Reseña: Bajo la piel de la ciudad

Wes Marino es un tipo un tanto extraño. De esos que llaman la atención nada más verlos. O eso pasaría en una sociedad normal, pero ya nada ha vuelto a ser lo que era desde que la corporación Dédalo sacó al mercado sus productos. Wes está decidido a llegar al fondo del asunto, pero, ya se sabe, cuando tratas con poderes que no controlas acabas regular…

La misión de cualquier obra de ciencia ficción es dibujar un futuro. Y, como en todo, las modas van yendo y viniendo. Durante los últimos años el postapocalipsis y la distopía han copado los primeros puestos, pero esa tendencia empieza a dejar paso a otros dos temas: el transhumanismo y la posición de las IAs en todo ese tinglado de trascender.

Bajo la piel de la ciudad es de esa nueva hornada de obras que se dirigen a estos dos temas (más al primero). El transhumaismo da para mucho, aunque parece que la evolución digital y la posibilidad de que le demos una vuelta de tuerca a nuestra fisiología son, con mucho, las opciones más suculentas.

Wes Marino, el protagonista un poco desastre de esta novela corta, está metido de lleno en un mundo en el que existe la opción de engañar a la muerte. ¿A qué precio? ¿Y bajo qué condiciones? Eso no está demasiado claro. Y ahí está el punto de partida. En Bajo la piel de la ciudad asistimos a una sociedad disgregada por el capitalismo extremo, donde unos pocos pueden acceder a tecnologías que alargan su vida, mientras la gran mayoría (se supone, aunque no se ahonda demasiado en esta cuestión) viven como pueden. En todo ese entramado las grandes corporaciones, como Dédalo, intentan sacar tajada a esos privilegiados.

La trama es una especie de thriller futurista (en mi cabeza funciona al estilo Matrix) donde las escenas se suceden vertiginosamente, mientras el bueno de Wes trata de llegar a una conclusión y se mete en un pantano de proporciones épicas.

Es un relato ágil, de rápida lectura, donde las páginas vuelan y en las que es fácil saber que todo pinta a que va a salir regular. Es fácil cogerle cariño al prota (cuál personaje principal de un Shonen): torpe, desgarbado y un poco desastre en general (malas cualidades para el periodismo, creo). Creo que es una de las bazas potentes del relato (y de lo que da sensación de saga) y una de las características que más claras quedan. Porque, quizá, es demasiado notorio que esta entrega forma parte de algo más grande. El mundo que nos presenta Eleazar Herrera, la autora, tiene todas las papeletas para tener una cantidad de misterios enorme que descubrir. La pena es que, Bajo la piel de la ciudad, solo responde a un par de preguntas y deja el resto en un limbo.

No es algo negativo, más en una novela tan corta, pero sí que deja ese poso de tema inacabado. Esa pequeña agujita que se te clava y te hace pensar “Mmm…hubiese leído cincuenta páginas más”.

Las apuesta de Editorial Cerbero son arriesgadas: relatos cortos, temáticas candentes y estilos diferentes. Una opción que le hace golosa y  a tener en cuenta. Pero quizá con Bajo la piel de la ciudad ha sido demasiado corta. Buena lectura, y a la espera de más aventuras de Wes Marino.

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