La distopía ha muerto. ¡Larga vida a la ucronía!

Vale, vale. Igual me he pasado. Decir que la distopía vive sus últimos días es como decir que todo va bien. Demasiado ambiguo.

La distopía, como concepto, recubre toda aquella realidad en el que la sociedad y sus normas, se alejan de lo que consideramos ético y coherente, reflejando un sociedad que no nos gustaría. Vamos, un escenario que se aleja totalmente de lo que hoy…

La misión de cualquier persona que quiera escribir ciencia ficción es dibujar un lienzo de futuro. La gracia está en contar algo hipotético, con diferentes niveles de probabilidad. Desde lo imposible y bizarro (campo de cultivo del weird), hasta lo posible y científicamente probable (ciencia ficción especulativa).

¿Qué pasa cuando la realidad empieza a asemejarse a la ficción? Que empieza a llamarse historia.

Igual ya vais entendiendo por dónde van los tiros. Pero no nos alarmemos aún.

Un poco de teoría orwelliana.

1984 es uno de los tres libros que siempre se nombran cuando se habla de ficción distópica (los otros dos son Farenheit 451 y Un mundo feliz). Posiblemente sea el más aclamado, y el más terrorífico. Hasta el punto que algunas naciones tienen prohibida su distribución. Cosa del pasado y de los efectos que causaron las guerras absurdas de primera mitad del siglo XX.

Orwell escribió la novela entre 1947 y 1948, pero venía barruntándola desde 1944, en pleno auge de la segunda guerra mundial, el comunismo, el fascismo y la propaganda. También influyó en la obra la presencia de Orwell en la guerra civil española. Hay muchos puntos que se pueden analizar de 1984, pero quizá lo más destacado (y polémico) fueron tres de los ejes que a Orwell le preocupaban:

  • El efecto de la propaganda (como elemento tergiversador de la realidad).
  • La destrucción del yo.
  • La eliminación de la cultura.

Tres temas muy halagüeños para tratar en un blog que se distingue por sus GIFs sin sentido alguno (y que quizá atienden al primer punto. Hilando fino).

Lo que convierte a 1984 en una novela de ciencia ficción distópica es que representa una sociedad no deseada en un futuro (el del autor).

¿Qué pasaría si Orwell hubiese escrito 2084?

Habría sido una novela difícil de colocar en la estantería correcta…

Un poco de marketing.

El marketing tiene como base la utilización de técnicas y herramientas para mejorar la comercialización de un determinado producto, idea o servicio. Resumen: envolver el regalo.

Lo difícil del marketing es que pasa por analizar lo que buscan los seres humanos (cada uno de su padre y de su madre), y cuando hablamos de ocio, el espectro pasa a ser inabarcable.

Si preguntásemos a un lector habitual de ciencia ficción qué es lo que busca para decidir que una novela es buena, se me ocurren varias respuestas, pero hay una que seguro que a todo el mundo se le pasa por la cabeza: el sentido de la maravilla.

Ese efecto WOW que te hace cerrar el libro y pensar en los humanos de segunda (entre los que me encuentro) y esos otros que son capaces de jugar con ideas y mundos que ni siquiera se asoman a la imaginación de los terrícolas estándar (La trilogía de Liu Cixin es un buen ejemplo, creo).

El marketing ansía el efecto WOW. Ese halo que haga brillar un producto por encima de todo. Y para eso hay que darle al público algo que no espera.

No me responsabilizo de rodillas destruidas…

En el caso de 2084, el marketing supondría un problema comercial. ¿2084 sería una novela a controlar porque es demasiado provocativa? ¿Porque en algunos puntos es visionaria? ¿O sería un más de lo mismo?

Recordad que ya habríamos pasado el calendario de los mayas, el efecto dos mil y la democratización del Gran Hermano televisivo.

Las bases de la distopía moderna.

¿Siguen las alarmas sin saltar? Bien, que no panda el cúnico. Estamos bien.

Lo que igual Orwell no imaginó (o igual sí y le pasó unas notas a Philip K. Dick) es que el repunte de la distopía iba a seguir cauces parecidos a los de 1984, incluyendo algunas ideas de cosecha del siglo XXI. Posiblemente la depencia de la tecnología, la creación de inteligencias artificiales o la individualización del ser humano, son las actuales lineas maestras de la distopía más real (luego está lo de los zombies y Mad Max). Igual que Orwell utilizó el comunismo y el fascismo como pilares, los autores de hoy en día utilizan sus armas políticas de destrucción masiva (el capitalismo y esas cosas). Pero la fórmula, a efectos de venta, empieza a hacerse pesada. Hay tanta distopía en el mundo actual que es difícil que el marketing pueda asimilar semejante carga.

¿Qué alternativas nos quedan?

¿Utopias? Ni siquiera como broma. La gente no está para que se rían de ella con montañas de azúcar y gente que solo quiere hace el bien (que El señor de los anillos ya hay uno). Igual se podría probar con las ecotopías y satisfacer las dudas y necesidades viscerales de un porcentaje de la población (cada vez mayor, pero insuficiente a la velocidad que vamos).

[El marketing se atusa el pelo, se frota las manos y dibuja una sonrisa de suficiencia entrenada a lo largo de las últimas décadas].

¿Y si disfrazamos la distopía?

El efecto WOW y la necesidad de mirar hacia otro lado.

A nadie se le escapa que podríamos hacer analogías de lo que le preocupaba a Orwell con nuestro mundo actual.

La propaganda de los partidos de 1984 no es muy diferente a la actual, solo que  los medios han cambiado. Internet tiene sus cosas buenas y malas, al igual que las redes sociales. Pero desde luego han hecho que la crítica, la polémica y la disensión adquieran cotas diferentes. La desinformación y la tergiversación de la realidad siguen siendo conceptos tabú en nuestros días. Internet ha hecho el mundo mucho más global, pero eso no significa que lo haya hecho más veraz (de hecho, creo que vamos al revés ).

Todos vivimos en la época de la creación de la marca personal. ¡Soy escritor, por dios!

En un mundo plagado de escritores, la forma de llegar a más público es sobresaliendo. Quizá mis métodos no son demasiado eficaces y quizá nunca lo sean, pero eso no quita que tenga claro el concepto: yo soy mi marca, y no todo lo que soy es bueno para mi marca. ¿No es eso un concepto parecido a la destrucción del yo? (Poned todas las comillas que queráis).

Del tema del 21%, la cultura libre, el número de publicaciones diarias y ese largo etcétera, y nada divertido, no vuelvo a hablar. Miro para otro lado.

El marketing sabe de todo esto. Sabe que es material harto trillado y en el que es muy difícil destacar, por eso abramos nuestros brazos a un nuevo líder.

La ucronía.

¿Qué hubiese pasado si Bisbal y Chenoa siguiesen juntos?

Lo he buscado, pero el termino de búsqueda “cobra” no da el resultado que yo esperaba…

La ucronía parte del concepto de cambiar la realidad en base a un hecho histórico que sucedió de una manera diferente y, como consecuencia, alteró la historia. Un mundo ucrónico no tiene porque ser peor que el actual, ni siquiera mejor, puede ser solo diferente, pero ¿qué tiene de WOW un mundo en el que Biff, el malo de regreso al futuro, es el presidente de los estados unidos?

¿Y si cogemos un evento concreto, lo cambiamos y eso da lugar a una distopía? ¡Premio! Algo nuevo, chocolate y diversión.

El concepto no es nuevo y, desde luego, que el mundo del espectáculo siempre está pendiente de nuevas tendencias. Pero el vaticinio es que series como The man in the high castle (basado en la novela de Philip K. Dick, que siempre ha sido un visionario) van a empezar a coger fuerza en los próximos años.

Os dejo una artículo muy currado de algunas de esas ucronías en la TV.

Jugar con una ficción muy parecida (o en la que se puedan establecer analogías con cierta facilidad) camina por la linea inestable de lo políticamente poco correcto, algo que el valor de tu marca personal puede acusar (salvo que te decidas por el Risto Mejide´s road).

Jugar con la ética y los límites de la decencia humana, en un futuro que ya no es posible, encaja a la perfección en la linea de marketing aceptable y exitoso.

Por eso el título del post es el más ventajoso y falaz de cuantos han hollado este blog. Porque la distopía está muriendo, pero alguien ya la ha metido en una cápsula de criogénesis para despertarla en un futuro, no demasiado lejano, con un disfraz diferente y las mismas ideas.

¡Larga vida a la ucronía distópica!

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