La Utopía Larga

La Tierra Larga se ha convertido en un circo de tres pistas. En la pista uno tenemos a los Siguientes, que tratan de hacer con la humanidad algo que valga la pena. En la segunda hay un montón de Tierras en las que pasan cosas inverosímiles (y de las que nos cuentan cosas o no). Y en la tercera están Joshua y Lobsang, y siempre que se juntan…

Las sagas son muy complejas de equilibrar. Partamos desde este punto.

Imagina ese circo con varias pistas. Imagina el asiento desde dónde observas el espectáculo. Y ahora imagina a infinitos túes observando infinitos espectáculos. Las variables son abrumadoras. Y no todas tienen porque ser entretenidas, divertidas o edificantes. Este es el mayor problema de La Tierra Larga.

La Tierra Larga fue un soplo de aire fresco de la mano de la genialidad creativa de Pratchett y la experiencia científica de Baxter. La Guerra Larga fue un ligeramente aburrido, y necesario para la trama, tratado de política y esencia humana (ya sabéis, la violencia y crispación). El Marte Largo recuperó el toque aventurero y nos dejó una visión más cercana de la Brecha y metió a Los Siguientes en escena. ¿Qué toca en La Utopia Larga?

¿Algo sobre los humanoides que pueblan los mundos infinitos? ¿Una extensión de los descubrimientos de Sally y Willis Linsay? ¿La enésima aventura de Lobsang y Joshua? ¿Una aparición estelar de Los Siguientes?

Pues sí, y no.

Es todo esto, pero en un batiburrillo no demasiado definido, en el que encima se cuela la historia del pasado genealógico de Joshua.

En la parte positiva se le da una vuelta al concepto de los planetas bromistas: Tierras en las que el desarrollo de eventos crean un planeta totalmente diferente al Datum. La brecha, las bolas de nieve o el cinturón venusiano. Y la explicación es de las que lamentas no haber percibido al cien por cien: otros mundos Largos entrelazados.

Ya en las anteriores entregas se utilizaba La Tierra Larga como una consecuencia de inteligencia, de especies capaces de plantearse su posición en el universo. Se hacía raro no contemplar la posibilidad de vida en la galaxia, después de tantas locuras. Y a fin a llegado. No quiero adelantar más, pero sí que puedo decir que es la derivación de La Tierra Larga que más me ha gustado y que más me ha hecho filosofar. Además la inclusión de Los Siguientes en la ecuación me parece un acierto.

Pero en la parte negativa tengo que incluir, y espero que no sirva de precedente, a mis venerados Joshua y Lobsang, y al invitado estrella Nelson. Creo que conocer a los antepasados de Joshua tiene su gracia y le da cierto poso a la teoría de los cruzadores, pero también creo que esa parte de la historia es excesiva y no aporta nada especial. Ni siquiera creo que logre atraer a los detractores de Joshua (como lectores), ni incremente el amor de los fans (de hecho creo que logra el efecto contrario). Me sorprende, porque si hay algo que distingue sobre todo a Pratchett, es la capacidad de lograr personajes entrañables e ir añadiendo capas de complejidad. En esta ocasión, sin embargo, parece que Joshua es solo el producto de un linaje que se encontró con una habilidad que realizó grandes hazañas en el pasado y que se saldó con un héroe por accidente al que la vida no le trata demasiado bien. Un argumento demasiado manido para lo que acostumbra la mente brillante de Terry. Supongo que nadie es perfecto.

Sin llegar al entretenimiento de El Marte Largo, ni mucho menos a la frescura de La Tierra Larga, esta cuarta entrega es correcta. Tiene una gran linea argumental (que pinta que será la palanca sobre la que se sustente El Cosmos Largo, la quinta y última entrega de la saga) y un descalabro sentimental que no da para mucho. La sensación es que la saga se desgasta y está a la espera de destellos de genialidad o un final apoteósico.

Veremos si se cumplen las predicciones.

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