¿Por qué el lector NO es tu cliente?

Es bastante probable que esté yendo en contra de todos los blogs que te instan a aprender marketing, a reforzar tu marca de autor y a tener a las redes sociales como firmes aliadas. Pero antes de que llegues a falsas conclusiones, te diré que el lector NO es tu cliente (aunque tiene mucho más poder que cualquier cliente).

Una de las cosas que aprendí mientras trabajé en distribución (más de una década), es que el cliente no siempre tienen la razón (ya de paso, lapido cualquier oportunidad de volver a ese mercado). Cuando una persona va a adquirir un producto o un servicio, tiene unas expectativas, basadas en el conocimiento sobre el producto o el servicio;  y la desavenencia llega cuando las expectativas y la realidad no se equilibran (muchas veces es una desavenencia forzada, por ese carácter tan humano que tenemos).

Podéis pensar que una novela —o un cuadro, por ejemplo— sigue las mismas pautas que cualquier producto o servicio. Y en cierto modo es así, pero hay que matizar un aspecto; cualquier obra tiene fragmentos de la persona que lo ha creado: sus motivaciones, sus objetivos y sus defectos, y muchas veces es difícil discernir si las expectativas están puestas sobre el autor o sobre la obra.

Pongamos un ejemplo práctico.

Vas a comprar unos calcetines.

Quieres que sean rojos, pero con simpáticas rayas violetas, verdes y amarillas (a lo Sherlock en Elementary); y también quieres que sean calentitos, que no hagan pelotillas al segundo lavado y que te aguanten un par de años. Es fácil prever que te vas a cabrear si los calcetines encogen, se decoloran o se te bajan hasta los tobillos cuando andas más de medio kilómetro. Y es fácil, porque hay una vara de medir. Podrás ir a la tienda y quejarte amargamente (nadie te impide que mientas, claro, y que digas que no son como los vendían, aunque los calcetines cumplían tus requisitos iniciales). Eres el cliente y tienes razón ¿no?

Ahora pongamos que vas a leer El portal de los obeliscos. Has leído La quinta estación, y quieres saber qué pasa en La quietud, quieres saber de qué leches va Alabastro, qué va a hacer Sienita y, en lineas generales, quieres tener esa sensación de entender algunas cosas por los pelos (que es lo que mola de la CiFi-fantasía de Jemisin). ¿Qué pasaría si en la segunda entrega no se vuelve a saber nada de Alabastro? ¿Si La quietud solo era una excusa para presentarte un mundo que no existe? ¿Si resulta que todo era un sueño de Antonio Resines? ¿Y si era de Nobita? Eres el lector y tienes razones para cabrearte. ¿O no?

Hay una ligera, y minúscula, diferencia de apreciación. Los calcetines tienen una misión clara, algo para lo que fueron creados y en el momento que no cumplen una de esas misivas (aunque no estuviesen en tu hoja de requisitos), las expectativas quedan truncadas. Pero cuando lees un libro, las expectativas y su comparación con el resultado son procesos unilaterales. No estás en la mente del autor o autora para saber si el objetivo de su novela tenía en cuenta tus deseos. Y aún así tienes derecho a quejarte, y el autor o autora haría bien en escucharte y sacar algunas conclusiones.

¿Entonces en qué quedamos? ¿El lector es un cliente, no lo es o todo esto es un bucle ideológico sin fin?

Tu objetivo como autor/a es que te lean y, a poder ser, que te paguen por ello (esto es muy recomendable). Y para eso tienes que saber que te diriges a un lector, NO a un cliente. ¿Sabes por qué?

Porque puedes leer en una revista que ahora se llevan las camisas con chorreras (y que no estarás a la moda hasta que lleves una), pero ninguna revista puede decirte que te tiene que gustar el best seller del momento (aunque te lo recomienden encarecidamente).

Como lector, no puedes saber las implicaciones ni motivaciones de un autor/a. Como creador, no puedes conocer las motivaciones, deseos y fobias de todos aquellos que te van a leer.

Por eso hay miles de artículos de cómo utilizar el marketing para llegar a tus lectores. Y no debemos confundir el marketing para autores como una herramienta infalible para vender libros.

Todo depende de la interpretación que des a esos artículos y de cómo utilices tus recursos para conseguir el fin.

¿Por qué entonces Twitter está lleno de bots que te dicen lo increíble que es el libro de su creador?

Nunca debí meterme en este berenjenal

El marketing nació como herramienta para crear expectativas, para ayudar a la promoción, para destacar en un mercado atestado y con el objetivo único de conseguir atraer a los esquivos billetes verdes. En esa definición caben muchas interpretaciones posibles (una de ellas es fundir a mis seguidores con un tuit cada media hora sobre mi nueva novela imprescindible).

Malinterpretar el marketing es uno de los mayores errores que cometemos los autores de todo el mundo.

Confundir a un lector con un cliente es un fallo imperdonable.

Porque tu libro NO es imprescindible, NO es necesario y NO es lo que todo el mundo tiene que tener en sus manos. ¿Sabes por qué?

Porque un libro NO es necesario para sobrevivir (al igual que los calcetines de colorines).

