Reseña: La caída de Hyperion

Los peregrinos esperan al epílogo que les tiene preparado el Alcaudón, y suena a esos que no se entiende demasiado pero que tiene guirnaldas y estrellas de papel maché. Mientras, en la Hegemonía, se ha montado una comisión para ver que pasa con la Entidad Suma pero, la casualidad, que en los despachos de la super inteligencia artificial los servidores se han ido a la mierda…

Me gusta hacer una intro con un poco de ironía. Incluso cuando el libros es muy bueno. Incluso cuando estoy delante de una de esas novelas que cambia la historia. Algo de eso ha pasado con la segunda parte de los Cantos de Hyperion.

Hyperion me gustó. Me costó coger el ritmo y comprender como funcionaba una estructura creada en forma de homenaje a un poeta, y su obra, y que trataba temas filosóficos, científicos, políticos y sociales. Una mezcla muy heterogénea, solidificada con la capacidad de Simmons de pintar el paisaje con maestría. Eso no quita para que la lectura me dejase cansado. Es una de esas experiencias densas, en las que hay que estar atento a los detalles, en las que hay capas y capas de sustrato del que sacar conclusiones.

La caída de Hyperion cumple muchas de las características de su predecesora. Pero tiene otro ritmo, hay menos filosofía y más barro (del que es tierra mojada, no ese que forma parte de los hombres). Lo que muchos otros autores hacen, presentar en su primera novela el mundo, Simmons lo deja para una segunda parte en la que, además, juega una mano arriesgada. Comprime en poco más de setecientas páginas una confrontación política y ética de una magnitud bastante importante.

Siempre es difícil representar EL MOMENTO. Una de esas palancas que utilizan los escritores de ciencia ficción para tirar de imaginación: el instante en el que la humanidad trasciende o se va a por uvas. Y Simmons demuestra porque Hyperion ya está representada en los anales de la historia como una de las mejores sagas.

Te lo crees. Hay sorpresa, giro narrativo y, lo mejor, que no es nada evidente (casi hasta el final del libro). Hay pistas buenas, pistas falsas, caminos sin salida y una gran cantidad de desinformación. Es lo que esperarías en un escenario de semejante magnitud. Evidentemente tiene que haber personajes out of this world, como Meina Gladstone, ese efecto Hari Sheldon que predice los acontecimientos con tremenda exactitud. Aunque también hay espacio para entender que los visionarios pocas veces son queridos en su tierra.

No es una novela fácil de leer. Todo lo relacionado con el Alcaudón bordea la estrecha línea entre la ciencia ficción y la filosofía alrededor del tiempo como dimensión. Hay veces que el espacio entre comprender algo con pinzas y hacerlo con solvencia es tan estrecha, que exige que estés al cien por cien en cada párrafo (nada de lectura diagonal).

Juego con la posibilidad de que los editores le dijeran a Simmons que rebajase el tono místico y bajase a La Tierra para hablarles a los simples mortales. Aunque puede ser que Simmons sea un maestro y lo hiciese por sí mismo.

Sea como sea, Hyperion es una obra imprescindible de la ciencia ficción, y creo que su segunda entrega hace que luzca mejor y que sea aún mucho más megalítica.

Por cierto, que fea es la portada de la edición de bolsillo.

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *