Reseña: Hijas de Lilith

Lidia es una mujer normal, con una vida normal, a la que le pasan cosas no demasiado normales. Hasta que descubre que es una bruja, que puede hacer cosas con su sangre, que está embarazada —de una hija que además va a cambiar el nuevo mundo que ha conocido— y su novio no es como ella pensaba. ¡Ah! Y hay dioses tochos metidos en el ajo.

No tengo el gusto de conocer (fisicamente) a Rafa de la Rosa, he tenido la suerte de compartir algún comentario con él y solo puedo decir que me parece un tipo natural, valiente y con mucho sentido común. No puedo negar que albergaba ciertas expectativas con respecto a su primera novela y no me he sentido defraudado, ni mucho menos.

Me decidí por la edición impresa, porque soy de los que les gusta tener los libros en papel y porque espero que algún día me lo pueda firmar el autor, y lo primero que sorprende es la calidad de la portada —realizada por Libertad Delgado con el estilazo que ya he podido disfrutar en los libros de la serie Crónicas del Fin—, pero dentro también se puede apreciar el cuidado por una maquetación reader friendly —que no siempre se da. Aún me duele la cabeza después de pegarme con la edición de bolsillo (ya me vale también) de Las Naves de la Magia de Robin Hobb—. Quizá esto pueda parecer algo superficial, pero no creo que lo sea en el primer libro de un autor; cuando estás más preocupado de que la historia guste, de que los personajes sean apasionantes y que la trama sea explosiva. Rafa también ha pensado en que disfrutes con el propio acto de lectura. ¡Bravo!

Al meollo.

Tengo envidia (sana, no nos calentemos). No porque el libro esté muy bien —que lo está— o porque el autor se haya arriesgado a una trama de brujas, dioses y cazadores (con personajes no normativos), tirando a sangrienta, en un mercado dominado por otro tipo de historias —lo cual solo suma más puntos a la valentía de la que hablaba al principio—, sino porque esta novela, su primera, sale en medio de la vorágine de redes sociales que suscita el propio Rafa, metido en no se cuántos proyectos (que podéis conocer de primera mano en su blog) y sin dejar de interactuar a cada momento.

Quizá es el mejor ejemplo de lo que debe ser un autor/a de hoy en día. Una máquina de estar a todo.

Podría haberle pasado factura, podría haber terminado en una novela inconclusa, falta de pegada o mal escrita, pero no he podido ver nada de eso en Hijas de Lilith.

La novela discurre con una trama bien definida, que en ocasiones se divide en varios sucesos simultáneos en el mismo capítulo y que enlazan muy bien (no parece que sea una primera novela en ese aspecto, por ejemplo). La trama va saltando entre la protagonista —que es otro de los puntos positivos a la valentía de la obra (¿una embarazada explotando cabezas?)—, las brujas, los dioses y los cazadores. Todo mientras se presenta un mundo oculto que creo que Rafa se ha currado a base de sudor, lágrimas y, estoy seguro, bastantes horas de sueño. 

No es una de esas novelas en las que lo descriptivo se presenta en pequeñas cápsulas narrativas. No. En Hijas de Lilith todo va rápido, todo cambia a la velocidad que se espera en un suceso que cambia la propia naturaleza de la trama. ¿Si el mundo se va a acabar, por qué pararnos a describir la fachada de ese hermoso museo que cualquiera puede ver en una foto en Google? Eso no quita para que la acción y los sucesos queden descritos de manera precisa con un lenguaje directo, que en ningún momento peca de excesivo —muy típico de autores noveles— o demasiado agresivo —muy típico en este tipo de novelas— y que creo que es uno de los aspectos que más me ha gustado. Más sabiendo que es difícil reconocer un estilo definido en una primera novela.

Es un libro que se lee rápido, que tiene pasajes de gran calidad, sobre todo los relacionados con la historia de Lidia —las conexiones con la hija me han parecido maravillosas— y los que explican la influencia de los dioses y su implicación en la trama. La sensación es que Rafa se ha inventado una mitología para su propio libro —aunque haya tirado de referencias como todo hijo de vecino— y el resultado es espectacular.

Quizá me hubiese gustado más ahondar en la jerarquía de las brujas o en el sistema de los cazadores —que veo que quizá es lo más flojo—, pero en ningún momento eso entorpece el desarrollo de la historia y cómo ésta va fluyendo hasta el final.

Quizá la extensión del libro —apenas 240 páginas— es la que te deja con esa sensación de “me hubiese gustado saber algunas cosas más”, pero si me ciño a lo que quiere contar la novela, el resultado es muy bueno.

Entretiene, te abre las puertas de un mundo desconocido y te lo presenta mientras todo sucede a velocidad vertiginosa. Sin perder el norte, sin florituras, sin pretender demostrar que Rafa es el nuevo tal o cual. Con un estilo propio, cuidado y preparado para que el lector se sienta atrapado en la magia de sangre.

Esta es una buena oportunidad para lanzarse a leer el libro de un autor novel, independiente y que seguro que dará que hablar en el futuro. Además el precio de la edición en papel es irrisorio para su calidad —un detalle más del autor—.

No hay excusas para no adentrarse en el desconocido mundo de las brujas de la mano de Hijas de Lilith.

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