¿Ser escritor es compatible con ser tú mismo?

Siempre he pensado que lo más difícil de escribir ciencia ficción es especular. Pero, ¿no especulamos cada día, a cada minuto? ¿Tan difícil es transformar esa habilidad natural en algo transcrito?

El NaNoWriMo va a por su primera semana, y ya puedo decir que voy a lograr mi tercer NaNo consecutivo. Además esta vez va a ser fácil. Muy fácil.

El domingo le daba vueltas a la diferencia entre este tercer año y los dos primeros. Está claro que debo ser mejor escritor (a fuerza de escribir sin parar), pero eso no explica por qué las palabras estan saliendo como si fuese un surtidor de arcoíris y unicornios.

Al principio pensé que se debía a que era una escritura libre de presión. No es algo que deba presentar a un cliente, ni nada que pretenda publicar (aunque sería gracioso solo por ver qué pasa). Pero tampoco ocurriría eso con las dos primeras ediciones. Eso me llevaba a seguir indagando en las razones.

En realidad, en los dos primeros NaNo sí tenía presión. 

El primero era una especie de prueba de confirmación; ya venía escribiendo por encima de las dos mil palabras diarias, pero necesitaba comprobar que podía mantener el ritmo con un proyecto diferente, en el que tuviese que empezar de cero. Salió adelante. Quizá sea de lo peor que he escrito en tiempo, una especie de collage de novelas que siempre me han gustado y que traté de compactar en un solo relato. El resultado fue nefasto, pero sirvió para comprobar que podía seguir adelante incluso cuando lo que salía de mi cabeza era un verdadero desastre.

La segunda edición fue también una prueba. Esta vez, venía de recibir un mazazo en forma de análisis editorial. La novela que con tanto ahínco trataba de sacar adelante, ni siquiera estaba para pasar un primer filtro. Necesitaba trabajar más en casi todos los aspectos. Utilicé ese segundo NaNoWriMo para saber si era capaz de habituarme a un nuevo método de trabajo. Salió algo potable. Trabajado, con pocas lagunas, pero con muy poco espacio para la improvisación. No tenía la ilusión de la primera vez y sí la presión de saber si podía seguir llamándome escritor.

No hay nada de eso en 2018. El año en el que más trabajo he tenido. En el que más he escrito, con diferencia. En el que más estoy leyendo. Llega Noviembre y, esta vez, me lo tomo como un respiro. Llega NaNoWriMo, y lo que sale de mis dedos (que vuelan sobre el teclado), es de lo mejor y más divertido que he escrito nunca. ¿Cómo es eso posible?

¿Qué busca un autor?

Ganar dinero.

Vale, sí. Lo que queráis. Podéis diluirlo en “vivir de hacer lo que me gusta” o “culturizar al mundo”.

Sin billetes verdes no puedes molar

Escribir es algo vocacional en la mayoría de los casos. Por mucho que la profesión literaria tenga ese halo de “curro guay”, no creo que nadie se plantee escribir un libro porque “de esta, me forro”.

Escribir empieza siempre como un germen. Una palanca para decir algo que no puedes, o no sabes, expresar de otro modo. Puede que incluso sea una afición o una forma de evasión. En cualquier caso es algo muy personal. Algo que viene desde algún lugar recóndito de nuestro ser.

Una cosa es escribir y otra hacerlo para crear un producto vendible.

La ilusión, las ganas y el empeño son herramientas muy potentes en casi todos los casos. Pero, por sí solas, pueden ser insuficientes en unas pocas excepciones. Escribir es una de esas excepciones.

No vale solo con escribir sin parar, hay que hacerlo bien, signifique lo que signifique, y para eso hay que estudiar, practicar e, inevitablemente, cagarla.

Tener vocación y convertirla en una fuente de ingresos no siempre es compatible.

Quizá esta es una de las cosas que intuyes cuando te metes en algo como escribir, pero que nadie te cuenta. No del todo.

La búsqueda de la marca personal.

Una de las cosas que puedes intuir si buscas ser un autor, es que debes tener una marca personal. Un sello que te distinga del resto de autores del mundo.

Si vives, aunque sea a medias, en este mundo sabrás que hay que estar en las redes para poder llamar la atención de las masas. Es así. Todos lo sabemos. Y algunos saben más que otros.

Después de leer mucho y probar con muchas fórmulas, solo sé que no hay un camino hacia el éxito rotundo. Hay caminos que funcionan bien, hasta que dejan de funcionar. Quizá eso es algo que esos que tanto saben insinúan, pero no terminan de decir (porque seguramente atente contra su propio producto):

La primera norma de la marca personal es la adaptación.

Tan importante como que deberías pensarte lo de escribir si no eres alguien flexible y no tienes una capacidad de adaptación encomiable. A la velocidad que se mueve todo, lo que hoy es vital, mañana está obsoleto.

Esta misma semana leía un mensaje de mi compañero David Olier, que decía que tenía más visitas en su blog desde que se dedica a decir ton…

No es un caso aislado. A mí me pasa algo parecido. Casi he desaparecido de las redes sociales y mi blog no solo no se ha resentido, si no que ha tenido picos de visitas no vistos hasta ahora.

Replantearse qué significa la marca personal también es una de esas cosas que se insinúan, pero que no se terminan de decir del todo.

¿Qué busco yo?

Mi trabajo es escribir. No tanto novelas (o no al uso). Podría decir que soy más un guionista que un escritor canónico. Pero al fin y al cabo me dedico a escribir, y me pagan por ello. Y me gusta, porque en mi caso fue una afición arraigada que dio un paso al frente.

Escribir novelas, o relatos, nunca fue mi vía para ganar dinero (y mantenerme en el mundo). Es evidente que cuando quieres escribir un libro, quieres que funcione, que esté bien, que guste. Pero tenía claro que no me iba a hacer rico con eso. Ni de lejos.

Y quizá esa es la diferencia entre alguien que juega todas sus cartas a las letras y alguien que lo hace sabiendo que hay muchas posibilidades de tener que elegir otro camino para ganarse las habichuelas.

Hay muchos ejemplos de los primeros. Gente que ha dedicado su vida a las letras, desde su formación. Incluso hay gente que ha descubierto esa vocación de forma tardía, se ha hecho un All-in y le ha salido bien.

Lo normal, y habitual, es que nada de eso salga bien. Porque la competencia es tan brutal, que solo salir a respirar es todo un triunfo.

Por eso deberías hacerte esa pregunta (la del título) antes de que tomes una decisión.

¿Qué buscas al convertirte en autor?

Porque si es una pasión, si eres una de esas personas que escribe para sobrevivir y pretendes usarlo como vía para tu futuro, debes entender que deberás hacer otras muchas cosas que nada tienen que ver con escribir: como socializar (ya no se puede ser un ermitaño, salvo que tengas dinero infinito). Debes hacer las preguntas correctas y debes contestarlas en ausencia de ti mismo.

Ya he hablado muchas veces sobre el ego del escritor. Olvídate de él cuanto antes. Es lo mejor.

Sé por qué este NaNoWriMo está siendo el más fácil con diferencia. Sé por qué los últimos proyectos los he disfrutado como un niño. Y sé por qué soy un afortunado por dedicarme a algo que me maravilla.

Porque sé que mañana todo eso se puede acabar y entonces tendré que enviar mi CV al KFC. Y no pasa nada.

Deberías tener eso claro si quieres dar el paso definitivo. Si es así…

¡Bienvenido al mundo de los sueños!

Foto de portada de Joao Tzanno vía Unsplash

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