Reseña: El bosque oscuro

Vienen los Trisolarianos. Nos han dejado los sofones para que no seamos capaces de crear más algoritmos para las casas de apuestas, y la gente está que trina porque ya no puedes apostar nada más que al resultado del partido. Pero no todo son malas noticias, contamos con las mentes brillantes de la humanidad y unos cuantos años para enfrentarnos a nuestros visitantes aliens…

Hay dos axiomas que rigen mi gusto lector: las novelas con una premisa sencilla y un desarrollo que te vuela la cabeza; y ese tipo de libros en los que tengo la sensación de que voy entendiendo las cosas por los pelos. El problema de los tres cuerpos (la primera parte), cumplió ambas condiciones pero no durante todo el desarrollo; El bosque oscuro, sin embargo, ha superado todas las expectativas.

En primer lugar, la idea es muy sencilla: vienen los trisolarianos, son muy superiores y nos van a hundir el pecho (sin miramientos). Pero no somos humanos por nada, y ahí entra en juego nuestra capacidad para evolucionar a la velocidad de la luz (o casi), y ser capaces, en muy poco tiempo, de darle la vuelta a la tostada (si es posible). Si Liu Cixin se hubiese quedado ahí, habría sido una buena novela de CiFi, quizá un poco vista, sin demasiadas novedades. Pero el genio chino no ha saltado al mercado occidental por nada (supongo que el Hugo ayudó).

Me atrevo a decir que el nivel de especulación de esta novela es el mejor que he leído en los últimos dos años (y he leído bastantes idas de olla). Es probable que el desarrollo de El bosque oscuro pueda decepcionar a los lectores de ciencia ficción más distópicos y belicosos; también es posible que los menos pacientes deban sufrir la extraña prosa que viene desde oriente y que, por momentos, puede hacerte perder el hilo. Pero el que pase por encima de esos escollos encontrará un pequeño tratado de los problemas a los que tendrá que hacer frente la humanidad cuando llegue la hora de echar cuentas. Bueno, digo los problemas, cuando en realidad solo hay un GRAN problema: la propia humanidad.

Sí (y esto es un pequeño spoiler), porque los trisolarianos son solo una excusa que utiliza el autor chino para dibujar un compendio completo de las miserias humanas y de la tumba profunda en la que se convierte nuestra sociedad (hasta el punto de no ser capaces de salir, aún con un haz láser apuntándonos a la cabeza). Una maravilla de la ciencia ficción especulativa que habla poco de ciencia (que la hay, y tratada con elegancia) y mucho de los retos como sociedad que se nos presentan. Al margen de eso, podéis borrar a los aliens de la ecuación y sustituirlos por cualquier catástrofe global, el resultado sería más o menos el mismo.

Lo precioso de esa ecuación no es tanto la fórmula, sino el desarrollo. Partir de dos premisas que cualquiera tiene a su alcance: la supervivencia y la energía finita del universo, y convertirlas en un eje sobre el que girar un montón de aspas.

Puedes quedarte al margen de la profundidad de esta novela, si eres de los de señalar cada fallo estilístico, criticar el descuido de los autores que han dado el salto a la fama o si eres de los de quejarte de los pasajes descriptivos sin demasiado fundamento. Otras veces te diría que estás en tu derecho. Esta vez también lo digo, pero añado que espero que llegues al final y te des cuenta que, a veces, lo que cuenta no son las piedras del camino, sino lo que significa ese camino en sí mismo.

De momento, la gran sorpresa del año (El problema de los tres cuerpos me gustó, pero no se coló en el top 10 del año pasado).

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