Twitter, Hawking y las fotos de pies (¡ah! y escribir)

Llevo unos días out de la esfera virtual (ahí, empezando fuerte, como un buen cuñado). Ausente de lo que sucede en las redes, aunque uno nunca está completamente fuera, ya no se puede (y, dependiendo del trabajo, no se debe). Pero no he desaprovechado del todo el tiempo y he dispuesto de dos buenas semanas para estructurar algo que me venía rondando desde hace unas semanas, y que se ha materializado de la manera menos pensada:

Twitter (y las redes sociales en general) deberían servirnos y no dictar las reglas.

Quizá es evidente que el caso de Facebook, que se destapó la semana pasada, tiene mucho que ver con esta reflexión. Pero ha habido un acontecimiento que me ha dado mucho más que pensar:

¿Dónde está Dalasreview cuando se le necesita?

¿Qué porcentaje de toda esa gente estaba allí gracias a las redes sociales?

Y, mejor aún, ¿cuántos, de los que no estuvieron, usaron como excusa: “no me he enterado, no han dicho nada en Twitter”?

Las redes sociales han hecho mucho bien: han democratizado el planeta. Han logrado que no exista la desinformación (salvo que uno lo quiera) y, sobre todo, creo que sirven para igualar las condiciones y ayudan a denunciar cuando esta premisa no se cumple. Pero, ¿dónde está el límite?

Soy de los que piensa que las herramientas dejan de ser útiles cuando:

A) Se rompen.

B) Se quedan desfasadas.

C) No cumplen con su cometido.

Las manifestaciones por las pensiones son un claro ejemplo de que las redes no han cumplido C. Lo que también queda claro es que la culpa no la tienen las redes.

Cuando eres una estrella de la física (y no has nacido en España, claro.)

Ahora que todo el mundo tiene al genio de la física en la cabeza (molaría que no hubiese tenido que morir para saltar a primera plana), vuelve un debate que tuve con un amigo hace no demasiado tiempo:

¿Están las redes sociales eliminando el verdadero talento para sustituirlo por el one-hit wonder?

¿El bigotillo? Por ponerle una pega

Vaya por delante que la palabra talento es bastante pretenciosa y difícil de definir, por eso he cogido prestado al bueno de Hawking.

Un tipo que demostró que para superar ciertas barreras solo hay que ponerse a ello (sí, sí; un coeficiente intelectual absurdo, un patrimonio muy tocho y la suerte de haber nacido en un país puntero. Ya me entendéis.)

¿Y si Hawking hubiese nacido cincuenta años más tarde?

Un jovencito de veinticinco años (le diagnosticaron ELA con veintiuno), con un potencial enorme, con un enfoque diferente y necesario, y con la capacidad comunicativa suficiente. Seguramente pertenecería a un grupo de investigadores, uno de esos denostados, y que solo saltan a la información al alcance de la mano cuando la noticia es lo suficientemente viral.

¿Tendría que haber tenido, el señor Hawking nacido cincuenta años después, un accidente (gracioso a la par que no), con su silla de ruedas, para llamar la atención gracias a la viralidad?

Ostras y resulta que el tipo que se pego el fotón del siglo con su silla de ruedas, es un físico fuera de serie y dice que el Universo es infinito.

Señor que se ha metido a la Wikipedia (de un universo paralelo) después de ver  Physicist epic fail

Quizá estoy siendo un poco vehemente, incluso ventajista, pero de eso van las cosas hoy en día, de aprovechar el momento justo para asomar la cabeza entre tanta gente.

Pensando en estas últimas dos semanas, en las que me he mantenido alejado de Twitter, solo hay una cosa que he echado de menos: no poder compartir los excelentes artículos de algunos de mis compañeros.

Lo más gracioso del tema es que en estos últimos quince días he recomendado a amigos y familiares un montón de contenidos que he leído en las redes y blogs que sigo habitualmente.

Le he recomendado a una amiga el I Premio Ripley de relatos cortos, porque me preguntó qué podía hacer para leer a más autoras; eso nos llevó a un debate en el que ella me dio buenas ideas y yo le puse un poco al día de cómo veo el papel de la mujer en la literatura y a quiénes puede seguir si quiere estar al día (lo primero que me salió es mencionar a Marimar González).

También tuve una conversación bastante intensa sobre la ciencia ficción, sobre lo qué es, lo que debería ser y lo qué probablemente será. Y el final de la conversación se saldó con una recomendación por mi parte del artículo maravilloso de David Olier sobre el tema.

El fin de semana, sin ir más lejos, entre cervezas y risas, surgió el omnipresente debate sobre la idoneidad de las redes y, como por arte de magia, terminé leyendo trozos del post de hace unas semanas de Jaume Vicent.

O, ayer mismo, otro amigo me preguntaba sobre tema de posicionamiento SEO y yo, en mi infinita sabiduría le dije:

—Pásate por aquí, es para escritores, pero te sirve seguro.

Me llamó a las dos horas:

—Oye tron, esta Ana Gonzalez Duque es una máquina.

—Sep —dije lacónico.

¿El resultado?: tengo treinta seguidores menos. Porque si no estás activo, no estás.

¿Debería importarme?

Pues sí (sin lamentablemente, ni nada). Otra cosa es el valor que le otorgue a perder a seguidores que, sé de sobra, no lo son.

Si mañana sale mi primera novela, necesitaré tener presencia, porque las editoriales es lo primero que miran, porque necesitas establecer vínculos para que tus seguidores le den una oportunidad a tu obra (es bastante probable que si cuesta más de 1€ nadie la compre) y…

Porque necesitas sobresalir sobre las infinitas capas que las redes, e internet, han formado para separar el mundo real del mundo virtual.

Porque la mayoría de gente que salió a la calle para protestar por la subida inexistente de las pensiones, han decidido saltarse las capas para bajar directamente al mundo real (quizá por desconocimiento, pero casi seguro por necesidad.)

Han decidido saltarse…

…la confirmación de que Messi juega contra España…

…las manifestaciones por lo de Puigdemont (que no hacen más que ayudar a ambos bandos a tapar la miseria que hay detrás)

…las fotos de pies (por no poner las de culos)…

…los videos de gatetes…

…y el reality del Rubuis, Willyrex, Vegeta y lo más granado del panorama youtuberil español…

Por eso no me preocupa demasiado que mi cuenta de Twitter ronde los seiscientos seguidores (y que esté anclada desde hace un tiempo), porque sé que sigo en el camino, en el real, en el de levantarme todos los días a las siete para leer un rato, desayunar y ponerme con esas 3000 palabras diarias.

Porque continúo leyendo a todos esos bloggers que hacen contenido de gran calidad (y a los que sé que no hago ningún favor si no comparto). Y, porque todo hay que decirlo, las redes también pueden ser una buena plataforma de impulso (si detrás hay acciones reales, no un retuit y un me gusta).

Utilizad las redes como una herramienta más en vuestro día a día (en el real, el de las facturas).

Pero recordad que lo primordial siempre será…

¡Nunca dejar de escribir!

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