No necesitas leer para sustentar la base de tu pirámide de Maslow, de hecho, leer es algo que se incrusta mucho más arriba, casi en la cúspide. Y eso significa que juegas con sentimientos y características mucho más complejas que la necesidad de mantenerse vivo.

Estoy seguro de que puedes elegir el género de moda, crear la más bella y mejor narrada historia de todos los tiempos y organizar la mejor campaña de marketing vista por el ser humano; es probable que vendas a raudales.

¿Pero sabes de lo que también estoy seguro? De que a alguien NO le va a gustar.

Así que todo ese esfuerzo por usar el marketing para decirte qué, cómo, cuándo y cuánto tienes que escribir, no te habrá proporcionado un método infalible. No habrás dado con el producto definitivo (esos calcetines que nunca se rompen, no huelen, no se encogen), porque no puedes meter a todo el mundo en el saco de los lectores objetivos.

Así que, deberías empezar a leer con más detenimiento todos esos post que te hablan de marketing (del bueno, no del que te dice cómo vender 100000 libros en dos días. Huye también de esos que dicen que la respuesta está en tu interior: esos están muy de moda).

Si lo haces, pronto te darás cuenta que muchos de ellos hablan de lectores objetivo, de comunidades, de formas para buscar un lugar donde tus creaciones tengan más opciones de ser aceptadas. Los buenos artículos de marketing no te dicen cómo triunfar, pero sí te indican los largos pasos que deberás ir dando si no quieres ser el mismo pardillo de siempre.

No hay un método infalible para hacer carismático a tu prota Cis-hetero, y tampoco hay una formula mágica para que te llegue un royaltie de cinco dígitos al mes de sacar tu e-book en Amazon

Comprender esto en su totalidad implica algunas cosas (y otras que aún no he descubierto):

Que es mucho más sencillo escribir sobre temas por los que siento pasión —de los que disfruto escribiendo— aunque el público objetivo sea mi madre y mis dos gatos (por lo menos ellos serán fans).

Que aunque tenga la mayor imaginación del planeta, tengo que recordar que “como” no siempre se escribe igual, que no puedo inventarme palabras siempre que quiera y que los signos de puntuación tienen su razón de ser.

Que nadie nace sabiendo y que el mejor método para mejorar es: cagarla-estudiar-probar otra vez-volver a cagarla. Y así ad nauseam.

Que SIEMPRE va a haber alguien al que no le guste lo que hago y, además…

SIEMPRE va a haber alguien que me critique sin ningún tipo de argumento y de una manera lo más dañina posible (así es el mundo, señoras y señores).

Que si soy capaz de ser constante, dirigirme a un público adecuado y hacer algo de calidad venderé, pero…

también lo hará ese pesado que spamea anuncios en Twitter (c´est la vie) y, sobre todo…

…Belén Esteban siempre venderá más que yo.

En definitiva, hay que entender el marketing como una herramienta —una de tantas—, que es inservible sin alguien que la maneje, y que es muy poco eficaz si no se aprende cómo usarla. Pero igual de importante es entender que por azar o vicisitudes de la vida, siempre habrá personas que se salten todos esos pasos y triunfen. Incluso se vendrán arriba y te contaran su método infalible, regalándote el elixir para llegar al corazón de cada lector. Y eres muy libre de creértelo. Solo déjame decirte, otra vez…

Que el lector NO es tu cliente.

Así que, recordad hacer revisión de vuestros propósitos de navidad, darle una vueltecita a la agenda y no os preocupéis tanto por el éxito fulminante de esos que no se lo merecen. Y preparaos para ser mejores-cagarla-intentar ser mejores aún-volverla a cagar, mientras…

¡Nunca dejéis de escribir!

2s comentarios

  1. Plas, Plas, Plas (Me levanto de la silla y aplaudo a cámara lenta).
    Me ha encantado el artículo, de verdad. Todo muy claro y muy bien explicado. Y es que alguien tenía que decirlo, el marketing es importante, pero no te asegura nada.
    Está claro que para quien quiere vivir de esto, vender es fundamental. Pero vender una vez no te garantiza que te vuelvan a comprar si lo que has escrito no les llega. Al igual que alguien que te lee pero no ha comprado tu libro (ya sea porque se lo han prestado o porque lo ha obtenido de otra forma) puede llegar a convertirse en tu más fiel seguidor.
    Podemos vender, sí, pero no podemos obligar a que guste lo que vendemos. Y si no gusta, no volverán.

    Un abrazo, compañero!

    1. El marketing es una herramienta muy útil, y necesaria en los días que corren. Pero es fácil confundir el marketing con un atajo, cuando en realidad solo es uno, de muchos, de los caminos que hay que dominar para tener oportunidades. Eso no quita para que exista gente que pueda saltarse algunos pasos y siempre se lo echamos en cara al dinero o a una buena campaña de publicidad (cuando quizá hay otras explicaciones).

      De vez en cuando hay que hacer una pequeña revisión de conciencia (y de contenidos) para darse cuenta de si uno camina por la senda adecuada.

      ¡Gracias por pasarte y comentar!

      Un abrazo.

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