Reseña: Los libros de Terramar

La vida de Gavilán ha sido narrada en la Gesta de Ged y en numerosos cantares, pero éste es un relato del tiempo en que aún no era famoso, anterior a las canciones.

Los libros de Terramar relatan tres pasajes en la vida de Ged (o Gavilán) el más poderoso de los magos que han hollado las mil islas. En realidad la novela es una recopilación de tres libros independientes que dan vida a la propia Terramar y que conforman el retablo de las peripecias del mago.

 

  • Un mago en Terramar (1968).
  • Las tumbas de Atuan (1971).
  • La costa más lejana (1972).

Lo primero que hay que tener en cuenta cuando se lee fantasía de los 60, 70 del siglo pasado (se dice pronto, pero han pasado más de cuarenta años) es que hay que enfrentarse a una literatura que no se parece a la actual, en la que los roles de los personajes son más rotundos, menos flexibles. Donde la historia bebe mucho de la magia de la aventura y de los misterios del mundo.

Sabemos que hoy en día, la estructura de muchas novelas del género pasa por el dinamismo, la presencia de personajes muy cambiantes, donde el rol no es evidente o incluso es inverso al estereotipo y eso puede hacernos no disfrutar de libros que tienen mucho que decir sobre cómo evolucionó el género hasta lo que hoy aparece en las librerías.

Porque Los libros de Terramar tienen algo que ya no se puede imaginar en las novelas actuales. Ese olor a escritorio de madera, esa luz amarillenta de un flexo que vivió mejores épocas y, sobre todo, el sonido mecánico de las teclas de la maquina de escribir al ser golpeadas. Ignoro si Ursula K. Le Guin tomaba café o té en esa época, pero la imagino rodeada de mapas, de libros abiertos por la mitad y perdida en una de las miles de islas de su mundo.

Eso es lo que trasmite Terramar: una vuelta a la aventura clásica, donde no hay un vuelco argumental, una pelea o un suceso dramático al final de cada capítulo. El sabor a conocer un mundo nuevo como lo harías si estuvieses a bordo de la Miralejos (la barca de Ged), verías las costas acercarse, las olas amenazar y las tormentas moverse entre cielos plomizos, despejados y turbulentos, todo al ritmo de la marea.

El lenguaje, los pasajes descriptivos y la forma en que se describe la acción te trasladan a un momento en el que escribir parecía más íntimo, más solitario y más auténtico.

Además ya aparecen detalles de lo que más tarde serían las bases del género. Cierto que la lucha del bien contra el mal (el Equilibrio) es la base que sustenta las novelas, pero hay incursiones a la importancia de las decisiones, a la responsabilidad del poder (algo en lo que Richard Rothfuss es un especialista) y la lucha interior por discernir los buenos actos de los malos (cosa que sabemos que no es posible). Y además, aunque la sinopsis habla de que Ged es el protagonista de los tres libros, en realidad no lo es tanto (guiño, guiño, guiño).

Esto no pretende ser una crítica a la literatura actual (mis cinco favoritos del año pasado están publicados posteriormente a 2014), pero sí que es un pena saber que pueda haber lectores que salgan espantados por el lenguaje, los largos pasajes sin diálogos o la, más bien, poética forma de avanzar en las tramas.

Terramar es sutil, rico en pensamiento filosófico y en introspección, al ritmo lento de los clásicos de la fantasía y aún así es como un tesoro antiguo, se puede degustar maravillado aunque sepas que se le da poco valor en el mercado actual.

Lamento no haber leído nada de Ursula K. Le Guin hasta la fecha, pero me alegro enormemente de haber empezado por una de sus primeras novelas, porque me permitirá disfrutar mucho más de la evolución, sabiendo que todo empezó en este punto.

2s comentarios

    1. Siempre se puede hacer un hueco para los clásicos. Yo no me arrepiento en absoluto, pero soy optimista por naturaleza.

      Gracias por pasarte y comentar.

      Un saludo

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