La ciencia nos salvará…y las redes sociales acabarán con nosotros

Recomiendo empezar a leer este post con Science will save us de Exxasens y terminar (si te tomas la lectura con calma) con Mladek de Russian Circles.

Me encuentro en plena reestructuración mental, aprovechando un pequeño descanso en el trabajo. Un proceso que necesitaba desde hace un tiempo, para entender cómo voy a orientar la parte más creativa de mi trabajo. Y me está costando. No porque no tenga claro qué es lo que quiero hacer o cuáles quiero que sean mis objetivos, sino porque tengo que pasar por las redes para que todo eso sea posible y no sé si quiero, puedo o tengo las suficientes ganas.

Me encanta escribir, de eso no hay duda. No pasa un día sin que me ponga delante del Scrivener y teclee algo, casi siempre horroroso. Me gusta escribir para generar historias, en el trabajo lo hago como parte de un proyecto: una narrativa integrada dentro de un sistema para lograr un objetivo; en la intimidad lo hago como escritor de ciencia ficción sin demasiado talento, pero con muchas ganas de aprender. He decidido, del modo más íntimo posible, publicar una pequeña novela por el mero hecho de cumplir el objetivo de hacerlo. Sin volverme loco como hice con Aesteria y así de paso aprendo algo de maquetación (que por alguna extraña razón me apetece).

Y como cualquier escritor que se precie, me apetecería que alguien me leyese y para eso se necesitan las redes sociales.

Varias veces he comentado que soy de los vaso medio lleno, pero con las redes empiezo a verlo vacío, con puntuales ocasiones en las que se llena un poquito. Tengo suerte de que en mi TL aparecen un montón de personas maravillosas, con gran talento y que, además, son de los que hacen del mundo un lugar mejor. Pero también soy consciente de que sufro de la visión de túnel de Twitter, sé que lo que pasa en mi TL está muy lejos de ser la realidad por la que se rige el mundo. Ojalá.

Cada cinco tuits en mi time line

Ojalá el mundo estuviese lleno de personas como las que han estado en este Celsius 2018 (al que no he asistido por mi incapacidad para recordar fechas). Todo lo que ha llegado desde Avilés a mi TL habla de compromiso, integración y voluntad para cambiar el mundo (también de resacas). No lo he mirado al detalle, pero el tuit con mayor número de likes, quizá alguno de Kameron Hurley, quizá en la que aparecen todas las escritoras que han estado en el festival, no ha llegado a los quinientos likes. Si lo analizo en frío, no son números representativos. Y es una pena.

Más o menos a la vez, sucedían dos acontecimientos dignos de mención. Primero: Reverte decía que se marchaba de la RAE, en respuesta a un encargo de la ministra Carmen Calvo para adaptar la Constitución con un lenguaje más inclusivo, correcto y verdadero.

Es evidente que la sola presencia de Reverte (un clásico de los debates incendiarios) genera retuits y likes, pero me da pena darme cuenta de que el debate pasional de la red no se traduce, nada más que en un porcentaje exiguo, a la vida real. No sé si España es el tipo de país en el que la gente va a utilizar un lenguaje más inclusivo, correcto y verdadero porque lo diga la Constitución (esa que dice que hay que tener una vivienda digna, que todos somos iguales ante la ley y que tonto es el que hace tonterías).

Mi mamá siempre decía que ese aeropuerto iba a ser un sacacuartos. Mi mamá era una mujer muy lista.

Por eso el debate me generó una especie de disgusto a nivel somático. ¿Sería un gran paso que la Constitución tuviese un lenguaje más inclusivo? Por supuesto que sí. ¿No va a servir de casi nada? También, salvo que dediquemos todos los esfuerzos en hacer que la gente de nuestro entorno sea respetuosa, inclusiva y tenga sentido común. Lo que las redes sociales han generado con este debate es una brecha aún más grande y ninguna solución real (porque eso está, desgraciadamente y a día de hoy, en cada uno).

El segundo suceso se ha hecho viral y, por primera vez que recuerde, me toca de manera parcial.

Un socorrista impide a un menor tránsgenero bañarse con camiseta.

Antes de nada, voy a comentar que tengo todas las papeletas para ser un señor, señoro o señorTM. Tengo 37 años, soy cis-heterosexual, soy de clase social media y he visto varios partidos del mundial, y en casi todos me he tomado una cerveza. Lo digo para que el que quiera aprovechar para comentar que soy transfóbico, racista, exclusivo o pepero, que ya tenga el párrafo preparado (copypaste y ya).

