¿Qué le pides al año nuevo?

Se acerca la Navidad y el temido (para mí) fin de año; con su destrucción total de la rutina, las comidas copiosas (que mi padre me enseñó a no rechazar, por lo que pueda pasar) y la locura de la gente por ver Cortilandia (que no está mal la verdad, pero no sé si es para tanto).

Pero lo peor es que se acercan los propósitos de año nuevo y con ellos una nueva forma de engañarse durante los siguientes 365 días, sabiendo que al menos uno de esos propósitos va a caer en saco roto. Por eso el año pasado me dediqué, un mes antes más o menos, a decidir cuales iban a ser esos propósitos y elegí tres orientados a mi vida de escritor.

Uno ya lo he cumplido: el reto lector; además me ha servido para implantar un par de reglas en mi rutina que hacían falta. Otro no se va a cumplir, pero no por falta de ilusión y trabajo, sino porque no era el momento.

Y por último he incumplido el que estoy casi seguro que es uno de los propósitos más habituales de cualquier escritor: escribir cada día.

La verdad es que he sido bastante constante, pero no infalible, de hecho la semana pasada una reunión familiar y el Mario Odissey rompieron mi racha diáfana en el #NaNoWriMo.

Así que este año he decidido no mentirme desde el día uno y olvidarme de propósitos que no voy a cumplir.

Pero hay que sustituirlo por algo (dos propósitos suena a flojera de espíritu y no es forma de empezar un año) y la epífania llegó en forma de mensaje de WhatsApp.

Solo una. Y sí, el dinero es infinito

He decidido (por interés del post) cambiar títulos universitarios por técnica narrativa, porque en nuestro país desear “titulitis” no ayuda mucho.

¿Cuál de estos deseos podrías convertir en un propósito como autor/a?

Creo que para un escritor cualquiera de estos deseos podría serlo, aunque pienso que algunos pueden ser más útiles que otros o ayudar a conseguir otras metas. Veamos que podemos hacer con ellos.

Dinero

Quienes creen que el dinero lo hace todo, terminan haciendo todo por dinero.

Voltaire, un señor francés de cierto renombre.

Convertir el deseo de dinero en un propósito no es demasiado complicado.

  • Voy a ser multimillonario.
  • Me voy a forrar.
  • Voy a tener más dinero.
  • Voy a vivir con el dinero que tengo.
  • Voy a tener dinero.
  • Voy a intentar no morir de inanición.

Este debe ser un esquema de lo que un escritor novel (y un poco iluso) tiene en su cabeza y lo que va pasando con el paso de los años.

La clave es no bajar demasiado en el escalafón y tener un objetivo asequible y coherente.

Y escribiendo eso es complejo, incluso aunque creas que tienes las habilidades y condiciones para hacerlo, serán los lectores y el enorme mundo en el que estás metido, los que te van a buscar las cosquillas.

Como siempre, hay varias formas de enfocar el asunto, puedes decidir que este es el año o enfocarlo como uno más en la carrera de fondo que, con esfuerzo y un poco de suerte, igual mejora tu tiempo personal.

Ya conoces un montón de cosas que no hay qué hacer para atajar por el camino rápido, así que si quieres tirar por este deseo deberías empezar a informarte sobre cuáles son los pasos a seguir y adaptarlos a tu estructura de vida.

El día que la mierda tenga algún valor, los pobres nacerán sin culo.

Gabriel García Marquez, otro señor de frases lapidarias.

Técnica narrativa

El talento, en buena medida, es una cuestión de insistencia.

Francisco Umbral, el de “¡He venido a hablar de mi libro!”.

¡Ains! La eterna lucha entre el talento y eso otro que hace que te levantes cada mañana, luches a brazo partido con el ordenador y el final de día, con suerte, te deje con un par de líneas de provecho.

En el blog he hablado muchas veces sobre este tema, sobre la importancia de mejorar tu caja de herramientas (robándole el símil a Stephen King), la evidencia del ensayo-error y la necesidad de asumir los riesgos y el daño colateral a tu ego. Pero ahora digo más:

No hay una forma de encontrar un atajo para mejorar tu técnica narrativa.

Nada que no sea leer un montón, escribir otro montón y, según lo permita tu economía, buscar profesionales que te ayuden a mejorar tus puntos más débiles.

Si vas a empezar el año por esta vía te recomiendo unos pasos previos (que yo he dado, muchos sin querer).

