Reseña: Historia absurda de España

¡Una España grande, próspera y unida! Since 1492. En realidad no es así, parece. Es más una idealización de lo que se supone el origen de nuestro magnífico y soberbio país. La movida es más gorda. Mucho picha brava, mucho “aquí estoy yo porque e venío”, y mucho desastre debido a esas cosas tan nuestras como la picardía, el “tonto el último” y el “viva España, viva el rey, el orden y la ley”.

Lo primero que hay que dejar claro es que Historia absurda de España es un ensayo escrito con rigor, con una extensa bibliografía y con un montón de detalles importantes; todo eso subrayado con buenas dosis de humor, un poco de mala leche irónica y toneladas de actualización de los cánones de cómo se debe contar la historia.

Me habría ido mucho mejor en el instituto si me hubiesen contado que Felipe IV fue un grande de España, con una mandíbula portentosa, demasiado gusto por las mujeres (en realidad eso era un must) y una tendencia suicida a gastarse el dinero en Kickstarters. Y ese el mensaje con el que me quedo de este libro:

La historia es aburrida, intrascendente o irrelevante. Lo es, si no tienes ni idea de cómo contarla.

Y esta gente da con una tecla que seguro que le pondrá los pelos de punta a más de uno (y de dos) historiadores, pero que creo que es la fórmula para transmitir algo importante. La historia nos enseña cuáles fueron nuestros errores. En principio para aprender de ellos y no volver a cometerlos. Aunque eso en España no funciona así.

Repasemos las noticias de últimas semanas: hay gente que dice que es algo que no es (doctorando o lo que sea); los bancos han tenido beneficios, pero cuando les hablamos del rescate se tapan los oídos y “lalalalalala”; tenemos ganas de separación (con más o menos intensidad); y Sálvame sigue siendo el programa más visto en todas las franjas horarias (porque dura como doce horas).

En resumen: nada nuevo en el horizonte.

Eso es uno de los detalles “insignificantes” que te cuenta Historia absurda de España. A los españoles nos gusta que nos mangoneen (un poco menos si los ladrones no son de por aquí, por aquello de no ser españoles puros), nos mola el salseo y somos muy de ponernos a repartir hostias si el motivo es mínimamente legítimo (que alguien diga que Messi es mejor que Ronaldo vale). Todo eso genera una especie de definición de raza (¡española, por supuesto) que nos ha moldeado a lo largo de los años.

Yo era de los que pensaba que aprender historia era algo que te hacía ganar partidas de Trivial (los quesitos amarillos son una putada) y poco más. ¿De qué va a servir conocer algo que paso hace seiscientos años? ¿Qué puede decirme el pasado del presente? ¿Qué puede contarme un señor que vivió hace cuatrocientos años que no me pueda contar la Wikipedia? Nada…

Salvo confirmar que no hay nada nuevo en el horizonte y que seguimos siendo la misma carne de cañón de siempre.

No voy a decir que este tipo de libros se deberían usar en educación (porque eso es privatizar la enseñanza, parece), pero sí voy a promulgar a los cuatro vientos que podían haberme mandado algo así como lectura obligatoria y hubiese entendido (y asimilado) qué es ser un españolito de a pie, qué significa eso de estado laico y por qué siempre andamos a hostias.

Leedlo. Si os gusta la historia, y si no os gusta también. Incluso si no os gusta leer, también. Que os vais a hinchar a ganar partidas de Trivial y que os adulen por vuestra cultura y verbigracia (y ya de paso aprendéis algo de historia).

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