El portal de los obeliscos

Castrima se ha convertido en el improvisado (y extraño) hogar de dos de los orogenes más poderosos de La Quietud. Alabastro se muere, pero antes debe hacer que Essun olvide a su hija y se concentre en los obeliscos. Hay mucho más que óxido detrás de los obeliscos y en ellos parece estar la clave para acabar con las Estaciones. Essun claudica y deja de buscar a Nassun, su hija. ¿Será la mejor decisión?

Segunda entrega de la premiada trilogía de La Tierra Fragmentada. Posiblemente una de las mejores combinaciones entre fantasía y ciencia ficción de los últimos tiempos, y sin embargo creo que esta segunda parte no le hace honor a la primera.

Procedo a explicarme.

El estilo de Jemisin es el mismo: directo, en primera persona. Con ese toque característico de frases muy cortas y centradas en hacerte saber qué sientes a cada momento. Es igual de preciso y adecuado para la novela como lo fue en la primera. Pero ya no sorprende.

Alabastro y Sienita vuelven a la acción. Siguen siendo dos seres poderosos con un montón de problemas personales, que deben hacer algo por el bien de la aciaga tierra. Tienen que tomar partido y mover una ficha que solo ellos parecen poder mover. Siguen igual de carismáticos, duros y tridimensionales. Pero ya no sorprenden.

Nassun se descubre como una poderosa orogén, llevada de la mano del Guardian Schaffa (que también sigue su linea de tipo al que temes pero entrañable a su vez) y de Jija; un padre que no comprende a su hija y un “padre” que la comprende demasiado bien. Otra vuelta de tuerca a las relaciones paterno filiares que ya se vio en la primera entrega y que no aporta nada especialmente nuevo.

En La quinta estación sabíamos de los obeliscos, de las civitustas, del Fulcro, los orogenes, los comepiedras y los táticos (y todas sus variantes de clan). Esperaba que en esta segunda entrega se abriesen las puertas de La Quietud de par en par. Pero no ha pasado eso. 

Si hay que valorar El portal de los obeliscos de forma individual, no puedo ignorar que la sensación de novela de transición es demasiado notoria. No pasa nada demasiado espectacular en toda la novela y lo que sucede se intuye con bastante facilidad (no voy a hacer spoilers), porque Jemisin te pone sobre la pista de forma un poco redundante.

La novela sigue estando maravillosamente bien escrita. El mundo es los suficientemente diferente y original para seguir sorprendiendo por sí mismo, pero esta vez hay que hacer mucho más esfuerzo para pasar las páginas, porque ya sabemos de lo que son capaces los orogenes, sabemos que hay una guerra de facciones; y no lo sabíamos, pero intuíamos, que los comepiedras eran mucho más de lo que parecen. ¿Entonces para qué tanto dialogo interior, tanta duda y tanto paso penoso por un mundo destrozado?

Esa es la pregunta que me hago y que resolveré quedándome de piedra (nunca mejor dicho) con la última entrega. O al menos lo espero. No estoy decepcionado porque la calidad sigue estando ahí, pero no he saboreado el lujo de leer una novela premiada hasta la saciedad y que llegaba de la mano de una primera entrega fabulosa. 

Seguro que solo ha sido una transición a un final apoteósico. Seguro.

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