Reseña: Pasto de las llamas

El Reino de la Lanza Negra está hecho unos zorros. Resulta que el que gobierna, está a los placeres de la vida y no se ha dado cuenta de que la gente no encuentra trabajo y los girasoles no vienen con subvención. Para fastidiarlo más, algunos han visto la oportunidad de sacar tajada y le han contado a la oposición que es el momento, y se está organizando la Marimorena. Menos mal que unos pocos aún tienen las cosas claras, y herramientas para atajar el asunto. Aunque no pinta fácil…

Hace unos años, no demasiados, esta pequeña sinopsis (en clave humorística) se asociaba automáticamente a gafas, acnés y camisetas negras con estampados de grupos heavys. ESDLA fue la primera película de género fantástico en ganar un Oscar al mejor filme, en 2004. Más tarde llegó Juego de Tronos, y la irrupción brutal de los universos Marvel y DC (que aunque no es el tipo de fantasía clásica, tiene esas características comunes), y hoy la fantasía es un género que no asombra a nadie. 

En la actualidad, la fantasía épica ha ido perdiendo gas, en favor de una género más crudo y “realista”, que el propio G.R.R. Martin, o primeras plumas como Abercrombie, Sanderson o K. LeGuin, han impulsado en últimas entregas. El listón ha subido a niveles épicos, para suerte de todos los lectores, y hace que acceder al olimpo de elfos, enanos, orcos y demás razas, sea cada vez más complejo. Un campo de cultivo muy productivo, pero también muy peligroso: si hay un género afectado de gravedad por los clichés es este.

En esas condiciones llegaba a mis manos Pasto de las llamas, la ópera prima de Miguel Ángel Puerta, que tuvo a bien enviarme un ejemplar, en papel, de su novela.

En lo que va de año llevo: ocho novelas de fantasía y tan solo tres de CiFi (el resto de géneros ya si eso…). Me sentía un poco saturado de género fantástico y ya había notado su efecto con alguna de las últimas novelas que había leído. Me asustaba un poco leer una nueva novela, una ópera prima, de un autor que había tenido la gentileza de mandarme su manuscrito. Pero hay que cumplir los compromisos.

Y, ahora, que he terminado Pasto de las llamas (en un par de semanas a ratos), puedo decir que no es la novela mejor escrita que he leído, ni la más fluida, ni la más brillante, pero desde luego, es la más entretenida que he leído este año (y una de las que más me ha hecho disfrutar en últimas fechas).

Esto me ha llevado a enfrentar dos conceptos que afectan a mi día a día (en ese que yo también utilizo para escribir): la técnica y la pasión por escribir. Sobre el papel son incompatibles. En la gran mayoría de casos, tener uno de esos días en los que las palabras salen solas, es un buen comienzo, que sabes que terminará con otro montón de tiempo dedicado a pulir todo eso que ha salido de ti. Una batalla interminable entre el orden y el “bendito” caos.

En Pasto de las llamas, ha ganado la pasión; las ganas de escribir una historia clásica, desde un punto de vista personal.

Y, sí, hay personajes desequilibrados, estereotipos, la omnipresencia del bien y el mal; también hay fallos de estilo (lo digo yo: Y de la academia de las letras, claro), y algún ortotipográfico. Pero lo que hay, sobretodo, es una magnífica historia, un mundo amplio, variado y, en cierto modo, original, donde unos pocos tratan de mantener el sentido común en un universo plagado de peña que quiere ver el mundo arder. Os suena, ¿no?

Pues probad con Pasto de las llamas. Probad con la magia de un estilo directo, sencillo, sin alardes, incluso facilón algunas veces, que centra toda su atención en los personajes “heróicos” que deben hacer del mundo un lugar mejor. Una demostración de que se puede hacer carismático a cualquiera si se ponen las ganas y los detalles necesarios; que no es imperativo construir el mejor lenguaje escrito para encandilar al lector.

Un recordatorio de que si la historia funciona, y el lenguaje es “solo” correcto (escribir “solo” correcto no está al alcance de todos), no es necesario nada más para pasar un rato divertido.

Una muy grata sorpresa. Con muchos personajes (quizá demasiados), en un basto mundo y con esa sensación de gran aventura en el tintero.

Miguel Ángel (@miguelpastollam) ha construido su propio mundo (y sigue haciéndolo con la segunda parte), y lo ha hecho con pasión por la fantasía, ganas y mucho amor. Y, a veces, eso es más importante que una escritura de calidad suprema.

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