Reseña: El cirujano

Gilberto ha decidido darle un giro a su vida; ponerle un poco de mordiente. ¿Por qué no espiar al tío más famoso del mundo? Uno que, en concreto, ha descubierto el santo grial de la humanidad: la inmortalidad. Quizá si le presiono un poco, podríamos ir a medias, pensaba Gilberto. Solo que las novelas nunca son lo que parecen, y El cirujano (el inventor de la inmortalidad) tiene los días contados desde la primera página…

La novela corta de Carlos Pérez Casas, autor que tuvo la amabilidad de enviarme su obra, cumple con varias de las máximas en este tipo de narrativa: ritmo frenético, constantes cambios de guión y una cantidad, considerable, de carisma de rápido consumo. Tres características muy difíciles de conseguir y harto complicadas de mantener (por muy corta que sea una novela), que en El cirujano funcionan muy bien. Pero hay dos aspectos que hacen que leer la novela haya sido un verdadero gustazo.

El primero tiene que ver con el propio ritmo de la novela. Si hay algo que remarca cualquier editor que se precie, es que las primeras páginas tienen que enganchar. El cirujano te volverá loco desde la segunda. La dificultad radica en mantener ese nivel de tensión, que asegure que las páginas van a volar y el porcentaje del Kindle va a subir cada minuto. Lo más fácil es presuponer que la inclusión de introducir una cuenta atrás (no es demasiado spoiler, pero pondré la alerta), o crear un clima de tensión armamentística; entre los protagonistas y en la descripción de mundo en general, son herramientas útiles para crear esa sensación de thriller. Pero la realidad es que en ambas se convierten en conductores de la verdadera maquinaria de tensión: la falta de información.

Desde el principio, el número de preguntas que se generan en tu cabeza, es muy superior al de respuestas. El resultado es que la cuenta atrás y la tensión militar queden en un segundo plano, totalmente superados por los misterios que subyacen en la trama. En mi opinión, lo que ha hecho que devore El cirujano, no ha sido responder a qués (¿qué pasa si se acaba la cuenta? ¿Qué pasa si alguien se le va la mano?), sino tratar de indagar en los porqués del mundo que ha creado Carlos (una distopía nacional muy bien definida).

Una verdadera carrera por intentar entender las motivaciones de los protagonistas antes del que el marcador del Kindle llegue al 98%. Un tipo de tensión que nunca habría imaginado.

Y este aspecto, nos lleva al segundo punto que merece ser analizado: el equilibrio entre contar e insinuar. El cirujano no es una novela explícita, no cuentas desde el principio con el mínimo de información para saber por qué se inicia la vertiginosa carrera; lo tienes que deducir o sacar a la luz de entre las pocas pistas. El peligro en este tipo de estructura es pasarse de listo, o quedarse corto: introducir demasiadas interrogantes que no se resuelvan antes de acabar. Y creo que es el mayor mérito de esta novela corta: contarte lo justo, obligarte a estar atento y premiarte al final (si te lo has currado mientras leías).

Muchas veces se dice que los escritores noveles no tienen ideas frescas; El cirujano no parte de una premisa demasiado original, pero sí tiene un ritmo propio, una manera diferente de contarte una historia que, ahora mismo, no sorprende a nadie. También se dice que no son capaces de imprimirle el punch de los más veteranos; Carlos ha logrado que una cuenta atrás parezca un simple recurso, frente a su potente forma de retar a tu mente. Y, sobretodo, se dice que los noveles tienden a no arriesgar, a utilizar fórmulas seguras.

El cirujano no cuenta una historia innovadora, pero la forma de narrarla sí lo es. Es arriesgada en sus herramientas, en su enfoque y en el reto que puede suponer para un lector no demasiado habituado a resolver preguntas en medio minuto. Solo por eso merece la pena gastarse los irrisorios 3 euros que cuesta.

Pero, además, si quieres darle una oportunidad a alguien joven, con nuevas ideas y bastante talento, puedes empezar por aquí.

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