¿Es malo un libro que no me gusta?

Llevaba varias semanas pasando de puntillas sobre este tema. Desde que terminé de leer La Armadura de la luz, de Javier Miró.

Ya el año pasado tomé la determinación de reseñar todo aquello que leía y, cierto es, que 2017 estuvo plagado de un montón de sorpresas agradables. Pero 2018 no ha empezado al mismo ritmo o quizá, sería mejor decir, yo no estoy con el mismo ánimo.

El libro de Javier era uno de esos que se quedaron en el tintero el año pasado y tuve la suerte de que el bueno del autor me mandase un ejemplar. Ni que decir tengo que es un privilegio (y una suerte) tener en mis manos un libro que deseaba leer.

Resumiendo mucho (porque decidí no escribir la reseña), no me terminó de enganchar. He pasado estas últimas semanas buscando un porqué y no terminaba de encontrar la tecla, hasta que leí un magnífico post de Coral Carracedo, sobre cuándo dejar una novela en stand by. Quizá no encontré la respuesta perfecta, pero sí le quitó hierro a un asunto tan personal como los gustos:

¿es malo un libro porque no me enganche?

No, desde luego.

Expectativas vs realidad

En retail (sector en el que he trabajado mucho tiempo) se le da mucha importancia al binomio del título. Cuando un producto, un servicio (o una conversación entre amigos) equipara las expectativas a la realidad, estamos frente a un win-win. Pero cuando no sucede así nos enfrentamos a las sorpresas:

Sorpresa positiva si realidad > expectativa

Sorpresa negativas si expectativas > realidad.

Pero uno no se puede quedar en un análisis tan vago y superficial. En primer lugar porque:

Las expectativas no tienen porque ser realistas

Quizá el ejemplo más claro que me viene a la cabeza es el de los banquetes de boda. Todos sabemos que cuando la palabra boda precede a cualquier producto, éste sube de precio exponencialmente. No por ello esperamos menos. Si pagamos 150 euros por el cubierto en el bodorrio definitivo, esperamos sorpresas, a un mago y, por lo menos, jamón ibérico. Sabemos que casi nunca es así y, aún con todo, nos cabreamos.

Las expectativas no son más que las condiciones ideales que tenemos en nuestras cabecitas, pero no tienen porque adecuarse a una realidad lógica (o a una basada en el universo paralelo de Wallapop, donde los artículos de segunda mano cuestan más que nuevos). Deberíamos tener la coherencia suficiente para poder discernir dónde empiezan las condiciones irrealizables. Pero hay más, porque…

No entender algo no significa que sea un error

Me he hartado de leer comentarios negativos, sobre todo en novelas de CiFi, del estilo: “no tiene ningún sentido”, “no se entiende el argumento”, “falta coherencia”.

Bien. Salvo que seas una eminencia en el tema que se trata (por ejemplo los vórtices interdimensionales), que no entiendas un pasaje de la trama o un diálogo profundo, no significa que el autor no sepa escribir para ti.

Puede ser también que supere tus conocimientos de curación (véase Greg Egan)

Es más, el marketing moderno y las técnicas de narrativa, sugieren que debes escribir dirigiéndote a un público concreto, pero eso no significa que tengas asegurado el 100% de su atención. Si todos los autores se guiasen por las nuevas tendencias de la literatura, es probable que no contásemos con novelas que se salen de norma por completo (a ver si tengo tiempo de mascar lo que me está provocando Justicia Auxiliar y os lo explico este jueves).

Y por último una novela no es mala porque…

Le falta acción, no hay tropecientosmil conflictos, no hay un personaje carismático (y cis-heterosexual), no hay un cliffhanger cada punto y a parte. Y así, ad nauseam, hasta que completes el decálogo de características que debe tener tu novela si quieres triunfar como la Coca Cola Zero Zero.

Estoy esperando a la triple Z: sin azúcar, sin cafeína y sin coca cola. Y entonces los gurús del marketing habrán encontrado la panacea: agua del grifo a 0,53 céntimos la lata.

Es lógico que una novela deba satisfacer ciertas condiciones para que te enganche, pero no cumplirlas no abona a ese libro al cajón de los fraudes (quizá al de “para que me compro un libro de zombies, si no hago más que criticarlos”).

Como lector, hay que tener la frialdad suficiente como para dejar a un lado las manías y los gustos, y leer lo que se tiene delante con un mínimo de ecuanimidad.