La noticia, después de un titular preparado específicamente para que el SEO te ponga en la cresta de la ola, tiene dos hechos relevantes: uno que mola contar, que tiene todas las papeletas de hacerse viral y ADEMÁS es un gesto de los de volver a creer en la humanidad.

En el momento que los compañeros del muchacho entendieron que su amigo era discriminado, se tiraron a la piscina con camiseta, en muestra de solidaridad. Es un hecho precioso, y algo que señala que hay una porción de las generaciones venideras que quieren luchar por un mundo sin etiquetas. Eso sí, una protesta con información sesgada.

Ahora llega el árbitro y…no te imaginas el final

El socorrista del que habla la noticia, es el de la piscina a la que va mi hermana, con mis dos sobrinas. No puedo decir que le conozca personalmente, porque no es así, pero he estado en esa piscina varias veces y he visto de qué va la movida de ser socorrista (muy resumido: evitar que los chavales se partan la crisma a cada microsegundo). Además, después de ver el vídeo y leer la noticia, llamé a mi hermana. Y me contó el segundo hecho relevante: que mola menos, porque elimina de un plumazo las posibilidades de viralidad y que, evidentemente, ningún diario, radio o medio ha publicado.

El socorrista tránsfobo habló con el muchacho, le explicó por qué no podía acceder con camiseta de calle, igual que no pueden hacerlo el resto de personas, igual que no puedes meterte con zapatillas: por higiene y por seguridad (quizá es un norma un poco estricta, pero no es por nada, como han señalado algunas personas, y si no leed el número de noticias alertando sobre piscinas y playas). Lo segundo que hizo el socorrista es decirle que si tenía una licra específica para agua (como la que venden en cualquier Decathlon) no había ningún problema. Lo tercero que dijo el socorrista tránsfobo al muchacho, es que si tuviese una camiseta de ese tipo se la dejaría sin problemas, pero que no era el caso.

Y entiendo la reacción de los monitores y los padres, porque es fácil crear una injusticia ante una norma que consideramos excesiva. Pero también entiendo que esos monitores y esos padres deberían haber sabido que el socorrista no hace las normas, pero si no las cumple, tiene un problema (y grave en este caso particular). ¿Qué hubiese pasado si hubiese dejado al muchacho entrar con camiseta y se hubiese enganchado, por ejemplo, en uno de los filtros de la piscina? Imagino el titular.

Tremendo golpe de jugador VEGANO al enterarse de que su hamburguesa de tofu llevaba trazas de cabra andina (su entrenador lo sabía y se calló, el hijo de una hiena)

Y quizá el socorrista podía haber estado más avispado, llamar a sus jefes y salirse por la tangente (una reacción muy de los tiempos actuales).

Era más fácil aún. El titular podría haber sido otro: “Gran muestra de solidaridad ante un malentendido”. Pero desde luego que no hubiese sido tan viral, porque solo habría buenos en la ecuación. Necesitamos cargar las tintas contra alguien, porque va en nuestra naturaleza. Algo que las redes sociales aumentan de manera exponencial y que no hace sino crear una nueva brecha que no debería estar ahí.

Si el titular hubiese sido “un socorrista impide a un menor bañarse con camiseta”, la noticia no habría pasado de redacción (por sin sentido), pero todo el mundo tiene bien aprendida la lección de marketing: no vendes si no hay algo que vender. Si para eso hay que colgarle una etiqueta a una persona, sin conocer su versión, pues se hace: ¿qué problema hay? Todo sea por unos buenos likes y retuits.

Quizá por eso estoy desconectado de las redes, por eso necesito reestructurar mi forma de ver las cosas, por eso debo encontrar el camino por el que no me afecte tanto lo que pasa en las redes (porque aunque sea un insensible señorTM, me gustaría ver que el mundo camina hacia la comprensión y el sentido común). Por eso creo que la humanidad no tiene ninguna papeleta para sobrevivir y, en cierta medida, me alegra.

Porque tenemos la capacidad para llegar hasta donde queramos, pero preferimos quedarnos a echar mierda los unos sobre los otros. Y para eso, las redes sociales, son maravillosas.

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