Reseña: Harry Potter y la cámara secreta

Harry Potter se frotaba las manos, muy ufano él, pensando que en el segundo año en Hogwarts le tocaba preparar lo de las novatadas. Pero como no es un tipo al que le sonríe la suerte, se pasa un verano viendo como todo el mundo va a las piscinas de verano, mientras a él le tocan las tareas del hogar. Al final llega la vuelta al cole, y Harry es feliz porque va a volver a ver a Dumbledore, Hagrid, Snape y a todos sus colegas…todo muy idílico (pero ya sabéis que no va a ser así).

Le he dado vueltas a la opción de hacer una reseña sin tener en cuenta lo que ya sabía. Y me he dado cuenta de que esto es una reseña, no una crítica literaria hecha por la próxima “Y” de la RAE. La gracia reside en intentar explicar que me pasa por la cabeza (daño colateral incluido).

La segunda película es la que menos me gustó, casi con total seguridad por la falta de credibilidad artística de Daniel Radcliffe; no entendí demasiado bien porque Harry hablaba con las serpientes y ponía cara de estar comiendo coles de bruselas. Tampoco me quedaba claro como funcionaba lo del diario y, mucho menos, cómo Quien-no-debe-ser-nombrado siempre se las arregla para tocar los… (la regla del conflicto, ya, ya).

Sin embargo, esta segunda entrega en papel me ha gustado (más que la primera) y me ha gustado (mucho más) que la película. Aquí se cumple la máxima: el libro siempre es mejor que la película.

Lo que se le podía achacar al formato de la gran pantalla era la falta de coherencia entre la gravedad de lo que pasaba y los motivos, mientras que en el libro queda perfectamente explicado y, además, se le da bola a un personaje que tiene mucha importancia al final y que en las pelis pasa de puntillas (y que cumple uno de los clichés que es obligatorio si quieres que tu obra sea tildada de, como mínimo, desigual).

También se aprecia la evolución de los personajes principales; la exageración de sus virtudes, pero también se empieza a ahondar en sus temores (hay que recordar que es un libro dirigido a lectores de doce años). Me parece que empiezo a entender una de las claves del éxito de Rowling, pero aún no quiero lanzar la piedra.

Pero lo que hace que el libro me parezca muy bien balanceado, es el equilibrio entre tensión, descripción y conocimiento de los personajes. No aparecen en esta entrega personajes que, a posteriori (y de ahí viene la primera reflexión), vayan a ser demasiado relevantes. Eso empieza a otorgar a la saga ese toque hogareño que hace que te apetezca leer la siguiente entrega o no (y si no pensad en la cuarta entrega de Juego de Tronos y cómo todo el mundo se llevó las manos a la cabeza). Por otro lado se refuerzan conceptos que ya se entrevé que van a ser muy importantes: la batalla entre los partidarios de los muggles y los detractores, la política de los magos, el quidditch y el choque de fuerzas mágicas constantes que se preve en un mundo dominado por la magia.

Solo hay dos cosas que me han chirriado.

Una tiene que ver con las expectativas, esperaba que los secundarios tuviesen un papel más relevante, que sus personalidades fuesen forjándose a la vez que las del trio protagonista, pero no hay mucho en esta segunda entrega que se salga de la triada. Un poquito de Dumbledore, un poquito de Hagrid y un pizca más grande de El-que-no-tiene-nariz-y-a-todo-el-mundo-le-da-la-risa-porque-saben-que-es-Ralph-Fiennes (Spoiler, sorry).

Y la segunda, es un concepto que quizá no he comprendido. Porque Rowling, sobre todo en el primer cuarto del libro, se empeña en reforzar las ideas principales: ¿quién es Harry Potter? ¿Por qué es tan importante? ¿Cuáles son las bases del mundo mágico? ¿Qué es Hogwarts? Y un etcétera bastante largo. Supongo que fue una estrategia para posibilitar que los libros pudiesen leerse de forma autónoma, cosa que en esta segunda entrega pierde un poco de sentido (sí creo que se puede leer el primer libro, disfrutarlo, y poder vivir sin leer ninguno más), porque hay aspectos que necesitan al primer libro para funcionar bien. ¿Quizá en Inglaterra la gente acostumbra a comprar las segundas partes y si les gusta compran la primera? No lo sé, pero la realidad es que esas frases explicativas te sacan del sueño lector con bastante eficacia (menos mal que luego desaparecen).

En fin. Segundas partes nunca fueron buenas, típica frase que no se cumple muchas veces. La cámara secreta es una muy buena segunda parte y, sobre todo, es una muy buena forma de terminar de introducirte en el mundo mágico de Harry & CO.

Próxima parada la cárcel más temida e inexpugnable (y de la que todo el mundo se escapa): Azkaban.

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