Misericordia auxiliar

El imperio del Radch está en guerra (y en peligro de extinción). Y ambas situaciones son debidas a una única persona (con diferentes grados de mala leche en sus diversos cuerpos). Mientras, Breq trata de tomar decisiones que no se inmiscuyan con ningún bando; proteger a quien pueda y sujetar la frágil política radchaai con su particular punto de vista. Estamos bien.

Cuando termino una trilogía o saga siempre trato de especular si la autora conocía todo el universo desde el principio o si fue adentrándose en él según escribía. ¿Eres de brújula o de mapa, Ann Leckie? Creo que la autora de la trilogía del Radch no solo tiene una maqueta del universo de sus novelas en casa, creo que tiene escondidas un montón de cartas para el futuro.

Hacia tiempo que no leía una trilogía tan redonda. 

No es ciencia ficción especulativa, y aunque Justicia auxiliar sigue un patrón más aventurero, no termina de parecerse demasiado a una space opera. Y, sí, hay guerra y tensiones políticas, pero no encaja del todo en esos subgéneros. Misericordia auxiliar cierra un ciclo y un nuevo tipo de subgénero al que he decidido llamar ciencia ficción auxiliar.

El mundo de las radchaai tiene una elevada carga política, una cantidad importante de cultura y tradición, y un sinfín de guiños y referencias a una sociedad claramente humana en el que existe un elevado componente artificial. No es algo novedoso, pero sí tiene una forma de mostrarse particular.

Esta última entrega cierra el arco de Breq y redunda en la idea sobre la esencia humana. El objetivo es muy claro y el final tiene cierta previsibilidad, pero el camino a andar está muy bien hilado.

Si alguien domina el equilibrio entre tensión argumental y avance hacia un objetivo esa es Ann Leckie. Es difícil despegarse de una novela que ya no te sorprende, pero que gira y se retuerce a cada paso. Cuesta seguir el hilo, que se cruza y deshace cientos de veces, durante muchas partes del libro y, sin embargo, es una delicia observar como Leckie no solo resuelve con solvencia, si no que te da un bofetón de lógica en la cara.

Quizá eso es lo más interesante de la novela (en mi opinión): la imagen de la lógica aplastante de una IA enfrentada a las deficiencias humanas. Solo que esa linea entre qué es humano y qué no, cambia a cada capítulo. 

Siempre pienso que como lector hay una especie de “elige tu propia aventura” mental. Mientras navegas por las páginas de una novela, tu mente va creando los diferentes caminos que espera encontrar más adelante. Las buenas novelas saben darle la razón a esos caminos cuando deben y los destrozan cuando tienen que hacerlo. Ann Leckie va un paso más allá:  reconoce la habilidad de tu razonamiento lógico y aplastante, lo pone al servicio de tu personaje favorito (lo que te une más a él) y luego lo vuelve en tu contra.

Toda la trilogía del Radch es un proceso continuo de caída en el abismo-catarsis.

Y, creo que por segunda vez, hay una autora (la otra es Becky Chambers) que logra un enlace empático con protagonistas claramente no humanos. Juega esa baza, tan peligrosa si no se forma en condiciones, que te compromete a retar a tu propia apertura mental, sin sermonearte ni decirte qué es lo correcto (si eso se puede determinar). 

Eso es lo que hace tan especial a esta ciencia ficción auxiliar, que te hace replantear tus criterios cada pocas páginas.

Creo que esta trilogía es un paso lógico para aquellas y aquellos que quieran alejarse de la ciencia ficción más habitual, sin meterse demasiado en los derroteros de la ciencia ficción hard, y sin perder por ello ese sentido de la maravilla de la mano de unos personajes tan reales y tridimensionales que parecen más humanos que los humanos.

Pero de eso va la historia, ¿no?

«Spaceship3» by markhung1712 is licensed under CC CC0 1.0

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