Reseña: Harry Potter (toda la saga)

¡Vaya! Nos quedamos sin quidditch, sin Hogwarts, sin ministerio de magia y sin lo que sea que es la cerveza de mantequilla. Ha sido un viaje bonito, divertido, entretenido (a veces un poco pesado), pero gozoso de llevar a cabo. Ahora puedo entender por qué hay una legión de fans de Harry & CO., y también una buena cantidad de haters

Antes de empezar, y aunque alguien se pueda sentir decepcionado, no voy a reseñar la última entrega en sí. Voy a intentar plasmar lo que ha significado la saga entera para mí y, lo que creo, que hace de Harry Potter un fenómeno de masas.

Lo primero, y de recibo, es aplaudir a la señora Rowling. No solo por el éxito (que también), sino por su perseverancia y por el cariño que le ha seguido dando a la saga (cuando ya tenía muchos millones en la cuenta). Lo segundo, y lo que más duele a mucha gente: la saga de Harry Potter no es una obra maestra (ni los Juegos del hambre o 50 sombras de Grey).

Cada año hay miles de impactos de meteoritos en La Tierra, no nos enteramos de casi ninguno, porque apenas producen alteraciones (salvo en su territorio, como algunas novelas ¿no?). Pero siempre hay uno de los grandes que escapa y hace un poco más de ruido. Los meteoritos no dejan de ser rocas; extraterrestres sí, con una historia fascinante que ha atravesado millones de kilómetros, sí; rocas con un toque exótico.

Eso es Harry Potter: una buena saga envuelta en un halo de misticismo. 

Que nadie piense que es un titular rencoroso, creo que es todo un halago (no por venir de mí, válgame el señor). Lograr que una obra buena, sin ser brillante, alcance el mayor éxito de todos los tiempos (La Biblia no la cuento, porque la estrategia de marketing me parece engañosa), no puede ser fruto de la casualidad. Y Rowling lo supo (o la editorial). Por lo menos a partir de la quinta entrega, después de que el Cáliz de fuego cosechase elogios de crítica y público (y creo que los merece). ¿Qué tiene Harry Potter que no tengan los demás? 

Una autora con una inteligencia excepcional para entender a su público.

Harry sigue todos los patrones del viaje del héroe. Todos. No es una historia novedosa, aunque nadie puede decir que el mundo mágico no sea una maravilla refrescante. La clave es que Rowling supo otorgar, en cada entrega, importancia a lo que su público esperaba de sus héroes.

Un mundo fantástico y sorprendente en La piedra filosofal. El peligro incipiente de las cosas descontroladas en La cámara secreta. La solidificación de las leyes y las consecuencias en El prisionero de Azkaban. El mundo (y lo que ello conlleva) en El cáliz de fuego. Pegarse con el muro de la realidad (y lo aburrido que es todo) en La orden del fénix. El engaño, la traición y el poder oculto en El misterio del príncipe. Y…

El brillante, y a la vez oscuro, umbral que da paso al mundo real.

Rowling supo en todo momento que se dirigía a niños, que se convertirían en adolescentes y que terminarían por estar a las puertas de la edad adulta. Y lo endulzó con el mundo mágico (quizás en ocasiones demasiado, pero eso es opinión personal). Harry Potter habla de amistad, de lealtad, de traición, de amor (ñoño, pero amor al fin y al cabo), de valor, de política y de lo poco que importa ser buena persona si consigues más no teniendo escrúpulos. Esa es la segunda gran baza de Harry Potter:

La edulcorada crítica a una sociedad occidental en la que todo se pinta de un color que no es el de la realidad.

Solo por eso, todas las madres, padres, tías, tíos, abuelos y abuelas, y personas del mundo deberían leer Harry Potter, para que cuando sus hijas, hijos, sobrinas, sobrinos, nietos, nietas, lo lean, puedan decirles: “te lo dije: no es fácil”.

Es una saga que debería ser obligatoria en los colegios. No para hinchar las arcas de Rowling (que se lo merece, joder), sino para tener una excusa para hablar del éxito, del marketing, de cómo hay veces que el talento no es lo único que se necesita en la vida, y que el trabajo duro y la perseverancia también cuentan en la ecuación.

Y alguno criticará que no es ninguna obra maestra, que no aportará mucho a la cultura literaria de las generaciones venideras. Y digo yo, con todo el respeto, ¿qué aporta al mundo actual leer La Celestina? (A parte de haberlo hecho).

Creo que necesitamos explicar a la gente de nuestro alrededor (no solo a la chavalada), que hay muy poco, o nada, que podamos controlar en la sociedad de hoy, apenas nuestra pequeña franja de terreno. Quizá nos baste con cuidar de los nuestros sin hacer daño a otros. Entender de qué van las cosas, hasta donde podamos. Y, con un poco de suerte, pagarnos unas vacaciones en Riviera Maya con el esfuerzo de nuestro sudor y lágrimas.

Rowling es un poco pesada, da demasiadas vueltas a los mismos conceptos, utiliza algunos recursos que cualquier editor que se precie tacharía desde el minuto uno y, sin embargo, ha conseguido que lea más gente que cualquier otra novela. Por algo será.

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