La supervivencia de la raza humana en la ciencia ficción

A este título (no me cansaré de evitar al SEO sin querer), se suman tantas teorías, idas de olla y lecturas de los últimos tiempos, que me ha costado una barbaridad construir una estructura alrededor para tratar de explicarlo. Así que vayamos al asunto sin más dilación:

¿Tenemos alguna posibilidad, tal y como somos ahora mismo, de sobrevivir como especie?

No. Ni por asomo.

Esa es la respuesta a la que llego cada vez que leo una noticia, un nuevo libro (sea del género que sea), descubro un nuevo avance en neurociencia, física o cualquiera de esas ciencias que entiendo por los pelos (mientras me digo: “lo entiendes, Yon”); o cuando me siento un rato en el banco que hay en el patio común de mi urbanización, mientras los vecinos me miran con cara de: “¿ese señor trabajará?”.

Es evidente que no, si estoy sentado todos los martes, a la misma hora, en el mismo banco

Pienso que me hago la pregunta porque soy escritor de ciencia ficción, pero también creo que es algo intrínseco: quiero saber la respuesta porque me genera curiosidad.Y he aquí el meollo de la cuestión:

El mero hecho de tener curiosidad por saber si seremos capaces de sobrevivir a lo que tenga que venir, me hace inservible en la lucha por la supervivencia.

Ejemplo práctico (y a la vez ventajista):

Un león no piensa en si su especie sobrevivirá si no es capaz de atrapar a esa gacela. Sabe que tiene hambre, reconoce que su pequeña familia tiene hambre, y entiende (con un tipo de inteligencia que nosotros llamamos instinto), que eso es primordial para vivir otro día. No creo que el amor, la lealtad o la necesidad de protección jueguen un papel demasiado relevante en esta ecuación.

¡Niño! ¡Vete a jugar que te quedas sin cena!

Lógicamente no soy el único que se hace este tipo de preguntas y, desde luego, hay gente con mucho talento, y capacidad, para haber puesto, en tono de ficción, sus propias respuestas a esta incógnita.

Deconstruyamos, pues, las posibles respuestas en pequeños trozos digeribles:

Las emociones, los límites de la mente humana y la trascendencia

Se dice que el ser humano es diferente porque es capaz de razonar.

Ya se ha demostrado que esta habilidad (que otros animales comparten en distintos grados), no nos ha llevado al camino de la felicidad eterna. ¿Nos habría llevado si no tuviésemos emociones? Otra de esas preguntas con una respuesta muy huidiza.

¿En las guerras prevalece la razón o las emociones? ¿El odio parte de una base emocional o puede tener un componente racional? ¿El amor existe o es una jugada hormonal de nuestro sistema nervioso?

No puedo contar el número de libros, publicaciones y programas que utilizan al ser humano como adalid de una fuerza más allá de la razón. Pero en algunos otros, se tiene el cuajo de limitar la heroicidad, incluso se apela a la supervivencia como fin último, pero hay muy pocos (que hayan caído en mis manos) que asuman, con naturalidad, que lo más plausible es que no estemos preparados para sobrevivir: debido a nuestra incapacidad para pensar como colectivo.

¿Mientras tengamos un instinto de supervivencia individual, es creíble pensar que podemos sobrevivir como especie?

No creo que bebes gigantes en blanco y negro, de los cincuenta, sean la solución

Uno de los primeros escollos que la ciencia nos pone delante, es la propia limitación de nuestra mente. ¿Hasta dónde seremos capaz de llevar nuestras capacidades? ¿Y qué papel jugaran las emociones en esa partida?

Hay ejemplos muy famosos que extrapolan estos conceptos y los llevan hasta un punto final muy claro: si ganamos en capacidad de razonamiento, perdemos en emoción.

Películas como Watchmen, Lucy o Matrix, son ejemplos de que hay una corriente de opinión que dirige la evolución cerebral hacia un páramo en el que la lógica impera sobre cualquier otra cosa (ya conocéis las consecuencias). De hecho, el auge exponencial que está teniendo la temática de la inteligencia artificial, está sacando a la luz un montón de conclusiones interesantes y que dejan a la humanidad como un simple apunte histórico.

Parece que la tiranía de la lógica nos aboca a un futuro en el que la razón es lo único. Eso nos quitaría lo que nos hace humanos, ¿no? Pero también nos haría sobrevivir. ¡Qué dilema!

Pero no todo pasa por esa potente línea de razonamiento que nos acerca a la trascendencia como especie. Hay otras soluciones, llevadas al mundo de la ficción en obras insignes:

La mente colectiva

El juego de Ender, Starship Troopers, el guiño de Asimov en Fundación y Tierra. Aunque estos tres ejemplos terminan siendo una oda a las habilidades humanas individuales, una especie de carta al editor con título “Porque ser sagaz es cosa de héroes”, dejan un poso de especulación que se ha manejado en otras obras como Hyperion, La quinta estación o  Justicia Auxiliar.

