Reseña: El ojo de la tormenta

Y entonces Gale resucitó. Otra vez.

Mientras se quitaba las legañas, se dio cuenta de que todo había sido un mal sueño. Le llegaba el olor a tostadas, el trino de los pájaros y la luz del sol de la mañana dibujaba conejitos en el suelo…

Más o menos, pero contado por Gabriella Campbell y Jose Antonio Cotrina, claro.

Si has llegado hasta aquí y no has leído los tres anteriores, te recomiendo que rebobines y aproveches para leerlos. Son baratos y te pondrás pronto al día, porque también son cortitos.

A ver, ¿dónde estábamos? ¡Ah, sí! Gale. Pues eso, que se despierta y, resumiendo mucho, todo sigue hecho un cristo de mil pares. Pero en la Mordisco tienen un plan, o eso creen, porque Campbell y Cotrina tienen su propio esquema de las cosas y lo que hagan o dejen de hacer los protagonistas es algo secundario. Bien.

Nos habíamos quedado en el capitulo más “sosegado” de la saga, donde se empezaban a ver algunas luces al final del túnel (sí, ese lleno de pústulas y asquerosidades). Esperando  a que el levitán tuviese algún punto débil que devolviese la supremacia terrestre a la maltrecha raza humana, o cuasi humana. Dejábamos Testamento con la firme intención de pedirle explicaciones a ese tal Absalón y ya de paso entender un montón de cosas que pasan: ¿Quién es Gale? ¿Quién es Adra? ¿Por qué Décima está tan cachas? ¿Por qué un galgo es tan zalamero?

Porque, además, piensas: “es el penúltimo, algo tienen que despejar de la ecuación”. Pero no pasa de ese modo. De hecho añaden algunas constantes —como el origen incierto de Adra— y aparecen algunas variables; unas que se podían intuir —como la extraña bondad de Angie— y otras que llegan desde el lado oscuro de las mentes retorcidas de los autores (pero para eso tendréis que leer la segunda mitad del libro).

Partiendo de la base de que los tres primeros me fliparon, este cuarto me ha dejado un poco confuso. Vuelve la acción sin descanso de los dos primeros, la sensación de peligro constante y ese aguijón permanente en la nuca que te indica que vas dos pasos por detrás. Además esta entrega podría utilizarse como ejemplo de manual para un cliffhanger. Peeeeeeero…

Solo queda una entrega más.

Y hay demasiadas cosas en el tintero. Muchas están en esa cinta rápida en la que ya hay varias pistas, como es el caso de la trama principal (Adra-Gale), pero en la que aún no se ve la terminal de facturación. Hay otras que están en los cuartos auxiliares, ese tipo de flecos que quedan por ahí y que sabes que pueden quedarse perdidos para siempre o ser resueltos de manera magistral (como en las grandes sagas) y, por último, están las grandes incógnitas que dan sentido al mundo, pero que quizá no son tan importantes para lo que necesita la historia ¿Por qué vino el leviatán? ¿Por qué hay seres humanos híbridos? ¿Cómo pueden ser Stephen Hawking y Paquirrín coetáneos?.

Lo complejo de todo esto es que hay lectores que dan prioridad a cada uno de esos campos. ¿Serán capaces Campbell y Cotrina de volverlo a hacer? ¿Acabarán la saga a lo grande, puliendo cada detalle, demostrando que somos simples y lastimosos mortales?

Estoy casi seguro. Y lo estoy porque hay un aspecto que no ha cambiado desde el primer libro.

Todo da la sensación de ser un caos monumental, una tragedia de proporciones épicas donde los humanos estamos escribiendo nuestras últimas palabras. Salvo por un detalle: a los mandos hay dos personas con ideas muy, muy retorcidas. Ambos saben cómo va a acabar esto, lo tienen planificado al detalle, y están esperando a que te confíes para pegarte un papelito en la espalda. Uno en el que pone: te pillamos.

No puedo explicar porque afirmo esto. Quizá es la sensación de que no hay nada al azar. De que cada coma, cada párrafo, cada palabra están donde deben. Como una partitura en la que cada nota ha nacido para estar ahí. No hay palabras de más, todo lo que está escrito tiene una razón de ser. Todo ha sido afinado hasta al mínimo detalle. Demasiados argumentos para acabar en un final incierto.

Seguro que nos quedaran cosas por debatir, pero también es seguro que ni Campbell, ni Cotrina han jugado su última carta.

Habrá que esperar a Réquiem para ver si la apuesta ha sido un éxito (yo me la juego al sí).

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