Reseña: Ritos iguales

Yaya Ceravieja lo ha visto todo, no hay nada que se le escape y ,además, no tiene tiempo para tonterías. Pero lo de la hija de un octavo hijo, no le había pasado nunca. Como todo el mundo sabe, las mujeres no pueden ser magos, pero Eskarina no sabe nada de magos y Yaya Ceravieja tampoco está como para darle importancia a las reglas milenarias. Así que Universidad Invisible, allá vamos…

Ritos iguales es la tercera entrega del Mundodisco, y la primera de la saga de las brujas.

Leí este libro hace tiempo (en mi adolescencia), y sé que quedó por detrás de otras sagas como la guardia o los magos. Supongo que en aquel momento me hizo más gracia Rincewind, Vimes y, sobre todo, DosFlores y Zanahoria. Porque eso es lo que siempre se dice de Pratchett: que es gracioso (o que no le ves la gracia por ningún lado: así es el humor).

Cualquiera que haya leído alguno de los libros del imaginario del Mundodisco, sabrá que al bueno de Terry le gustaba teñir de humor una ácida crítica social que, en realidad, es el sello de todos sus libros. Hace años, cuando leí Ritos iguales, Yaya Ceravieja me hizo gracia, pero no supe sacarle partido al objetivo de la novela. Eran otros tiempos (y quizá yo demasiado ingenuo).

Y es gracioso que, un libro publicado en 1987 (que yo leería a finales de los noventa), reproduzca con tanta fidelidad (y sí, el toque de Terry) algo muy en boga en nuestros días. Porque muchas de las novelas de Mundodisco tratan sobre la intolerancia, sobre reglas absurdas que nos hemos inventado para hacer mejor nuestro mundo, y que no tienen ni pies ni cabeza. Ritos iguales, en concreto, se para en dos aspectos muy importantes: el machismo (la desigualdad) y la fuerza de la costumbre.

Me pregunto si la figura de Margaret Tatcher tuvo algo que ver con la construcción de esta novela, no tanto por los guiños que puedan sacarse con Yaya, sino porque es una crítica a algo que podía haber cambiado ciertas concepciones y al final quedó en un intento frustrado por lo de siempre: el poder y la tradición.

Y hay mucho de eso en Ritos Iguales: hay crítica, pero no está tan dirigida a la desigualdad, en general (que también). Me parece que se orienta mucho más a la visión global que tenemos como sociedad; a que, muchas veces, aceptamos normas porque pensamos que no está en nuestra mano cambiarlas. Y Pratchett usó a Eskarina y, sobre todo, a Yaya, para llamar la atención sobre ese hecho. Incluso dos personajes a los que no les importa lo más mínimo lo que tengan que decir las normas: Eskarina porque es una mogwli, y Yaya porque no tiene el chichi para farolillos, tienen pasajes en los que se acomodan, en los que asumen que puede que el cambio no esté en sus manos y que dos personas no son suficientes para cambiar una tradición (que no tiene por qué ser buena) de milenios.

Eso es lo que me gusta de las novelas de Mundodisco: las capas.

Puedes quedarte en esos párrafos mágicos donde Pratchett se salta todas las normas de la estructura y te saca una risa sincera. Puedes quedarte en las frases de camiseta (esas que tanto le gustaban) y recordarte que hay libros donde no se puede hacer lectura diagonal (dicese de lectura que pasa página después de leer cuatro palabras, muy típica en fantasía épica). Incluso puedes llegar a la capa crítica, la que siempre está por ahí.

Pero puedes llegar hasta el final, y darte cuenta de que la crítica no es a otros, es a ti, es al propio Terry y es, en general, a un mundo en el que nos hemos hecho especialistas en mirar para otro lado y decir: “siempre ha sido así”.

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