Reseña: Nivel 10

Una fiesta. Música, alcohol y amigos. Conversaciones, miradas, sonrisas y ¿quién sabe? Todos nos imaginamos una escena así. ¿Y si todos en los que confías mirasen para otro lado cuando necesitas de su ayuda? ¿Y si es una obligación social despreciar a quien se comporta mal?

La libertad es un concepto extraño, incluso en nuestros días. Un sentimiento arraigado en el ser humano, oculto tras capas creadas por nosotros mismos: cultura, ética, comportamiento social. Pensar en limitar la libertad parece una herejía en la época de la información global y, sin embargo, asistimos todos los días al ataque indiscriminado hacia todos esos tipos de libertad. Y lo peor es que muchas veces no necesitamos a las instituciones o gobiernos para censurarnos entre nosotros.

Nivel 10 es la novela que más angustia me ha generado en la última década. El estilo introspectivo y personal de la autora ha influido, sí, pero es la analogía con la actualidad y la lectura entre líneas la que más me ha dado que pensar. ¿Tan raro nos parecería un mundo como el que se describe en Nivel 10?

Un mundo en el que no hay cárceles, donde la restricción a aquellos que cometen un crimen es un mecanismo incrustado en el cerebro que da descargas en base a la ciencia alrededor de los actos delictivos (en este aspecto se nota que la autora maneja el tema). Esto es solo el principio de la novela y ya lanza las primeras preguntas. ¿Está bien corregir un acto, por horrible que sea, con dolor? ¿Es pagar con la misma moneda? ¿Dónde está el límite? ¿Quién pone esos límites, en base a qué?

La sociedad de Nivel 10 y el paso de su protagonista, Úrsula, por él, nos puede parecer ajeno, extraño, incluso opresor y agobiante, pero ¿tanta diferencia hay? Pasaros por Twitter un rato.

Lo que plantea la novela no es tanto el hecho del castigo, sino el motivo. Las razones por las que se considera algo legítimo y correcto. Y, sobre todo, el nivel de influencia de la sociedad en esas razones. ¿Ir por la calle desnudo atenta contra alguien? Sin embargo lo llamamos escándalo público. ¿Publicar un tuit mandando a la mierda a una figura icónica, religiosa o de renombre es suficiente para que se castigue, o mate, a alguien? Eso pasa. Ahora, ya. ¿Tan raro es pensar que consideremos aborrecible que dos personas del mismo sexo se quieran? No miremos para otro lado, no vayamos de progresistas. No digamos eso de “en este siglo y en nuestro país, eso quedó atrás”. Por que no es verdad. Lo que Fani Álvarez describe en su novela como un mundo distópico donde no ser heteresexual está penado, no está tan alejado de lo que vivimos en la actualidad.

Toda esta reflexión parte de la cuidada prosa de la autora. De un estilo íntimo, personal, pausado (que en ocasiones puede ser lento), pero que consigue transmitir la angustia, la injusticia y la sensación de peligro en cada página. Además, hay ese ambiente clásico de las novelas distópicas. Un entorno bonito, una sociedad en la que la pobreza parece testimonial. Un mundo más cívico, limpio y ecuánime. Con un solo pero. Un gran pero: los humanos no son libres de expresar su verdadera personalidad.

Un gran trabajo para una primera novela. Crítica, calidad en el estilo y una gran cantidad de documentación para hacer del mundo de Nivel 10 una carcel terrorífica para la libertad.

Leedlo, pensad y compartidlo.

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