Pero esto no es un blog para lectores, aunque a veces publique reseñas (y aunque sean más que bienvenidos), es un lugar donde trato de entender, y explicar, qué circunstancias afectan al oficio de un escritor (sobre todo uno que empieza, aunque es válido para todos).

Ya sabemos que uno de los requisitos básicos de cualquier autor que se precie (y que se tire el moco por los bares del señor), es leer como si no hubiese un mañana (un simple tema de formación continua). Es más, alguien que quiera dedicarse a escribir, debería tener una agenda plagada de lecturas incómodas, ese tipo de libros que se salen fuera de la zona de confort. Esas novelas que te gritan a la cara “no tienes npi”.

Pero, por desgracia, las condiciones sine qua non y la alteración del ego, no son características exentas en los autores.

No deberías leer un libro si…

  • Quieres confirmar que ese autor novel es mucho peor que tú (aunque no hayas publicado ni una receta).
  • Piensas que tiene una valoración demasiado alta en Goodreads y ya estás tú para bajarle los humos a su creador.
  • Es un género que no te gusta y estás predispuesto a que no te guste
  • Has leído todas las críticas negativas, habidas y por haber.

Cuando te sugiero que no lo leas, es porque estás en el camino de hacer que tus expectativas sean imposibles de cumplir. Ahórrate el esfuerzo, ahórrale el mal trago al que le dedicó horas y horas, y utiliza tu tiempo (y sabiduría) en otros menesteres.

Ahora es cuando todos decimos eso de “no, si yo siempre leo los libros en modo free mind”. Ya

Pero puede llegar el día, el momento. Ese en el que un libro, de alguien al que respetas enormemente, con caché, de un género que te encanta y con una trama que te encaja, a priori, no dé con la tecla.

Incluso así, creo que no tienes derecho a decir que es un mal libro. Simplemente no ha sido lo que esperabas.

Desde luego, que nadie puede deciros cuándo, cómo y por qué debéis reseñar una novela (y descargar vuestra ira contenida sobre ella). Pero quizá deberíamos hacer un alto y pensar que, tras todas esas páginas, existe una persona que se ha dejado media vida en ello y que, por lo menos, se merece que tratemos su obra con respeto.

Entonces, ¿no hay ningún libro malo?

Claro que los hay, y los habrá por los siglos de los siglos (y ahora que publicar es más fácil que nunca, hay más posibilidades de encontrarse con cosas reguleras). Pero, antes de juzgar, asegúrate de que tu conciencia y tus expectativas estás sintonizadas en la onda correcta: en la de mirar con perspectiva.

Y luego recapacita sobre el bien que puedes hacer con una reseña iracunda.

¡Ah! Y si os preguntabais por La Armadura de la luz. Sí, la recomiendo; tiene un argumento muy original, una visión muy fresca del género fantástico y esta maravillosamente bien escrita (aunque a mí, a nivel personal, no llegase a engancharme).

Así que recordad que el hábito no hace al monje y que no debemos ser más papistas que el papa. (Frase final apoteósica.)

¡Y nunca dejéis de escribir!

PD: le dedicaré una reflexión extra a este tema con Justicia Auxiliar. Atentos a la próxima reseña.

2s comentarios

  1. Por un lado están los gustos y al otro la calidad de la obra.
    Para catalogar de una obra de buena o mala hay que tener mucho conocimiento teórico, capacidad de síntesis y determinación para que no influyan nuestras preferencias.
    Pero la experiencia ha demostrado que hasta los productos malos pueden triunfar, creo que no hace falta ejemplos. Por muy mal libro, película, videojuego, etc. viene la masa social e impone su criterio tan confuso que acabamos viendo hasta en la sopa esa estúpida obra que nos saca de quicio.
    Saber abandonar una obra que nos martiriza creo que es sano, aunque muchos se sientan orgullosos de acabar todo lo que empiezan por cabezonería y masoquismo.
    Un saludo.

    1. Gracias por pasarte Daniel,

      Toda la razón en lo que comentas, aunque eso no quita para que una amplía mayoría se suba al carro de criticar sin saber. Creo que fue Haldeman el que dijo que en el futuro (por ahora) el crítico sería la verdadera estrella. Y creo que acertó, aunque no podía saber que no siempre los críticos tienen por que ser personas con criterio.

      Muchas gracias por la visita.

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *