Reseña: Harry Potter y la piedra filosofal

Pues resulta que Quien-tú-ya-sabes (y si no sabes, no sé cómo has llegado hasta esta reseña), estaba muy cabreado, porque los mejores magos del planeta, los Potter, no se habían querido unir al nuevo orden que Vold… Quien-tú-ya-sabes quería implantar. Ya te podrás imaginar: destrucción, ricos sobre pobres (en versión magia); champán del bueno para unos y jornadas de dieciséis horas —por un salario de mierda— para el resto (todo muy de fantasía). Y acabó con ellos, pero no contaba que el hijo de ambos, un recién nacido, era tocho que te cagas y no pudo con él…¿adivinas el nombre? (Pista: está en la portada de todos los libros).

Ironía —y humor de calidad— aparte, con este libro J.K. Rowling empezó a labrar un camino que le llevaría al Hall of Fame. Aunque creo que ni ella se lo esperan demasiado, después de recibir hasta trece rechazos editoriales (seguramente esos trece visionarios ahora se dediquen a otras cosas. Seguramente).

A diferencia de otros libros, uno no puede omitir a Harry Potter, salvo si vive en un lugar muy, muy apartado del mundo, y se tapa las orejas y los ojos con mucha fuerza y decisión. La expectativa ante un fenómeno de este calibre es extrema. Y sabiendo de que país soy, lo lógico es que mi cabeza estuviese preparada para esos argumentos tan buenos y válidos…

“No es tan bueno como dicen”, “lo puede escribir cualquiera” y, el que más me gusta con diferencia: “es un libro para críos”.

Además la novela partía desde una posición incómoda. He visto las películas y me gustan bastante (sobre todo El cáliz de Fuego, porque sale Pattinson y el ladrón está arrebatador; y en la que Hermione tiene el reloj que modifica el tiempo: ¿El prisionero de Azkaban?). Bueno, da igual. La cosa es que cuando has visto un película y vas a leer el libro, ya tienes ideas preconcebidas, tienes la imagen de los personajes y lo que te trasmiten, y es mucho más fácil sentirse desilusionado.

Hay un punto clave, además, que es el factor decisivo para que las películas me gustasen: un intenso sabor a aventura mágica. La sensación palpable de que el universo de Rowling se mueve muy bien en las aguas abandonadas de la aventura (desde que es un género que no le interesa en especial a Hollywood), que cualquier pequeño atisbo de que los libros no siguen esa ruta, es una decepción casi asegurada.

Y hay más, claro. Ya sabes que cuando cierres el libro, detrás hay otros seis. No solo eso, además sabes que todo se vuelve más oscuro y siniestro. Y cuando lees un primer libro de saga con toda esa información, el factor sorpresa queda descartado. Todos sabemos que ese factor es el que persigue cualquier autor/a. Es el que convierte la novela en un best seller (casi siempre). Rowling no contaba con esa ventaja, ni con la de permitirse el lujo de esconder pistas (porque ya te las sabes), ni siquiera contaba con la licencia de esconderse en la manga los secretos más oscuros de sus protagonistas. Y aún así…

…me lo he pasado en grande. Sí, como un niño, a mis —casi— treinta y siete añazos.

Porque el sabor de aventura, de adentrarte en un mundo maravilloso desde los ojos de un Harry (que además tiene la ventaja de ser interpretado por tu imaginación y no por el soso de Daniel Radcliffe) que flipa con todo y con todos. Porque, por mucho que busques, Rowling lo tiene todo atado: sabes quién es Snape, Dumbledore, Hagrid y Malfoy. Lo sabes todo y, sin embargo, no puedes evitar sentir rabia, cariño, frustración o vergüenza, cuando tienes que sentirla; aún sabiendo lo que viene detrás.

No recuerdo ver una película procedente de un gran libro antes de leerlo (no estoy seguro con El hombre bicentenario, que es de mis pelis favoritas) y soy de los del club de “siempre es mejor el libro”. Y en este caso lo sigo diciendo, con la diferencia de que contaba con toda la info, tenía todos los ases y, sin embargo, Rowling ha conseguido hacerme disfrutar como si fuese un novato.

Y se nota el toque más infantil, como no puede ser de otra manera con protagonistas de diez años, pero no hay nada que no permita a un adulto disfrutar. No hay nada que no permita leerse este libro y no leer ninguno de los otros. No hay nada que sustente un argumento de los clásicos de cuñado.

Porque es bueno, magníficamente escrito y, además, me ha entretenido como muchos libros para adultos no han conseguido.

Quizá soy un inmaduro, o quizá Rowling es una tía con mucha imaginación, talento para ponerlo en palabras y perseverancia para mostrar al mundo su obra.

Ahora solo queda seguir avanzando y ver que es capaz de hacer Neville (mi favorito desde siempre), esperar a que salga Luna (que me flipa) y ver si a Rowling se le ve el plumero con las vacas sagradas de su propia creación (y me parece que no va a ser así).

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