Reseña: El martillo de dios

Imagínate que estás en el espacio (a la mierda el cero absoluto) y ves una pequeña piedra que vaga por él: un meteorito de poco más de un kilómetro de diámetro. Nada demasiado impresionante ¿no? Ahora imagina que viaja a más velocidad que nada que hayas visto en tu vida (incluso más que la gente yendo a por el IPhone X) y que, para más inri, va de cabeza a la Tierra. ¿Miedo? Igual no demasiado, porque sabes que Bruce Willis siempre está preparado (y lleva calzoncillos limpios).

El martillo de dios es una obra del maestro Arthur C. Clarke, uno de los nombres ilustres de la literatura internacional y uno de los que siempre sale en “Por 5 lacasitos: escritores famosos de ciencia ficción”. Es difícil no salivar cuando uno tiene entre sus manos algo escrito por un master del universo. También hace   que la caída pueda ser más dolorosa.

El martillo de dios podría haber sido un magnífico libro, pero se queda “solo” en entretenido, y no creo que muchos se acuerden de él cuando nombren las obras ilustres de Clarke.

El tema no es nada nuevo. Quizá en la época que fue publicado (1993), sí que anunciaba la llegada de un nuevo fenómeno catastrofista que vivió un buen final de siglo —hasta que llegó el calendario de los mayas—. Películas como Armaggedon (que molaba con doce años, pero que ahora da vergüenza ajena) o Deep Impact (que aún me sigue gustando, aunque no sé por qué no llamaron Frodo a uno de los protagonistas), fueron los dos hitos que terminaron por poner la guinda al meteorito como forma eficaz de acabar con nuestra especie (y otras muchas).

Arthur C. Clarke va mucho más allá, por supuesto. Demuestra que controla, de muchos y diversos campos, pero creo que se le va un poco la mano. No puedo decir que las primeras doscientas páginas del libro (en la edición de NOVA que yo tengo son 310 páginas) no sean interesantes e, incluso, ilustrativas, pero tienen poca o nula relevancia en lo que pasa en las últimas cien. Alguien podría decir que es una forma de describir la evolución de la ciencia, de presentar el trasfondo de los personajes o de revelar que no hay ningún cabo sin atar (porque es cierto que, a efectos científicos, Clarke se ha revisado hasta la última coma). Pero una novela no es un ensayo. Incluso la CiFi hard (esta novela no lo es) presenta conceptos avanzados, que muchas veces son difíciles de comprender, pero no por ello relegan a un segundo plano a la historia. Y en El martillo de dios esa es la sensación.

Y podría solventarse con un final brillante, dinámico, con alguna sorpresa o algún giro inteligente inesperado, pero todo rezuma un saber académico tan potente que parece que te están dando una (muy interesante, no es ironía) clase de astrofísica y unos conocimientos de ingeniería muy bien planteados.

¿Decepcionado? No. En realidad es un buen libro si te gusta la ciencia, si pretendes leer una novela que hable sobre meteoritos y entender los porqués y sus consecuencias. Es una novela entretenida si eres curioso, si escribes ciencia ficción (porque te da una idea de hasta dónde puedes llegar extendiendo un argumento muy sencillo) o si eres de los de completar las biografías de les grandes del género.

Si estás acostumbrado a la CiFi de ahora, la de “cosas que casi no puedo comprender”, la de giros que no te esperas ni de lejos o si, últimamente, has leído a Jemisin, Cixin, Leckie o algunos relatos de los de reventadera mental (cualquier antología de los últimos cinco años), pasa de largo y vete a por segundas partes, que estarás de enhorabuena.

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