Reseña: Lágrimas negras de Brin

Grimm despierta. Siente dolor, ve oscuridad y huele miedo. Es su mundo, el único que conoce. Lo que no sospecha es quién es él. Alguien más allá de ningún mundo.

Lágrimas negras de Brin es una precuela-secuela de 11,4 sueños luz. Empieza antes de los sucesos de su predecesora y termina después. Creo que es una novela que se puede leer como un único bloque, pero haber leído 11,4 sueños luz aporta un montón de matices.

Haber leído la novela previa de Nicholas Avedon ponía en serias dudas a mis expectativas. En 11,4 sueños luz disfruté bastante con las partes relacionadas con la nave interestelar, dado que me encanta esa temática. Sabía, por tuits del autor (y algún mail), que Lágrimas negras de Brin iba a orbitar alrededor del mundo virtual de Brin. No me llamó demasiado la atención en 11,4 sueños luz y, sin embargo, creo que la fórmula en Lágrimas no hubiese sido posible sin él.

La apuesta del autor es peligrosa. Un mundo virtual que refleja la decadencia de una sociedad, la verdadera cara de las miserias humanas; y un mundo real donde la salida hacia las estrellas es la única posibilidad para la supervivencia. Unir esas dos realidades es complejo y lo es más cuando el telón de fondo es diferente. En 11,4 sueños luz el cyberpunk y la distopía eran evidentes, en Lágrimas todo recuerda más a la fantasía, grimdark con unas pinceladas de épica. Demasiados ingredientes para una misma coctelera.

Para mí el verdadero éxito de esta novela es mezclar todos los componentes y engranarlos para construir un retablo bastante imponente.

Se nota que Nicholas Avedon ha pensado mucho en todo lo que rodea a Brin y al mundo real en el que se enclava. Se puede leer en cada descripción, posiblemente una de las mayores fuerzas del autor, en cada reflexión y en cada cambio de unos personajes que se enfrentan continuamente a preguntas no respondidas con anterioridad.

Cuando la apuesta incluye inteligencias artificiales, mundo en decadencia, viajes interestelares y un elenco de protagonistas muy ecléctico, las preguntas acuden como las polillas a la luz. Y eso es lo que más me ha gustado, y sorprendido, de la novela. Cuando he cerrado el libro me he quedado satisfecho. Las novelas que pululan entre la especulación, la ciencia hard y la barrera con la fantasía, tienden a quedarse a medias en algún punto. Y con Lágrimas negras de Brin no he tenido esa sensación.

Es curioso, porque las mezclas de géneros no me suelen gustar demasiado. También me suelen costar un poco aquellas novelas que tiran de recursos relacionados con el video juego o el rol (como me pasó con La armadura de la luz), quizá porque soy asiduo de ambos mundos y tengo un extra de exigencia. Pero Lágrimas fluye, y lo hace bien, sin decaer, sin volverse loca. Presenta, a cada página, más preguntas, que se responden al mismo ritmo que se plantean.

La habilidad de Nicholas para equilibrar la descripción, la reflexión y la acción; su capacidad para proponer una apuesta elevada y resolverla con elegancia son lo mejor, y más sorprendente, de una secuela-precuela de la que no esperaba grandes cosas y que se ha convertido en una de las mejores lecturas de 2018.

Gran novela que puedes leer de manera independiente, pero que recomiendo leer después de 11,4 sueños luz.

Solo espero que el autor no haya guardado en el cajón para siempre el mundo de Brin.

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