1. Conoce tus puntos fuertes y débiles. Y no vale con hacer una hoja de pros y contras, necesitas pasar por la visión de otros (a poder ser profesionales). No hay nada más frustrante que pensar que haces las cosas bien cuando la realidad es muy diferente.

2. Recopila información sobre cómo afrontar esas debilidades. Hay un montón de bibliografía que tiene como objetivo ayudarte a mejorar ciertos aspectos que tienen que ver con tu narrativa. Huye de libros o publicaciones que te garanticen escribir bien o encontrar tu estilo de forma garantizada. Eso no existe.

3. 40/60. La ley de escribe mucho y corrige más. Lo sé, no es lo más divertido. Lo sé, no es lo más creativo. Pero creedme, supone la diferencia entre avanzar y pensar que avanzas.

4. Lánzate al abismo. Porque solo hay una manera de saber si mejoras: cuando otros te leen. Y como va a ser difícil que te habrás hueco en el maremagno de opciones de la literatura, tienes a tu disposición un montón de concursos literarios en los que “obligarás” al jurado a pasar por tus letras.

Tampoco esperes un informe de lectura, pero por lo menos sabrás a qué atenerte si no te seleccionan (lo que ocurrirá casi todas las veces).

En definitiva, este es, con toda seguridad, el propósito más tangible de todos y con el que no hay medias tintas.

Estudiar, practicar y subirse a la palestra. Aunque no sé si es la mejor opción.

Espiritualidad

Salta desde el círculo del tiempo al círculo del amor.

Rumi, hace un tiempecito.

La vía zen para ser un tú en armonía con el mundo.

Pues has elegido una profesión un poco cabrona en este sentido. Porque ya sabes que, hoy en día, un escritor sin redes sociales esta abocado a permanecer en su humilde y acogedora cueva.

Pero puedes proponerte ser un tipo o una tipa zen, sencilla, que muestre su punto de vista pero respetando el de otros, y tratar de buscar la paz…

No. No vas a poder.

Lo siento. Si vas a elegir como propósito paz y amor, y el plus pal salón, deberías pensar en hacer otras cosas.

No me malinterpretes, nadie dice que no puedas ser una persona que aborrezca el conflicto y que solo quiera hacer bien las cosas, pero después de dar tu discurso (en forma de relato o novela) a alguien no le va a gustar, y no a todo el mundo le parece bien ser correcto (ni siquiera educado) y puede que en un caso así te apetezca muy poco meditar y mucho morderle el craneo a alguien.

Estabilidad

Evitar los extremos es una virtud moral en sí misma; además de una condición para la estabilidad política y social.

Gracias Tony Judt. Estamos jodidos.

Cuando me planteaba este post (y habiendo sido mi elección personal, no profesional), me daba cuenta que la estabilidad empieza a no tener demasiada cabida en el mundo de hoy.

Y no me refiero al tipo de estabilidad que proviene de tener un trabajo, dinero y un sitio donde poder dormir sin más pretensiones; me refiero a la estabilidad emocional.

En varias ocasiones he tratado mi falta de pasión sentimental, en el sentido más extremo. Lo que yo veo como una ventaja en un mundo cambiante, muchos quizá lo vean como una tara bastante seria (y os entiendo). Pero lanzo una pregunta:

¿Cuántos proyectos has empezado este año y cuántos siguen en pie?

En el mundo de los escritores, hay infinidad de reflexiones interesantes sobre este asunto y os recomiendo que leáis todas (y cualquier otra información sobre el tema) porque dan mucho que pensar.

Alguien que debe crear como principal función de su profesión se enfrenta a la pregunta insistente: ¿Y ahora qué? (Una cuestión diametralmente opuesta a la estabilidad). 

¿Significa eso que no puedes elegir la estabilidad como propósito?

Dios me libre de obligaros a nada.

Pero sí deberías plantearte que la estabilidad en un mundillo en el que no hay nada seguro (salvo que aparezcas en el top 10 de la casa del libro, y creo que ni aún así) no es algo que se pueda conseguir solo por tus medios.

Sí, puedes tener tu rutina, tus hábitos, tu organización espartana para convertirte en un mejorado y hábil escritor, pero recuerda que le estabilidad depende de que tu trabajo guste a otros. Son ellos los que van a permitirte ser estable, dedicarte a lo que te gusta mientras te dejas la vida en ello.

Por eso estabilidad debería ir unida a algo mucho más tangible que responda a la pregunta:

¿Qué es lo que me falta para conseguir la estabilidad?

Unos cartones lo solucionan todo, y más en Navidad.