¿Es posible que en algún momento los humanos puedan compartir sus pensamientos y tratarlos como una sola unidad? ¿Y si eso fuera posible, crecerían nuestras posibilidades de supervivencia?

De nuevo debemos recurrir a las emociones, a qué ocurriría con nuestra forma individualista de observar al mundo, a qué pasaría con temas como la creatividad, el arte, el humor o la inventiva.

¿A la mierda los premios Nobel? ¿Qué pasaría con el capitalismo?

Si volvemos al inicio, cuando nombrábamos Matrix: ¿no es precisamente esa mente colmena la que aborrecemos y tratamos de evitar a toda costa?

El cambio de paradigma

Otro de esas grandes palancas de la ciencia ficción: ¿qué pasaría si encontraremos un pasaje “gratis” a otro sector de la galaxia? (Interestellar, Pórtico) ¿Que pasaría si descubriésemos una tecnología olvidada por una civilización más avanzada? (Cantidades incontables de pelis de serie B, y otras tantas de calidad con flipación extra) ¿Y si fuésemos capaces de cambiar la forma en la que observamos el mundo? (La llegada).

Estar desayunando y ver en todos los canales la misma noticia (los aliens de Señales). El momento que los catastrofistas, adventistas, mileniaristas y flautistas estaban esperando.

¿Sería suficiente una amenaza definitiva o un cambio radical en nuestra forma de percibir el mundo, para sobrevivir?

Sobre el papel, no. 

Si tenéis un día muy lúcido, echadle un vistazo a Axiomático, que tiene un par de relatos que te vuelan la cabeza. Si tampoco estáis para muchos trotes, la trilogía de Liu Cixin, que empieza con El problema de los tres cuerpos, sigue con El bosque oscuro (reseña pronto) y termina con El fin de la muerte, es una ida de olla considerable, pero que no deja demasiados puntos al azar (y si consigues no perderte con los nombres, es asequible).

¿Tenemos lo que hay que tener para sobrevivir , sabiendo que vienen unos tipos que viajan a un porcentaje de la velocidad de la luz?

Si sois perezosos y una imagen os vale más que mil palabras: La llegada. ¿Si fuésemos capaces de percibir el tiempo como una dimensión más? (Es decir, como un video Beta: rewind, pause, forward) ¿Seriamos capaces de entender mejor nuestro papel en el universo?

Lo dicho: 2018, cero esperanza

¿Que nos queda entonces?

La magia de Asimov

La jugada maestra del Tamariz de gafas gruesas tiene tantas opciones de ser real, como que mañana los equipos de fútbol paguen sus deudas. La teoría es suponer que el máximo exponente de la evolución en nuestra galaxia es el propio ser humano.

La mirada del que sabe que el universo está a sus pies

Una sencilla, elegante, y pillada con pinzas, teoría que Asimov para cerrar la puerta de la especulación con otras especies, en su serie Fundación. (¡Ojo! Que luego se sacó de la manga un par de teorías de la evolución maravillosas).

Sin esta opción, que creo que no he vuelto a ver en ningún otro libro, solo nos queda esperar lo inevitable y lo lógico: morir.

Aceptar la derrota

Hay obras que tratan a la humanidad como algo residual, como ocurre en la maravilla de Becky Chambers (ya traducida) El largo viaje a un pequeño planeta iracundo.

En las que tenemos los días contados, pero nos vamos a resistir, porque de eso va ser humano, como en la trilogía de Liu Cixin o, simplemente, no estamos ahí para ver si el universo se pliega o no, como en Justicia Auxiliar.

El problema de escribir una de estas, es que te la juegas a que un gran porcentaje de la población te tache de poco creíble, porque ¿cómo va a extinguirse el ser humano? ¿Cómo puede ser que las máquinas, que nosotros creamos, acaben con nosotros? ¿Cómo va a ser la comunicación, y no la violencia, nuestra única vía de escape?

Super inteligencia. ¡Que te jodan, superfuerza!

Y quizá ahí está la gracia, que si te dedicas a escribir ciencia ficción, eres cínico o cínica y encima no tienes fe en la humanidad, estás de enhorabuena, porque tus dedos (y una cantidad bastante seria de trabajo y ninguneo en redes sociales) estarán en disposición de plasmar un futuro mucho más certero que el que nos quiere hacer creer Will Smith (y Pablo Motos).

Así que, recuerda, 0% de opciones de pasar a segunda ronda. Garantizado a 2018.

Eso sí…

¡Ni se te ocurra dejar de escribir!

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