular. ¿Suficiente?

De sobra.

La fantasía atraviesa una etapa en la que hay una especie de fagocitación de la fantasía más oscura y cruda sobre la fantasía más épica y clásica. Nacidos de la bruma es más épica y menos oscura. Con puntualizaciones.

En primer lugar: los personajes. Están muy bien pensados, diseñados y desarrollados. Son tridimensionales. Piensan, hacen cosas muy épicas y la cagan con bastante contundencia. Dudan, aciertan y fallan. Lloran y ríen. Ocultan información, mienten, y son leales y honrados (siempre que se puede). No son los personajes decadentes y sin esperanza de Abercrombie, pero tampoco son los héroes perfectos de Tolkien. Del mismo modo, los villanos tienen sus historias; su pasado, sus ambiciones y  errores. Son reales y aunque lleven un halo de divinidad, no lo son divinos en absoluto.

En segundo lugar: el mundo. Es un mundo promesa, pero al revés. El mundo ya está mal, como pasa en los universos de Abercrombie o Martin, pero en algún momento fue un lugar bonito. Hay la promesa de recuperar lo antiguo. O al menos intentarlo. Sabemos que hay algo relacionado con el equilibrio de poder que afecta a este particular universo y Sanderson sabe jugar bien al escondite con esa parte de la trama. Normalmente el mundo tan solo está. Pero hay algo misterioso en el mundo de Sanderson y el autor sabe jugar a no contarte demasiado y guardarse las cartas para luego. Bien jugado.

En tercer lugar: la magia. Quizá el único pero, no demasiado grande. La alomancia (y la feruquimia) son diferentes y hasta cierto punto lógicas, pero quizá Sanderson le ha dado demasiada cuerda a un sistema que, sobre el papel, no es tan complicado. Hay que reconocer que las peleas de Sanderson no tienen la crudeza de las de Abercrombie ni la grandeza de las de Martin.

La combinación de estos tres aspectos básicos se realiza a través de un estilo bastante directo. Las descripciones no son el fuerte de Sanderson, tampoco las peleas y los diálogos no son especialmente brillantes, pero la suma de todos los elementos crea una mezcla…agradable. Tiene una forma de combinar las luces y las sombras que permiten pasar las páginas con facilidad. No hay descripciones interminables ni diálogos sin relevancia.

Todo da la sensación de cumplir al milímetro las teorías sobre los clímax y los valles. 

Hay un cierto regusto a métrica en la novela. Es entretenida, cuenta una historia casi conclusiva y lo hace bien. Sin demasiados artificios pero logrando una empatía fuerte con los personajes. Suena a que la trama rueda sobre unos railes tan bien definidos como la propia alomancia. Y hay sorpresas pero se afrontan desde la tranquilidad de un buen guión.

No sé si Nacidos de la bruma puede ser una de esas sagas que pueden propiciar cursos de “¿Cómo construir una trilogía de éxito?”, pero visto el reconocimiento del que goza el autor, puede ser que el trabajo minucioso y exhaustivo tenga algo que decir en la fórmula del éxito.

Veremos. De momento, muy bien.

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