Sabiduría

La mayoría de las personas son como los alfileres: sus cabezas no son lo más importante.

Jonathan Swift, precursor de monologuistas.

Hace un tiempo, en un viaje con un amigo, nos preguntamos qué característica del otro nos gustaría haber tenido (el clásico estamos aburridos, juguemos al veo-veo). Y me sorprendió que él dijese que le gustaría ser tan culto como yo, me reí bastante porque siempre me he considerado un poco bruto. Tengo cierta habilidad para retener datos (absurdos en su mayoría), pero la razón principal por la que me hizo tanta gracia es porque yo hubiese sustituido eso que mi amigo quería, por la capacidad de adaptación brutal que él tiene. Eso nos llevó a un debate, bastante divertido, de qué era la sabiduría.

  • Porque tu propósito quizá sea leer más, y serás mas leído.
  • Puede que sea terminar un curso, una carrera o un postgrado. Y seguro que sabrás más cosas.
  • Incluso puede que des charlas, impartas cursos o te dediques a generar cultura para otros (fíjate que cosas).

Pero nada de eso te va a hacer más sabio, ni más listo, si no lo acompañas con su ración de visión de la realidad. Siempre pienso que un libro, una serie o una película, que entretengan tienen mucho valor, porque hacen que tu tiempo valga la pena, pero no tienen porque llevar implícito un aprendizaje. Por eso:

  • Serás más sabio si lo que lees te ayuda a leer mejor la vida real (y eso puede hacerse leyendo Harry Potter, si le das cierto valor a cosas como la amistad, los valores y la ética, y no eres de esos de yo solo leo libros serios).
  • Serás más sabio si haces un curso y eres capaz de aplicar esos conocimientos a tu día a día.
  • Y serás más sabio si generas cultura y eres capaz de escuchar lo que tus interlocutores tienen que decirte, porque el mundo cambia y lo que hoy es válido, mañana no lo será.

Así que espero que preparéis muy bien los propósitos de año nuevo, es una oportunidad (un poco falsilla, pero aprovechable) de cambiar tu forma de ver las cosas, de aprender y de mejorar.

Pero sin preparación, planificación y buenas dosis de sudor y lágrimas no se consigue demasiado.

Así que…

¡Nunca dejéis de escribir!

2s comentarios

  1. Hola, Yon:

    Excelente y muy necesario artículo por estas fechas que la gente empieza a pensar en el año nuevo como la panacea de todos sus males. Solo quería dejarte un apunte que a mí me ha servido mucho: proponerse objetivos absolutos como hacer algo “siempre” o no volver a hacerlo “nunca” es muy poco recomendable: mina tu autoestima porque es extremadamente difícil atenerse a esos mandamientos, sobre todo a medida que te confías y empiezas a exigirte más y más.

    En lugar de eso, te propongo que tu objetivo sea simplemente “escribir más”. Así, si algún domingo caes enfermo o resacoso, o te proponen un viaje que va a dar al traste con tu rutina de escritura, o si simplemente un lunes no tienes fuerzas… no te machacarás tanto, porque tu objetivo no era escribir TODOS los días sino escribir más, y podrás compensarlo dedicándole un tiempecito extra otro día.

    Un abrazo y gracias por tus ánimos para otros escritores noveles que buscan superarse ;),

    Marta

    1. Hola Marta,

      Un apunte el que haces muy acertado y que puede ayudar a mucha gente a no decaer en sus objetivos, sobre todo si están empezando o se viene de una época de sequía.
      El único inconveniente que le veo es la facilidad con la que se pueden incumplir esos objetivos no “mandatorios”. Durante muchos años, antes de ponerme a escribir en serio, me he dedicado al deporte a un nivel más o menos elevado, y era bastante fácil no salir a entrenar con alguna excusa (a veces necesarias) y luego querer recuperar al día siguiente. Si eres disciplinado y coherente seguro que es un método que puedes seguir. Pero, por experiencia, sé que cuando tienes la opción de “bajarte” del hábito, tarde o temprano lo haces. Aunque suene a obligación mortal utilizar un objetivo que incluya “todos”, a veces es muy necesario, sobre todo si quieres dedicarte a escribir (yo nunca he visto el deporte como mi palanca para poder comer, pero sí busco que la escritura lo sea y para eso, a veces, hay que obligarse). Pero supongo que es cuestión de perspectivas y de personas.

      Gracias por tu comentario y por la visita a mi nuevo hogar.

      Un abrazo.

      Yon

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