Segunda Fundación

Se ha liado la Marimorena. Resulta que el bueno de Hari Seldon no lo tenía todo calculado. Todo poder tiene su kriptonita. El de la psicohistoria es no predecir los movimientos de individuos aislados. Y El Mulo es un individuo muy particular. Solo que, a lo mejor, y sin que sirva de precedente, Hari Seldon fue el tipo más listo de la historia y se vio venir los problemas. Quizá no tan grandes, pero algo se olía.

El cierre de una trilogía es el que marca su paso a la posteridad o un billete al cementerio de las vocaciones perdidas. Todo el mundo sabe dónde acabó la Trilogía de Trántor.

Cuando se ha pasado varias veces por el mismo texto, la tendencia natural es no sorprenderse. Es cierto que la sorpresa pasa a un lugar secundario cuando ya se conoce el final. Pero hay algo mágico en volver a pasar por los mismos lugares y personas, y descubrirte maravillado por un final que ya conocías. Eso es lo que logra Fundación: que una premisa no demasiado imaginativa y un desarrollo no demasiado brillante se conviertan en una obra redonda.

Hay mucho peros, actuales, que ponerle a la trilogía: no es espectacular, no es lo mejor de la especulación, incurre en X elevado a n fallos de estructura. Pero existe una gran piedra que puso a Asimov en la cumbre de la ciencia ficción: fue un pionero. Esas personas que saltan un océano con la firme intención de encontrar algo al otro lado. Y el bueno de Isaac encontró su Nuevo Mundo.

Seguro que no fue el primero en especular con que el ser humano sea el máximo exponente de la evolución biológica. Ahora quizá nos llevamos la manos a la cabeza y pensamos en trascendencia como quien piensa en qué va a comer más tarde. Pero lo cierto es que Asimov creó el primer imperio Galáctico con cierto sentido y con cierta seriedad. Y es un imperio bien construido, y destruido consecuentemente. Eso es lo primero que hay que valorar de una obra de este calado. Tiene que ser difícil especular una ficción cuando nadie lo ha hecho antes. No olvidemos eso.

Ahora es fácil especular con la capacidad del ser humano para sobrepasar su poder cerebral. Y quizá sea fácil pensar que la mente es el motor que nos lleve a un nuevo ciclo de evolución. Asimov fue de los primeros en ponerlo sobre la mesa, en un libro de ficción serio.

Pero lo mejor que se puede decir de la trilogía es que Isaac Asimov entendía bastante bien a los humanos. Podía hablar de nuestras capacidades, de nuestras bondades y de nuestros defectos. Podía haber creado una obra política, incluso reivindicativa. Y hay algo de todo eso en Fundación.

Podía haber caído en una distopía. ¿Por qué no? Fundación fue escrita en plena depresión post guerra mundial. Sin embargo, Asimov, decidió dar un voto de confianza a la humanidad. Pensó que quizá, y solo quizá, aún podíamos hacer algo a parte de destruirnos por el mero placer de poder hacerlo. Y lo hizo en una época en la que atravesábamos nuestras horas más bajas.

Se criticó mucho el buenísmo de Asimov, su falta de inclusión, su despreocupación por la ecología e incluso se ha llegado a decir que Fundación es una obra pobre y sin ideas nuevas. Algo que trató de arreglar el propio autor al continuar el ciclo. Los mismos que critican la trilogía, posteriormente criticaron que tratase de responder a los errores que esos mismos críticos señalaron (y yo se lo agradezco porque eso originó al primer Mulder: Golan Trevize). 

Pero debemos recordar que este compendio sociológico, tintado con naves espaciales, armas nucleares y planetas terraformados, nos retrata como especie. Y es totalmente válido en 2019. 

Si eso no es ser un visionario que venga Nostradamus y lo vea.

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